Heridas

Capítulo 17

Belinda

He leído muchas historias de amor en las que, cuando a la chica le va mal, aparece un nuevo chico que llega para cambiarlo todo: su mundo, su forma de ver el amor, sus miedos. Historias donde ella se da cuenta de lo equivocada que estaba y, al final, viven felices para siempre.
Siempre me he preguntado cuál de todas esas historias se parecería, aunque fuera un poco, a la relación que algún día podría llegar a tener. Si de verdad alguien podría enamorarse de mí hasta los huesos, como lo hacen los protagonistas de los libros.

Como en las canciones de amor que cuentan experiencias, ya sean buenas o dolorosas. ¿Cuál será la canción que defina el amor de mi vida? ¿Qué tipo de historia viviré yo para querer contarla en un poema, en una canción o en un libro? ¿Cuánto debo vivir, cuánto debo sentir, para entender realmente el amor?

Durante mucho tiempo sentí que tenía una especie de repelente hacia el amor, y todo fue por la historia de mis padres. Ellos se conocieron en la universidad, comenzaron a salir, se enamoraron, terminaron sus estudios y poco después se casaron. Un año más tarde nací yo, y durante mucho tiempo fui la mayor alegría de sus vidas.

Pero cuando tenía diez años, todo cambió. Estaba jugando en un parque muy cerca de casa cuando vi a mi papá junto a otra mujer. Se estaban besando. Recuerdo cómo corrí de regreso a casa, con el corazón desbocado y los ojos llenos de lágrimas, para refugiarme en los brazos de mi mamá y contarle lo que había visto: que mi papá estaba con otra mujer.

Desde ese momento, todo se fue a la mierda entre ellos. Aun así, siguieron juntos dos años más, intentando salvar un matrimonio que ya no tenía arreglo. La relación estaba demasiado dañada: discutían todo el tiempo y mi papá continuaba con sus infidelidades, como si nada importara.

Recuerdo escuchar llorar a mi mamá muchas veces. Yo me quedaba a su lado, abrazándola, mientras ella repetía que estaba bien, que era feliz. Pero no lo estaba. La realidad era otra: estaba completamente rota.

Vi cómo mi mamá se doblegó ante mi papá por amor. Le perdonaba cada infidelidad, incluso cuando él llegaba a casa gritándole que ella era la culpable de todo. Y mi mamá aceptaba esa culpa con tal de que él se quedara, con tal de no quedarse sola. Dependía tanto de él que llegó a sentirse poca cosa, como si no valiera nada, cuando en realidad era todo lo contrario.

Hasta que un día levantó la cabeza. Dejó de humillarse por el hombre del que se había enamorado y entendió que nunca fue responsable de las infidelidades de mi padre. Que nada de eso era su culpa.
Esa tarde, después de una discusión más, mi mamá le pidió el divorcio.

Fue un proceso largo y doloroso, aún más por la custodia, por decidir con quién iba a vivir. Pero fue el inicio de algo nuevo, aunque en ese momento no lo pareciera.

Desde que vi todo lo que pasó mi mamá por culpa de mi papá, prometí que jamás sería como ella, después de ver cómo se volvió tan insegura y se dejó pisotear por él una y otra vez como él quiso, de rogarle muchas veces a mi papá que cambiara y que trataran de solucionar todo.

Porque las palabras bonitas jamás serán la solución para una relación que ya está rota. Las acciones pesan mucho más que cualquier promesa, y el amor también se cansa cuando ha sido lastimado demasiadas veces. Un corazón roto no se recompone de un día para otro; tarda mucho tiempo en sanar, en cerrar cada una de sus cicatrices, y algunas de ellas nunca desaparecen del todo.

Mi mamá es mi mayor ejemplo a seguir porque se levantó de las cenizas, se quitó la venda de sus ojos y comprendió que ella era mucho para él, después del divorcio empezó a trabajar como secretaria de una empresa y ahí conoció a Rubén Salas, su jefe y socio de un negocio creado por ellos. Después de que sufrió tanto la relación tóxica que tenía con mi papá ahora es una mujer mucho más fuerte y dedicada a su trabajo y a mí.

A mi papá lo veo solo dos veces al año porque pasa viajando constantemente por su trabajo, pero la relación entre él y yo no es demasiado buena, casi nunca hablamos. Yo lo evité por tres años después de que se separaron, no porque mi mamá no me dejara, sino porque yo necesitaba asimilar absolutamente todo lo que estaba pasando.

Desde entonces me prometí que no sería como ella. Que no permitiría que nadie me pisoteara bajo la estúpida idea de que el amor todo lo justifica y que hay que aguantarlo todo para no quedarse sola. Me construí una barrera, un rechazo casi automático hacia el amor. Bastaba con escuchar esa palabra para querer salir corriendo, como si amar fuera una trampa de la que debía escapar antes de volver a romperme.

Pero lastimosamente las cosas no salieron como yo esperaba, me enamoré, entregué mi alma y mi corazón a alguien que realmente no valía la pena, pero me cegué; creí que todo era verdadero, cada palabra, cada beso, cada caricia y cada mirada. Sentía que esta vez era real, que él jamás llegaría a lastimarme. Pero me equivoqué. Confié, del mismo modo en que mi mamá confió en mi papá, y fue entonces cuando todo lo que creí haber dejado en el pasado regresó para burlarse de mí. Cada promesa que me hice —esa de no permitir nunca más que alguien me hiciera daño— se rompió frente a mí, una por una.

Pero no quiero darme por vencida, quiero creer que el próximo amor que tenga sea verdadero; que ambos entregaremos el 100% de nosotros y no solo me refiero a tener relaciones, sino a conocer absolutamente todo de esa persona y enamorarme hasta los huesos sin ponerme a pensar el daño que podré tener después de esa relación.

Todos merecemos una verdadera historia de amor, ya sea que estén juntos o no, merecemos ser felices al lado de una persona sin necesidad de aceptar malos tratos, sino solo amor. Obviamente, los problemas siempre llegan, pero depende de qué tan fuerte sea el amor para soportar la confianza hacia la otra persona, que el amor no solo son palabras bonitas, sino la manera que esa persona es cuando está contigo y qué tanto le emociona que tú estés en su mundo. Porque no importa el físico de una persona en el amor, todo fluye con el amor y muchas veces las personas buscan físicos con corazones vacíos que corazones con el amor más puro e inocente que se merece.



#5635 en Novela romántica
#2064 en Otros
#68 en No ficción

En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 24.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.