Heridas

Capítulo 14

Belinda

—Belu, por favor, abre la puerta —pidió Aurora.

—Estamos contigo, Belinda —dijo Martina—. No te dejaremos sola.

—Te apoyamos —dijo Karla—. Si quieres que nos escapemos, lo haremos, pero por favor responde.

Suspiré y volví a cerrar los ojos. Llevaba aproximadamente media hora encerrada en uno de los cubículos y no quería salir; todos presenciaron lo que ocurrió esta mañana y hasta podía escucharlos burlarse de mí.

Aurora, Martina y Karla han tratado de sacarme, pero entre más me hablan, más lloro. Simplemente, no puedo contenerme porque duele, y es un puto dolor que no se puede calmar tan fácilmente.

Escuché cuando se abrió la puerta del baño y unos pasos se acercaron al cubículo en el que me encontraba.

—No puedes estar aquí —replicó Martina—, este baño es de mujeres.

—Me importa una mierda que sea un baño de mujeres —dijo Andy—. Vengo por Belinda y nadie va a detenerme.

Tragué saliva. No quería que me viera así; no quería que ninguno de mis amigos me mirara en este estado.

—Montclair —la voz de Andy sonaba un poco demandante—, sal de ahí, por favor. Si no, me veré obligado a tirar la puerta de una patada o a subir por arriba; tú decides.

Suspiré pesadamente. Realmente, por más que me doliera, tendría que salir de ahí tarde o temprano. Como pude, me levanté y abrí poco a poco la puerta.

Lo primero que miré fueron los ojos de Andy, esos ojos tan hermosos que me dejaron sin aliento desde el primer momento en que los vi.

Apreté mis labios y me dirigí a uno de los lavabos para lavar mi cara. Todos estaban en silencio, tratando de decirme algo de manera amable para que no me sintiera peor de lo que ya estaba.

A mi lado apareció Andy, y conectamos miradas a través del espejo. Miré a mis amigas detrás de nosotros, sin saber qué hacer.

Andy agarró una de mis manos y me movió para quedar frente a frente, de modo que nuestros ojos pudieran conectarse.

—Vámonos de aquí, preciosa —dijo, dedicándome una sonrisa de lado.

Asentí con la cabeza y me dejé guiar por Andy hasta el estacionamiento. Claramente, nuestros amigos venían detrás, aun sin saber qué decir o qué hacer.

—Dame tus llaves —dijo—, mi coche está afuera.

Le di las llaves y lo dirigí hasta donde estaba estacionado. Aún no había hablado, y él solo estaba esperando que dijera algo, porque no quería incomodarme. Nuestros amigos se escondieron en la parte de atrás del coche para que no se dieran cuenta de que nos estábamos fugando.

Andy comenzó a manejar hacia la salida del instituto, hasta que uno de los maestros nos detuvo.

—¿Disculpen? ¿A dónde se dirigen en este momento? Deberían estar en clases, no aquí —dijo el maestro, que al parecer era nuevo, porque no lo recordaba.

—Mire, señor… —empezó Andy.

—Davis —lo interrumpió el maestro, cruzándose de brazos.

—Señor Davis, la señorita Montclair no se encuentra bien en estos momentos y, como yo aún tengo permitido faltar este día, decidí acompañarla al hospital y después llevarla a su casa.

—¿Es eso cierto, señorita Montclair? —preguntó el señor Davis, enarcando una ceja.

—Sí, señor —dije con una voz ronca y áspera—. No me encuentro bien y le pedí que me acompañara, ya que él puede faltar hoy.

—Bueno, dejaré que se vayan —dijo—, solo que mañana temprano y sin faltar a clases, ninguno de los dos.

—No hace falta, señor Davis —respondió Andy—. Nos verá mañana en clases.

—Espero que se mejore pronto, señorita Montclair.

—Muchas gracias, señor Davis.

Con eso nos dejaron salir del instituto sin ningún problema, y ninguno de los dos habló hasta que Andy detuvo el auto y bajó para abrir la parte de atrás, dejando salir a nuestros amigos.

—Bueno, esto es lo que haremos —dijo Andy—. Nicolás o Diego manejarán mi auto —señaló el coche azul que estaba al lado del mío—. Busquen toda la comida que puedan. Aurora, tú sabes los gustos de Belinda, ¿cierto? —Aurora asintió con la cabeza—. Bueno, tú buscarás cosas para ella; los demás buscarán cosas para todos —tragó saliva—. Busquen todo eso y los esperaré en la casa de Belinda. Necesito hablar con ella respecto a lo de hoy —retorció los labios—. Les daré efectivo para que puedan comprar las cosas y lleven bastantes; los espero allá.

Todos asintieron y comenzaron a subirse al coche de Andy, mientras él regresó a mi coche y comenzó a conducir sin hablar. Realmente me sentí incómoda, pero no sabía cómo comenzar.

—Belinda —dijo Andy en un susurro—, ¿qué pasó esta mañana?

—Solo dijeron la verdad, Andy —dije, cerrando mis ojos para evitar su mirada por completo—. Fui solo un juego para él, nada más, y duele saberlo.

—Belinda, mírame, por favor —pidió en un susurro, y sentí que había estacionado el auto.

Abrí mis ojos lentamente porque tenía miedo; miedo a ver sus ojos y sentir muchas cosas que no había sentido jamás.

—Tú eres hermosa tal y como eres —habló en voz baja—. Que nada ni nadie te haga pensar que no lo eres —agarró un mechón de mi cabello para ponerlo detrás de mi oreja—. Eres una chica increíble y tienes los ojos más hermosos que he visto nunca. No debes sufrir por alguien que no vale la pena —acarició mi mejilla—. Si él no valoró lo que eres, otro lo hará y te hará sentir como te mereces. Te tratará como la reina que eres y te amará con locura. Si tu ex no valoró eso, pues qué idiota, porque jamás encontrará a alguien igual que tú —eso hizo que mi corazón comenzara a latir más fuerte—. Eres hermosa, Belinda Montclair, y él no vale lo suficiente como para merecer tus lágrimas.

Me quedé en silencio, sin saber qué hacer ni qué decir.

—Aunque esa persona te trate de lo mejor, tampoco merece tus lágrimas. Nadie merece que sufras de la manera en que lo estás haciendo —suspiró—. Tal vez no sepa tu historia, y tú tampoco sepas la mía, pero estoy aquí para apoyarte sin importar nada —agarró mi mano—. Eres hermosa y perfecta, aun siendo imperfecta.



#5635 en Novela romántica
#2064 en Otros
#68 en No ficción

En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 24.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.