Heridas

Capítulo 11

Belinda

Eran las ocho y media de la noche; la cena comenzaba a las nueve, así que teníamos que ir saliendo de casa, ya que todos iban a esperarnos allí.

La verdad es que estaba un poco nerviosa, tal vez porque no era la primera vez que nos íbamos a ver con Andy, como lo habían deseado nuestros padres, pero esta era una cena formal y teníamos que complacerlos.

Subimos al coche, ya que mi mamá acababa de mandarme la dirección del restaurante. En el trayecto, Aurora y yo comenzamos a hablar.

—Es extraño, ¿sabes? —dijo Aurora mirando por la ventana—. Es como si la vida te estuviese dando una segunda oportunidad.

—¿Segunda oportunidad? —dije arrugando las cejas—. ¿De qué hablas?

—Hablo de Andy; sé que tú sabías de su existencia, pero nunca lo diste por hecho; hace seis meses terminaste una relación con un patán que nunca supo valorarte y apareció Andy.

—¿Qué tiene que ver Andy en esto?

—Que si lo piensas mejor, puede que sea tu boleto para salir de los encantos de Paulo y por fin cerrar ese ciclo tan tóxico.

—Deja de suponer cosas que no son —dije rodando los ojos—. Andy y yo no vamos a tener nada más que solo una amistad; él es el hijo del socio de mi mamá y acabo de conocerlo, Aurora.

—¿Qué es lo que te lo impide, Belinda? ¿Qué es lo que te hace tener tanto miedo?

—No sé por qué estás haciendo suposiciones, ¿sabes? Mejor doy por terminada esta conversación que no nos trae nada interesante.

- Das por terminada la conversación porque tienes miedo, pero bueno, te doy dos meses.

—¿Dos meses? —pregunté arrugando las cejas.

—Si te doy ese tiempo, será para que después vengas a decirme que tenía razón; que tú misma te negabas a algo que era evidente desde el principio. Vas a querer a Andy hasta que te duelan los huesos y vendrás a decirme que tuve toda la razón. —Suspiró—. Superarás a Paulo y empezarás a sentir cosas por Andy desde hoy, y ya no se podrá cambiar absolutamente nada.

Me quedé callada analizando todo lo que ella me había dicho. Esto era la vida real, no una estúpida historia de amor, cliché de esas que te hacen creer los libros o las películas; donde conoces a alguien y, automáticamente, el destino hace que sean el uno para el otro, el amor de su vida, y que solo puedan estar juntos. Créanme, les puedo asegurar que eso no existe en la vida real.

Llegamos al lugar de la cena. Era un restaurante muy bonito llamado L'amour —que significa 'El amor' en francés—. Al entrar a la recepción, se notaba que era un lugar muy pintoresco

—Buenas noches, señoritas —dice una mujer a la que le calculo unos 30 años más o menos—. Bienvenidas al restaurante L'amour mi nombre es Estela Duppont. ¿Qué desean?

—Bueno —respondo—, tenemos reservación aquí.

—¿A nombre de quién?

— Alya Montclair y Rubén Salas.

—¿Es usted Belinda Montclair?

—Sí, soy yo.

—Bueno, ya hay varios en su mesa; si gusta, puedo acompañarlas.

Estela nos ayudó a llegar a la mesa, donde nos estaban esperando.

—Muchas gracias, señorita Duppont —le doy una sonrisa.

—No tiene nada que agradecerme, señorita Montclair, estoy para servirle. —Me da una sonrisa y con eso se va.

—Bueno, aquí vamos —le digo a Aurora.

Empezamos a caminar lentamente hacia nuestra mesa mientras observábamos el lugar. Esta vez debo darle crédito a mi mamá y a Rubén: el sitio es precioso. No es una sorpresa que lo hayan elegido, ya que dicen que aquí se sirven la mejor lasaña y las mejores pastas que se podrían encontrar

Visualicé a Andy y... ¡Joder! Estaba tan guapo. Son tan extrañas las vueltas de la vida; sé que se estarán preguntando por qué lo digo, pues resulta que otra vez Andy y yo coincidimos con nuestra vestimenta. Claramente, él no lleva un vestido, pero sí un traje completamente negro

Le queda de maravilla; el negro resalta sus ojos grises, esos que tanto me gustan. Está tan entretenido molestando a Martina que no se ha dado cuenta de que lo estoy observando. De repente, se queda callado para mirar el lugar y me atrapa mirándolo; entonces, me regala una sonrisa tan hermosa que siento que voy a desmayarme ahí mismo.

Por supuesto, le devolví el gesto y él terminó por guiñarme un ojo, lo que provocó un revoloteo en mi interior, algo que no había sentido en mi vida.

Andy era demasiado guapo; haría que cualquier chica cayera a sus pies solo con su físico. Principalmente, se quedarían embobadas con sus ojos y con esa sonrisa tan perfecta que tiene

¿Me puede gustar Andy? ¡Claro que sí! Uno nunca sabe las vueltas que da la vida. Pero también recordé la conversación con Aurora hace rato en el auto: ¿Realmente estaba decidida a romper los muros que he construido durante este tiempo? Aunque quiera negarlo, Aurora tiene toda la razón; mi relación con Paulo fue tan tóxica que, al principio, me negaba a aceptarlo, pero esa era la verdad.

¿Tengo miedo? Uff, estoy temblando. Mis inseguridades me atacaron cuando peor me sentía. Incluso hoy, antes de salir de casa, me miré y realmente me desconozco; he desperdiciado mi tiempo y mi alma por algo que no tenía remedio y que, tarde o temprano, iba a suceder

—Ya te lo dije, Belinda —dijo Aurora en un susurro—, te doy dos meses y estarás muriéndote por Andy.

—¡Aurora! —exclamé, un poco sorprendida por lo que mi mejor amiga acababa de soltar.

—Oh, querida Belinda, te has sonrojado y eso significa que tengo razón —dijo ella encogiéndose de hombros.

—Verás que no —respondí rodando los ojos—. Ya te dije que entre Andy y yo solo habrá un lazo, y será de amistad, nada más.

—Sí, claro —soltó en un tono sarcástico.

Dimos por terminada la conversación, ya que habíamos llegado a la mesa.

—Buenas noches —saludé.

—Buenas noches —respondieron todos al unísono.

Sonará loco, pero mi instinto me decía que esta noche pasarían muchas cosas...



#5635 en Novela romántica
#2064 en Otros
#68 en No ficción

En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 24.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.