Belinda
A veces, solo a veces, quisiera tener un botón de reinicio para apagar mis emociones o para apagarme de este mundo aunque sea unos segundos. Podrán decir que exagero, podrán decir que lo que siento es mentira, que todo el puto dolor en el pecho que siento todas las noches sea mentira; que tal vez soy yo quien quiere llamar la atención de los demás.
Pero no es así, porque estoy apagada totalmente. Muchas veces me reía de otras personas al ver cómo actuaban cuando les gustaba una persona, los nervios que tenían o simplemente lo que trataban de hacer para llamar la atención de la otra persona.
Nunca creí en el amor, nunca creí en toda esa cursilería hasta que llegó mi momento, donde mi corazón se parte en un millón de pedazos y solamente quiero desaparecer de aquí, del agujero donde estoy, donde siento un callejón sin salida.
Aquí estoy enfrentando un gran tormento que traté de evitar muchísimas veces; siempre me imaginé este momento, pero jamás quise que realmente se hiciera realidad y lo peor de todo es que me duele como nunca.
Saliendo de la tienda, nos dirigimos a un puesto de helados, pero jamás me imaginé que me iba a encontrar a alguien, ¿quieren saber? Nada más y nada menos que Paulo, mi exnovio.
¿Me duele? No les puedo negar algo que es verdad; es como si él tuviera el poder de hacerme mierda como él quiera y soy yo la que me dejo hacer eso siempre.
Me detengo abruptamente al ver que estamos cerca y reconozco que es él.
—¿Pasa algo, Belinda? —pregunta Aurora.
—Te noto muy distraída —dijo Nicolás arrugando las cejas y buscó dónde estaba observando—. Mierda —soltó irritante.
Estaba ahí pensando si era lo correcto pasar por ahí o regresar por donde veníamos, pero no iba a hacer que él se sintiera más halagado o que se le subiera más el ego con dicha acción. Decidida y con compañía de mis mejores amigos, decidí pasar a su lado.
—¡Hey, Montclair! —dijo Paulo y, al escuchar que me hablaba, me incomodó.
—Hola —dije con una sonrisa de boca cerrada.
—¿Podemos hablar? - preguntó.
—Ella no tiene tiempo para hablar con imbéciles como tú —dijo Nicolás.
—Si puede hablar con imbéciles, ella habla contigo todos los días —dijo encogiéndose los hombros.
Suspiré irritada; no me gustaba para nada esta situación.
—¿Qué quieres? —solté irritada—. Acaba de una maldita vez, que no tengo tiempo.
En ese justo momento apareció alguien en mi campo visual; era Eric Ríos, el mejor amigo de Paulo.
—Hey, Montclair —dijo con una sonrisa—. ¿Tan desesperada estás que sigues buscando a Paulo? ¿Sabes? Esperaba que por lo menos él te llamara, pero das a demostrar lo que he pensado de ti desde hace mucho, que eres una maldita put...
Sus palabras quedaron en el aire en el momento en que mi mano hizo contacto con una de sus mejillas; para mi desgracia, el golpe había sido tan fuerte que todo el mundo estaba observando la escena.
—Vaya, vaya —soltó una carcajada—. La fiera sacó sus garras.
Me acerqué más a él; yo soy un poco más baja que él, pero eso no me iba a hacer que me intimidara.
—Vuelves a intentar insultarme y créeme que no mediré las consecuencias —dije dándole un pequeño empujón y me di la vuelta para seguir la dirección en la que estaba.
Él me agarró de la muñeca muy fuerte y me jaló en dirección a él para quedar frente a frente. —No me das miedo, Montclair, tampoco me intimida el saber que eres una chica y que no te pueda hacer daño; cuida lo que dices y haces porque yo tampoco mediré las consecuencias.
Me solté como pude; mi sangre hervía del enojo que tenía. ¿Cómo podía decirme eso? Pero realmente yo no me voy a tomar las cosas a bien.
—Mira, idiota —me sorprendió la voz que escuché detrás de mí—, con una dama jamás se mete, qué pocos huevos tienes.
Me volteé a ver a la persona que me estaba defendiendo y me sorprendí tanto de quién era...
—¿Otra nueva conquista, Montclair? —dijo Eric en tono de burla—. ¡Wow! Eres rápida.
—¿Y a ti qué te importa si soy su nueva conquista o no? —dijo el chico de ojos grises—. No es tu problema.
Eric me hizo a un lado y pude observar más el panorama; esto se estaba poniendo bueno.
—¿Y tú quién eres? —dijo Eric apretando los puños—. ¿Quién te crees para hablarme así?
El chico de ojos grises estalló en carcajadas: —¿De verdad? ¿Tienes tan pocos huevos y me dices que quién me creo para hablarte así?
—¿En qué te afecta que yo esté peleando con ella? —Eric se iba acercando más a él.
—Andy —dijo Karla—, coincidimos en clase aunque nunca interactuamos mucho, pero no me cae mal - cálmate.
—Mira, ella es una mujer y tienes tan pocos huevos para hablar mierda de ella y atreverte a agarrarla. —Andy, creo que ese es su nombre —se iba acercando mucho más a Eric—. Si tienes tan pocos huevos para meterte con una mujer, ten el valor para meterte conmigo —dijo empujándolo.
Ahí empezó todo, fue la gota que derramó el vaso y créanme que no fue algo bueno. Eric impactó su puño con la nariz de Andy y cayó al suelo; observé que empezaba a salirle sangre de la nariz. Se levantó y con su mano se limpió la sangre y le sonrió a Eric
—Este juego ha empezado —dijo Andy y le pegó a Eric en la nariz—. De esta no te libras, idiota. —Y sigue dándole golpes en su cara.
—¡Nico, ayúdame! —grité—. ¡Se van a matar!
Karla, Aurora, Martina, Nicolás y Paulo se quedaron como estatuas viendo la pelea.
—¡Joder! —grité desesperada—. Ayúdenme a separarlos.
Paulo agarró a Andy para intentar separarlos, pero apareció Diego y se puso peor la cosa.
—¡Hey, tú! —dijo señalando a Paulo—, suelta a mi mejor amigo. —Le pegó en un costado y cayó al suelo.
No solo eran Eric y Andy los que estaban peleando; ahora se habían sumado Paulo y Diego. Todo eso era un caos. Las chicas y Nicolás, como pudimos, separamos a los que estaban peleando.
Karla y Aurora separaban a Paulo y Diego, ya que ellos eran los más fáciles de separar; Martina, Nicolás y yo estábamos separando a Andy y Eric. Martina agarró a Andy y Nicolás y yo agarramos a Eric.