Heridas

Capítulo 8

Andy

Cuando llegamos al estacionamiento, empezamos a hablar a qué casa iríamos para poder curar a Diego y a mí. La única casa sin ninguna supervisión adulta era la de la chica de ojos café y aquí estamos en su casa. Karla está curando a Diego en el salón y nosotros estamos en la cocina.

—Quédate quieto —dijo la chica de ojos café, que aún no sabía su nombre—. Empezaré a curarte.

Yo estaba sentado, ya que ella no podía alcanzarme si estaba de pie; ella está en medio de mis piernas y empieza cuidadosamente a curarme. Pasa sus manos con delicadeza de la parte de mi mejilla para no lastimarme; cuando el algodón con alcohol hizo contacto en la parte baja de mis labios, me quejé un poco.

—Lo siento —dijo ella preocupada.

—No te preocupes, estaré bien —dije con una media sonrisa—. Deberías ponerte hielo en tu mejilla.

—Tal vez al rato, debo curarte primero —dijo con una sonrisa—. Mi mejilla puede esperar.

—Se pueden hacer las dos cosas, ¿sabes?

—Lo sé —dijo encogiendo los hombros—. Necesito curarte; primero, de ahí ya veré qué hago con mi mejilla.

—Lo siento - dije

—¿Por? —dijo arrugando sus cejas.

—Por mi culpa tienes ese moretón en tu ojo. —Pasé mi mano por su mejilla acariciando con cuidado, intentando no lastimarla.

—No debes disculparte, más bien debería agradecerte por haberme defendido —dijo sonriendo.

—No tienes nada que agradecerme, bonita —dije regalándole una sonrisa—. Él no debió tratarte de esa manera.

En ese instante miré cómo se sonrojó en el momento en que le dije "bonita"

—Lo sé, pero él y yo no nos llevamos tan bien que digamos —se encogió de hombros.

—¿Por qué empezó todo? —pregunté y noté que en ese instante se tensó un poco—. Discúlpame, no quería incomodarte.

—No es eso —dijo sonriendo—, solo que es un poco difícil de explicar.

- Cuéntame.

—Bueno —suspiró—, no quiero hacerte larga la historia, iba caminando con mis mejores amigos cuando encontré a mi exnovio.

—¿Quieres decir que golpeé a tu exnovio?

—No, golpeaste a su mejor amigo.

—¿Y qué quería el mejor amigo de tu ex contigo? —dije confundido.

—Mi ex me habló —hizo una mueca de desagrado—. Entonces, cuando intentábamos hablar, llegó su mejor amigo y me dijo que no creía que fuera tan necesitada, que esperaba que quien saliera a buscar sería él a mí, no yo a él, y llegó a un punto donde casi me dijo put@; pero ya lo había cacheteado y cuando estaba a punto de darme la vuelta, él agarró mi mano para que no me soltara y empezó a querer intimidarme y justo llegaste tú a defenderme -dijo con una sonrisa.

Cómo se atrevía a hablarle así a una mujer. Sé que tal vez no la conocía incluso en este momento, ni siquiera sabía su nombre; pero había algo que me decía que era demasiado diferente, que no era igual que las demás, que ella tenía algo único.

—Debí de golpearlo más - dije.

—Creo que no —dijo y la miré extrañado—. No merecías que te hicieran eso y créeme que me siento culpable.

—Te dije que no te sientas mal, estoy bien —dije con una sonrisa—. ¿Entonces Diego fue quien golpeó a tu ex?

—Sí, él golpeó a Paulo y tú a Eric

No sabía nada de ellos y por el momento solo sabía sus nombres, pero realmente ya los odiaba, principalmente a su ex, porque no la defendió de su mejor amigo.

En ese instante todo se detuvo en el momento en que mis ojos hicieron contacto con los suyos y sentí una gran conexión. Mi corazón lo sentía demasiado acelerado y era perfecto; ver sus ojos café que realmente me llaman la atención y eso jamás me había pasado antes, tenía un brillo en sus ojos inexplicable que realmente no sabría explicar.

¿Y su sonrisa? ¡Joder! Era uno de los paisajes más hermosos que podía existir; sus labios carnosos, en su mejilla derecha había un huequito, que eso hacía que su sonrisa fuera más hermosa.

Ver a través de sus ojos era como una puerta a lo desconocido, como un portal a algo nuevo que me daba demasiada curiosidad por saber.

Ella sacudió su cabeza, se aclaró la garganta y siguió curándome. ¿Qué pasará en su cabeza en este momento?

—Ya casi termino —dijo—, solo falta tu mejilla.

- Está bien.

- Gracias - dijo.

—Ya te dije que no tienes nada que agradecerme.

—Lo sé, pero tenía que volver a decirlo.

Quedamos un rato en silencio hasta que ella volvió a hablar.

—Ya terminé —dijo regalándome una sonrisa—. Ahora buscaré algo para ponerme en mi mejilla.

—Gracias, linda —dije dándole un beso en la mejilla, el cual hizo que ella pegara un pequeño brinco.

Me miró a los ojos, sonrojada. —¿Y eso por qué fue?

—Es mi manera de darte las gracias —dije encogiendo los hombros.

—Está bien - sonrió.

—Por cierto, ¿cómo te llamas?

- Me llamo...

Como si esto se estuviera haciendo costumbre, alguien entró por la puerta; es como si el universo conspirara en mi contra para que no me diera cuenta cuál es el nombre de ella.

—Cariño —dijo una voz que se me hacía familiar.

—¿Mamá? —dijo ella.

Cuando volteé a ver quién era la mamá de ella, me sorprendí demasiado.

—¿Alya? —dije sorprendido.

Cuando Alya levanta la cabeza para observarnos, abre demasiado sus ojos en sorpresa a lo que está pasando.

—¿Andy? —dijo Alya sorprendida.

Ahora todo en mi cabeza hace un clic: mismos ojos, mismo color de piel, mismo color de cabello; es ver a Alya, solo que más pequeña. Es Belinda la que está curando mis heridas, es la que defendí en el centro comercial y por eso tengo estos golpes, es la chica de ojos café.

—Hola —le sonrío.

—¿Cómo se conocen? —preguntó Alya—. ¿Por qué Diego está golpeado? ¿Por qué tienes tantos golpes en la cara, Andy? Belinda, cielo, ¿por qué tu ojo se está poniendo morado?

Belinda estaba a punto de explicar cuando entró mi papá a la cocina observando el panorama, lo cual hizo que ella se alejara de mí.



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En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 24.02.2026

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