Belinda
—No volveré a jugar “Verdad o reto” en mi vida, y mucho menos hablar con alguien en una fiesta si llego a ir a México —dijo Martina
—Yo sí iría a jugar, y no solo eso… ¡Con ese guapo! —dijo Aurora, mordiendo su labio inferior.
—¡Aurora! —gritamos Nico y yo al mismo tiempo.
—Está bien, me callo —dijo, levantando las manos en señal de paz.
La verdad, no pediría otros amigos como los que tengo en este momento. Andy está a mi lado desde que comenzó la película; Karla y Diego están sentados en el sillón de al lado, y Aurora, Martina y Nico están al otro lado, quedando nosotros en medio.
Hay toda clase de dulces, comida chatarra y muchas cosas más sobre la mesa frente a nosotros. Las chicas eligieron la película, ya que les gustaba la trama.
Realmente me han levantado el ánimo de la mejor manera; me he divertido demasiado durante todo este día, y todo gracias a ellos.
Los chicos se fueron a buscar qué cenar, dejándome a Andy y a mí completamente solos. Realmente estoy nerviosa, aunque en sí no entiendo del todo los motivos.
—¿Ya estás mejor? —preguntó.
—Sí, gracias —sonreí—. De verdad te doy las gracias a ti y a los chicos por haberme hecho tan feliz esta tarde.
Él se acercó y tomó una de mis manos.
—Me alegra mucho saber que ya estás mejor —dijo, dedicándome una sonrisa grande y hermosa—. De verdad estaba preocupado por ti cuando vi que saliste corriendo, y también escuché todo lo que ella te dijo —añadió, haciendo una mueca.
Suspiré. Aún rondaba ese momento en mi mente y recordaba cada una de sus palabras: “Necesitas una cara bonita y un buen cuerpo para que alguien se fije en ti; solo eres un desperdicio más”. Cómo dolía recordar eso.
—Mira, Belinda, no te sientas mal por lo que ella te dijo —suspiró—. No necesitas ser la más guapa ni tener el mejor cuerpo para que alguien se fije en ti; eso solo es exterior. Y te diré algo —agarró mi barbilla para que lo mirara—: Belinda Montclair, tú eres hermosa, tanto por fuera como por dentro —sonrió—. Con tus perfecciones e imperfecciones. Porque eres asombrosa tal y como eres, y quiero que tengas algo claro: quien no sepa valorar lo que eres no vale la pena, y no es tu culpa; es culpa de la persona que no sabe reconocer lo que tienes.
Miré sus ojos grises todo el tiempo mientras escuchaba cada palabra. Tenía tanta razón que no pude evitar sentirme más tranquila.
—Quiero contarte la historia —dije, sorprendida—. Quiero que sepas por qué todo esto me afecta tanto.
—Belinda, si no quieres hablar de esto, no hay problema. Te entiendo y esperaré hasta que estés lista para decirlo —dijo Andy.
—Te la contaré ahora —dije—. Estoy segura de lo que estoy haciendo, así que no te preocupes.
—Está bien.
Suspiré; realmente duele recordar todo esto.
—Todo comenzó en una fiesta —suspiré—. Fue cuando Nicolás cumplió 17. Justamente, Paulo era nuevo en la ciudad y lo había invitado para que se adaptara a vivir aquí. Esa noche fue nuestro primer beso —sonreí, recordando ese momento—. Estábamos jugando a la botella, y nos tocó a los dos. Él era demasiado tímido, igual que yo, pero aun así nos dimos el beso. Desde esa noche comenzamos a hablar; nos llevábamos muy bien. Conocí a su familia y él conoció a mi mamá. Recuerdo que, poco a poco, me iba gustando, y cada vez que lo tenía cerca me ponía demasiado nerviosa.
—¿Hace cuánto lo conoces? —preguntó Andy.
—Un año y cuatro meses, aproximadamente —me mordí el labio inferior—. Te seguiré contando la historia —suspiré—. Al final de ese año me confesó que le gustaba, y yo también le dije que él me gustaba. Esa misma noche me pidió que fuera su novia, y recuerdo mucho la manera en que me lo pidió: “Tal vez no sea el mejor, tal vez haya muchos más guapos e incluso muchos que puedan estar detrás de mí, pero créeme que no hay cosa que desearía más que tú aceptes ser mi novia en este momento”.
Una lágrima se deslizó por una de mis mejillas. Claramente, le dije que sí, y nos dimos un beso para sellar el pacto. Todo fue tan hermoso, y en serio, jamás pensé que íbamos a terminar. Realmente no peleábamos mucho; durante toda la relación, solo tuvimos cuatro peleas.
—¿Cuánto tiempo anduvieron?
—Seis meses… y ya llevo seis meses sin estar con él.
—Fue bastante tiempo, entonces.
—Déjame terminar la historia —reí—. Ya cuando estábamos en el quinto mes comenzaron las peleas. Muchas personas me aseguraron que él me engañaba con su actual novia, lo cual yo no creía, y por eso surgieron nuestras discusiones. Resulta que él se fue a una fiesta sin mí, ya que nos habíamos peleado. Esa noche me di cuenta de que era verdad: me estaba engañando —cerré los ojos por un momento, recordando esa noche—. Él estaba teniendo relaciones con ella en una de las habitaciones de esa casa, y justamente yo los encontré. Eric llegó al pasillo y me vio viéndolos; cuando él le gritó a Paulo, él me miró, y yo salí corriendo. Desde esa noche lloré, e incluso me había peleado con Nico y Aurora porque ellos me habían dicho que él me engañaba y yo no les creí. Estaba completamente sola en ese momento.
—¿Qué hizo él cuando lo encontraste con ella? —preguntó.
—Salió detrás de mí pidiéndome disculpas, me llamó toda la noche y me mandó varios mensajes, los cuales no contesté.
—Lo que no entiendo es por qué mencionan una apuesta —dijo Andy, apretando los labios.
—Al día siguiente, frente a toda la escuela, Paola besó a Paulo, y uno de los amigos de Paola le dio dinero a Paulo y le dijo: “Esta es tu recompensa. Jamás pensamos que lo ibas a lograr. ¿Cómo aguantaste tanto tiempo con Montclair? Claro, te importó más el dinero de la apuesta que sus sentimientos”.
Todos comenzaron a reírse, y salí corriendo de ese lugar —suspiré, sintiendo un nudo horrible en la garganta—. Aurora y Nicolás me llevaron a casa ese día, y recuerdo cuánto lloraba, porque dolía saber que todo nuestro noviazgo solo había sido una apuesta. Todos en el instituto lo sabían; hasta Martina, Karla y Diego me vinieron a ver algunos días, y fueron de mucha ayuda.