Heridas

Capítulo 12

Andy

Definitivamente, cuanto más miraba a Belinda, más me gustaba. Es que ella tiene algo que te atrapa en segundos: esa mirada tan profunda y esa sonrisa cálida que siempre lleva en el rostro.

Ahí estaba, caminando directo hacia nuestra mesa con un vestido negro que le quedaba de puta madre. ¿Saben qué es lo más curioso? Que yo también decidí vestirme de negro; es extraño que tengamos gustos tan similares.

—Buenas noches —dijeron Belinda y su amiga.

—Buenas noches —contestamos todos en la mesa.

—Belinda, te ves hermosa —le dijo Martina.

—Gracias —respondió ella con una sonrisa—, tú también estás preciosa.

—Cielo —dijo Alya dirigiéndose a Belinda—, llamaré al camarero para que venga a tomar su orden. Mientras tanto, miren el menú para ver qué desean comer.

—Está bien —respondieron Belinda y su amiga al unísono.

En ese momento me dediqué a observar más a Belinda. Era una mujer preciosa, aunque muchos dijeran lo contrario; sus ojos café y su sonrisa eran lo que más resaltaba en ella. Sus gestos, y la manera en que se le marca un hoyuelo en la mejilla cuando sonríe, la hacen ver aún más encantadora.

Realmente entendía por qué mi hermana y mi padre hablaban maravillas de ella. Es una persona increíble, tanto por dentro como por fuera, y lo he ido descubriendo en su forma de actuar, de hablar e incluso en sus gestos más pequeños

—Bueno —dijo mi padre—, ya mañana comienzan las clases.

—Mañana al sufrimiento nuevamente —dijo Martina en su modo dramático y yo me reí—. ¿Y a ti por qué te alegran mis desgracias? —dijo entrecerrando sus ojos.

—Nada —sonreí—, solo el drama que estás haciendo.

—Belinda y Andy —dijo mi papá, llamando nuestra atención—, hablamos en su instituto para que justamente sus horarios sean los mismos.

—Está bien —dijo Belinda—. Yo ayudaré al pequeño Andy para que se habitúe bien —dijo riendo.

—Hey, no me digas pequeño, tenemos la misma edad —dije haciéndome el ofendido.

—Pero seré tu niñera mañana —dijo rodando los ojos—, te enseñaré todo el instituto para que después tú hagas solo tus cosas.

—Puedes ser mi niñera el tiempo que quieras y enseñarme lo que tú desees —le guiñé un ojo.

—Deberías preocuparte mucho, Belinda —dijo Martina—. Andy es como un virus que no es tan fácil de quitar. Además, sus mejores amigos también van a ir; verás que solo estará contigo el primer día y después se olvidará de ti.

—Tú cállate, pequeña, porque eres igual o peor —dijo él rodando los ojos—. Además, yo no le haré eso a Belinda.

—Sí, claro —respondió ella sarcásticamente.

Llegaron con nuestra comida y seguimos hablando. Se hicieron las once de la noche y llegó el momento de que cada uno se fuera a su casa.

—Bueno, chicos, despídense —dijo mi papá.

—Adiós —dijo mi hermana, dándoles besos en la mejilla a Aurora, a Alya y a Belinda.

—Adiós, Alya —dije.

—Adiós, pequeño revoltoso —respondió ella mientras me revolvía el pelo.

—¡Arruinas mi look! —protesté arrugando las cejas—. Mira que así es como conquisto a las chicas.

—Cálmate un poco, Casanova —respondió ella divertida.

—Adiós, Aurora —dije, dándole un beso en la mejilla.

—Adiós, Andy —contestó con una sonrisa de boca cerrada.

—Adiós, Andy —dijo Belinda, también sonriendo.

Me acerqué un poco más a ella y le hablé al oído.

—Buenas noches, preciosa. Te espero mañana en el insti —le dije, antes de darle un beso muy cerca de la comisura de los labios.

—Hasta mañana —respondió ella, un poco sonrojada.

Me dirigí a mi coche. Mi papá se iría con Alya hacia la agencia por un nuevo contrato; Belinda y Aurora se marcharon juntas a casa de Belinda, y yo me subí con Martina para ir a la nuestra. La noche estaba cálida y tranquila; realmente extrañaba estar aquí.

—Andy, ¿te puedo preguntar algo? —dijo Martina rompiendo el silencio.

—¿Sí? ¿Qué te pasa, pequeña?

—¿Qué intenciones tienes con Belinda?

—Solo somos amigos —respondí, arrugando las cejas.

—Solo no quiero que la llegues a lastimar, Andy. Ella no se merece más daño del que ya ha recibido.

—¿Por qué piensas que le haré daño?

—Andy, no todas somos iguales a mamá —dijo ella, desviando la vista hacia la ventana—. Belinda es una chica excelente; créeme que ya le han hecho mucho daño y, por más que seas mi hermano, no permitiré que tú también la lastimes.

—Sé que no todas son iguales a mamá, Martina. Créeme que lo sé —suspiré—. Sé que Belinda no se parece a ella, y tú tampoco.

—¿Cómo está mamá? —preguntó ella con un suspiro pesado.

—Tú sabes cómo es ella, Martina

Esta vez se giró para mirarme. Pude ver sus ojos cristalizados; sabía que estaba a punto de romper a llorar.

—¿Alguna vez preguntó por mí? ¿Alguna vez le importó papá? ¿En algún momento... le importamos nosotros?

Tragué saliva porque no sabía qué responderle en ese momento. Sabía que Martina fue la más afectada cuando nuestros padres se separaron y yo me fui lejos; sabía que la dejé sola cuando más me necesitaba, y me odiaba todos los días por eso. Fui un maldito cobarde al preferir huir y dejarla desamparada.

Alya había sido como una madre para Martina, y por eso ella y Belinda eran tan unidas. Belinda no tenía hermanos, nunca había visto a su padre y jamás lo mencionaban.

—Martina, sabes que yo no puedo responderte eso —suspiré.

—¿Por qué te fuiste, Andy? ¿Por qué me dejaste sola todo este tiempo?

Fue justo en ese momento cuando mi mundo se vino abajo. Una pequeña lágrima rodó por su mejilla y me sentí un miserable al recordar aquellos años en los que me encerraba en mi habitación a llorar, odiándome por haber sido un cobarde tanto tiempo.

—Pequeña, yo...

—No digas nada, Andy —me interrumpió limpiándose las lágrimas—. Ya no necesito explicaciones.

Llegamos a casa y me estacioné en el garaje.



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Editado: 24.02.2026

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