Andy
Después del sermón más grande que me haya dado mi papá en la vida sobre la violencia y no ser violento, ahora nos está pidiendo explicaciones a Belinda y a mí para saber qué fue lo que pasó.
—¿Son conscientes ambos de que están dañando la imagen de la compañía OWEL'S?—Rodé los ojos y Belinda bufa al comentario que ha hecho mi padre. —Belinda, tú sabes que eres reconocida por eso, mientras que Andy aún no —suspiró—, pero espero que me den una buena razón por tal comportamiento.
Observé de reojo a Belinda para ver qué diríamos, pero ella respondió.
—Rubén, solo te diré algo y espero que entiendas —tragó saliva—. Andy no tiene la culpa de nada, simplemente me estaba defendiendo; la única que debe responderte en todo caso soy yo, no él.
—¿Defendiéndote de qué? —preguntó Alya.
Dio un gran suspiro —de Paulo y Eric.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó mi papá.
—Ellos van al mismo instituto, ¿recuerdas la vez que te conté de una apuesta que me hicieron a mí? —dijo Belinda.
—¿Ellos son los de la apuesta? —preguntó mi papá.
Arrugué mis cejas. ¿De qué apuesta hablan? Tal vez deba preguntar después.
Ella asintió con la cabeza. —Si son ellos, como te digo, Andy simplemente trató de defenderme y créeme que ni siquiera sabía que era tu hijo, Rubén.
—¿Eso es verdad? —me preguntó Alya.
—Es la verdad —dije—, solo la estaba defendiendo, nada más, no quería que le causaran daño, aunque yo no sabía que era tu hija.
—Hablaré con los padres de ellos —dijo Alya—. Ya es un tema aparte y no sé por qué siguen molestándote, cariño.
—No te preocupes, mamá, estoy bien —dijo Belinda con una sonrisa de boca cerrada.
—Debes ponerte hielo en tu mejilla, Belinda, para que se desinflame —dijo mi padre, preocupado.
—Buscaré algunas pastillas para darles —dijo Alya saliendo de la cocina—. Esta noche quédense a cenar.
—Está bien —dijo mi padre.
Alya nuevamente apareció en la cocina con unas pastillas.
—Bueno, esto es para ustedes —dijo dándome una a mí y otra a Belinda—. Ya le llevé una a Diego; le llevaré agua. —Se acercó al frigorífico y llenó tres vasos con agua, me dio uno a mí y otro a Belinda para asegurarse de que ya nos tomamos las pastillas. —Bueno, chicos, los dejo, Rubén y yo aún tenemos cosas por hacer en la oficina; vendremos en la noche. —Se acercó a Belinda y le dio un beso en la frente. —Te escribo luego. —Salió de la cocina junto a mi papá.
Belinda se levantó y se dirigió al congelador para buscar hielo; lo puso en una manta para poder ponerlo en su mejilla.
—Hey —dije—, es mi turno de ayudarte. —Me levanté de donde estaba para acercarme a ella.
—No tienes de qué preocuparte —dijo ella con una sonrisa—. Estoy bien, esto ya pasará —dijo encogiendo los hombros—. ¿Sabes? Deberíamos ir a ver a los chicos; vamos. —Con su mano libre agarró mi mano para dirigirnos a la sala.
Ella era una chica demasiado hermosa y valiente. Sé que apenas llevo unas horas de conocerla, pero jamás en mi vida había visto a una chica como ella enfrentarse a un chico. Su carácter es fuerte; no cualquiera es capaz de hacer eso, ya que muchas veces las mujeres no se defienden y dejan las cosas así.
Ella se aclaró la garganta y sacudí mi cabeza para observarla.
—¿En qué estás pensando? —dijo entrecerrando los ojos.
—En nada —dije encogiendo mis hombros.
—Bueno, te presentaré a mis amigos —dijo con una sonrisa y mostraba su huequito en su mejilla.
Llegamos a la sala y nos encontramos con los chicos haciendo bromas.
—Pero te juro que estuve a punto también de pegarles, pero preferí disfrutar el show —dijo el amigo de Belinda.
—Porque eres una cobarde —dijo Karla rodando los ojos.
—Hola, chicos —dijo Belinda sonriendo.
Todos giraron su cabeza hacia nosotros y en el momento que nos vieron abrieron sus ojos como platos.
—¿Qué pasa? —pregunté arrugando las cejas.
¡En ese momento Diego miró algo entre nosotros y bajé mi mirada! Nos miraban sorprendidos porque ¡íbamos agarrados de la mano! Belinda creo que comprendió la mirada de Diego, así que rápidamente soltó mi mano.
—¿Cómo te sientes, Diego? —preguntó Belinda acercándose a ellos.
—Ya estoy bien, Montclair —dijo mi amigo—, solo que me duele un poco la cabeza.
Me sentía un poco raro en este momento; a pesar de tener a mis dos mejores amigos, mi hermana y a Belinda en la misma habitación, me sentía como un extraño o el nuevo aquí.
Belinda me miró y yo aún seguía en el marco de la puerta.
—Ven —dijo haciéndome señas con la mano para que me acercara, lo cual hice, y justamente agarró mi mano sin importar lo que llegara a ser la reacción de nuestros amigos. —Te presentaré a mis mejores amigos —dijo con una sonrisa y señaló a la chica que estaba al lado de Martina—. Ella es Aurora Alcázar, mi mejor amiga, y él es Nicolás Guevara, mi mejor amigo —dijo señalando al chico—. Él es Andy Salas.
—Un gusto —dijeron Aurora y Nicolás al unísono con una sonrisa.
—Lo mismo digo —dije devolviéndoles la sonrisa.
Belinda aún no soltaba mi mano y ella me tiró dirigiéndonos al único sofá que estaba libre y nos sentamos.
—Te presentaría a mis mejores amigos y a mi hermana, pero ya los conoces —dije.
—Sí, hace mucho que los conozco —dijo Belinda—. Con Karla y Diego tengo algunas clases en común y con Martina creo que no tengo necesidad de explicarte cómo la conocí porque creo que ya lo sabes —dijo encogiendo los hombros.
—Belinda —dijo Aurora—, tengo hambre.
—Tú siempre tienes hambre —dijeron Nicolás y Belinda al unísono.
Bufó Aurora: —Ustedes nunca me comprenden —dijo cruzando los brazos.
—¿Qué tal si vemos alguna película? —preguntó Martina
—No es mala idea —dijo Belinda—. Buscaré snacks en la cocina y ustedes busquen alguna película para que veamos todos juntos.
¡Esta será una excelente tarde!