Heridas

Capítulo 10

Belinda Me muevo ligeramente del lugar donde estoy, procurando no golpear a nadie a mi alrededor. Ayer sábado decidimos ver películas con los chicos y terminamos viendo casi toda la saga de Fast and Furious. Mi mamá me escribió que llegaría de madrugada y que los chicos podían quedarse a dormir para que no me quedara sola. Karla, Aurora, Martina y yo nos pusimos a preparar algo de cena para todos. Después vimos una película de miedo que Andy había sugerido: Cuando las luces se apagan. La verdad es que sí nos dio miedo, así que todos decidimos dormir en mi habitación. Nos organizamos como pudimos, ya que mi habitación era un poco grande, pero mi cama solo era para unas tres personas y, obviamente, éramos siete, así que no cabíamos todos en la misma cama, aunque lo hubiéramos intentado. Karla y Diego durmieron juntos en un colchón al lado izquierdo de mi cama; al lado derecho estaba Nicolás. En el mueble de mi habitación durmió Andy, y en mi cama estaban Martina y Aurora. Nos dormimos supertarde, ya que empezamos a hablar de cosas triviales y, poco a poco, sin darnos cuenta, todos nos fuimos quedando dormidos. Me desperté aturdida; el insomnio apenas me había concedido unas tres horas de sueño. Me levanté en silencio, fui al baño y, tras cepillarme los dientes y lavarme la cara, recogí mi cabello en un moño desordenado. Salí de la habitación y bajé a la cocina; a medida que me acercaba, tres voces comenzaron a escucharse. —Hoy iremos a cenar, ya que ayer no pudimos —dijo una voz que no reconocí en el instante y entré a la cocina. —Buenos días —dije aún restregando mis ojos. —Buenos días —dijeron las tres personas que se encontraban en la cocina. —¿Dormiste bien, cariño? —preguntó mi mamá. —Sí, mamá. —¿Cómo sigues? —preguntó Rubén. —Ya estoy mejor, aunque mi mejilla se está poniendo un poco morada. —Es normal —dijo Andy—, aunque si no te hubieses puesto hielo, estarías peor. —Cielo, ve a hablarles a tus amigos para que bajen a desayunar —dijo mi mamá. —Sí, mamá, ahora voy - dije. —Espera —dijo Andy—. Necesito revisarte y después vamos a hablarles. —Está bien - respondí. Nos dirigimos a la sala, ya que ahí habíamos dejado el botiquín. —Siéntate —dijo Andy; yo hice lo que me pidió—. Cierra los ojos, te echaré un poco de crema para que se te quite lo inflamado. —Dicho esto, comenzó a hacerlo con mucha delicadeza, como si tuviera miedo a lastimarme. —Gracias —dije con una sonrisa. —No tienes que darme las gracias - respondió. Entonces recordé lo que había hecho el día anterior: después de curarlo, le di un beso en la mejilla, lo que lo sorprendió. —¿Y eso por qué fue? —dijo con una sonrisa. —Es mi manera de darte las gracias —dije encogiendo los hombros—. Vamos a despertar a los chicos. —Lo agarré de la mano y subimos a mi habitación. Creo que jamás me cansaría de tomar su mano y sentir ese choque de energía al juntar piel con piel; como si fuera algo mágico, algo nuevo para mí, algo que nunca había experimentado con nadie. Llegamos a la habitación y aún seguían durmiendo todos. —¿Cómo los despertamos? —preguntó Andy. - No sé, gritándoles tal vez - me encogí de hombros. —Es buena idea, hagámoslo. —Bueno, a la cuenta de tres gritamos que se despierten. 3, 2, 1.... —DESPIERTEN, EL DESAYUNO ESTÁ LISTO —gritamos y nos empezamos a reír a carcajadas al ver cómo se despertaban nuestros amigos. Aurora del susto cayó encima de Nicolás, Martina cayó al lado de Karla y todos empezaron a quejarse por la manera en la que los despertamos, aunque fue gracioso ver sus caras. —Muy gracioso, chicos, muy gracioso —dijo Martina un poco enfadada—. Tuve suerte de no caer encima de Karla. —Yo no tuve suerte —exclamó Nicolás—. Mierda, Aurora, pesas demasiado —dijo sobándose la espalda donde había caído Aurora. —Ni que pesara tanto —bufó Aurora y rodó los ojos. —Aunque Martina sí que pesa —dijo Andy—, tuviste suerte, Karla, que Martu no te aplastara. —¡Oye! —reclamó Martina a su hermano. Todos comenzamos a reírnos, ya que la situación se nos hizo bastante graciosa. —A mí, Karla me estuvo aplastando toda la noche —dijo Diego. Karla bufó: —Eres un exagerado, tú me estabas aplastando a mí. —Bueno, es mejor que bajen —dijo Andy—. Ya está listo el desayuno. Todos juntos fuimos a la cocina y comenzamos a desayunar. Así transcurrió mi mañana, entre risas y bromas con los chicos. Después, todos se fueron y solo quedamos Aurora y yo; mi mamá había salido con Rubén para hacer la reservación del restaurante donde cenaríamos esa noche. Aurora se quedó para ayudarme con el vestuario y el maquillaje, y también porque al día siguiente empezaban las clases y sus padres no regresarían hasta la semana siguiente. Son aproximadamente las cinco de la tarde y estamos buscando algo para ponerme. —Yo digo que te vayas con vestido —dijo Aurora— para que te mire mejor. —¿Pero qué vestido me pongo? —No sé, busquemos en las opciones que tienes y ahí te diré cuál deberás ponerte. Revisamos todos los vestidos que tenía y finalmente optamos por algo casual: un vestido negro que me llegaba unos tres dedos por encima de la rodilla, de mangas y con tela de encaje. Llevaba el cabello suelto, zapatillas negras y un maquillaje natural que Aurora se encargó de hacer. Ella también nos acompañaría a la cena; no pensábamos dejarla sola en casa mientras mamá y yo salíamos a disfrutar. Eligió algo más informal: sudadera, jeans y tenis. Podría apostar que esta noche marcaría muchos cambios en mi vida. ¡Lo presiento!



#5635 en Novela romántica
#2064 en Otros
#68 en No ficción

En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 24.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.