Heridas

Capítulo 18

Belinda

¿Cuál es mi inseguridad? Qué puedo decir yo con mi poca experiencia... Estoy frente al espejo y no me gusta lo que veo. Observo detenidamente mi cara y mi cuerpo, y me pregunto: ¿me siento bien?, ¿me siento mal? Cómo me encantaría poder darme una respuesta.

—¿Qué piensas tanto? —preguntó Aurora.

—No lo sé —suspiré—. No me siento bien con esto.

Mi reflejo no me gustaba; no me gustaba ver en la chica que me he convertido y, por más que intenté buscar una salida, no pude.

—Te ves bien, realmente te ves hermosa —dijo Karla.

—¿Estás segura? —pregunté.

¡La inseguridad te está matando por dentro, tanto que ni tú puedes asegurar lo que ves en el espejo!

—¿Qué te hace sentir insegura? —preguntó Martina

—No lo sé, es tan extraño —suspiré—. ¿Es necesario esto?

Mira las imperfecciones que recorren todo tu cuerpo. ¿Realmente crees que impresionas?

—Vamos, Belu —dijo Nicolás—. Te ves hermosa con lo que tienes puesto, hace mucho que no te veía así.

Bufé. —Es tan extraño... siento que esta no soy yo.

¡Vamos, Belinda! Acepta que te está ganando tu maldita inseguridad. ¡Cuéntales de nuestros encuentros en el espejo, donde lloras sin control por no saber qué es lo malo en ti!

—Hey, preciosa —dijo Andy detrás de mí—. Te ves perfecta. Eres hermosa como sea; te lo he dicho muchas veces: no importa cómo sea tu físico o tu vestimenta.

—¿Tú crees que me veo bien? —pregunté, frunciendo el ceño.

¡Oh, vamos, Montclair! Solo te lo está diciendo para que te sientas bien, aunque realmente no lo estás. Solo dicen lo que creen que te hará bien; ¡te mienten para que mejores!

—Mi amor, estás bellísima —exclamó mi mamá—. ¿Qué te pasa? ¿No te gusta tu vestido?

—Sí, me gusta, mamá —dije—, solo que tal vez no se ve muy bien en mí —hice una mueca de desagrado.

¡Mientes! Sabes que aunque te pongas lo más hermoso de este mundo, no puedes lucirlo porque se ve mal en ti.

—No puedo —susurré y tragué saliva—. No puedo con esto.

Salí corriendo de mi habitación lo más rápido que pude. Necesitaba estar sola; necesitaba huir de mis pensamientos, de esas voces en mi cabeza que me estaban matando por dentro, poco a poco.

La inseguridad es algo tan difícil de hablar, porque siempre tiendes a pensar que la gente te juzgará por aceptar las inseguridades que tienes. Necesitaba salir de esto, necesitaba sentirme bien.

¿Por qué? ¿Para qué?
¿Realmente valgo la pena?
¿De verdad me siento bien conmigo misma?
¿Me amo a mí misma siendo imperfecta?

Son tantas preguntas sin respuesta que necesito saber.

Mis inseguridades comenzaron con el bullying que recibí en la escuela cuando era pequeña. Decían que era fea, fracasada, que no servía para nada, que nadie podía estar conmigo por lo que era. Cada vez que me miraba al espejo, todas esas burlas regresaban a mi mente, y nunca me di el tiempo de pensar que mis inseguridades podían cambiar.

Sufrí pánico cuando entré al instituto. Me convertí en alguien con solo dos amigos, alguien que no confiaba en nadie; alguien que intentaba ayudarse a sí misma sin hablar con nadie de las inseguridades que la destruían cada vez que se miraba en el espejo.

¿Es bueno sentir tanta inseguridad?

Esta vez lloré. Lloré de alegría.
¿Por qué lo hice?
Al fin pude sentirme bien con lo que traía puesto. Me sentía bien con mi rostro, aun con sus imperfecciones; me sentía bien con mi cabello; me sentía bien conmigo misma, tanto que no quería que nada arruinara mi felicidad en este momento.
¿Por qué?
Al fin puedo decir que me siento segura de mí misma. Al fin puedo mirarme en el espejo y encantarme con mi cuerpo, sin importar las pequeñas cicatrices o las ojeras que se han formado debajo de mis ojos.

—Mi amor, ¿por qué lloras? —preguntó mi mamá, acercándose con cautela.

—Mamá —solté un sollozo—. Por fin me siento bien —confesé—. Lloro porque siento que estoy recuperando el amor hacia mí que perdí hace mucho tiempo —tragué saliva—. Mamá, me siento bien, al fin.

Mi mamá me abrazó y comencé a llorar aún más. Ella me acarició el cabello mientras me susurraba:

—Todo está bien, mi pequeña. Debes estar feliz de este paso; debes celebrar todo lo que tienes. —Tomó mi rostro y limpió mis lágrimas—. Eres hermosa, mi amor, y tú misma debes sentirlo cada vez que te mires al espejo. No dejes que nada haga dudar del valor que tienes.

Poco a poco, los chicos se acercaron a nosotras y formaron un círculo alrededor, dándonos un abrazo grupal.

El no amarse a uno mismo, el verse en el espejo y no aceptar las imperfecciones que se tienen; el pensar más en el “qué dirán” que en la comodidad y en sentirse bien con la vestimenta que se usa; el darle demasiada importancia a los prejuicios de la sociedad.

Todos somos perfectos a nuestra manera. Todos pasamos por momentos de inseguridad debido a la falta de confianza en nosotros mismos, porque sin inseguridades tal vez cometeríamos cualquier tipo de locura. Pero todo depende de cuánto intentes ayudarte. Puede sentirse asfixiante, pero si nunca buscas una salida, no lo lograrás.

—Estoy bien —sollocé—. Me siento bien, al fin —sonreí—. Gracias por estar ahí, apoyándome en todo momento.

—Para eso estamos —dijo mi mamá, soltando poco a poco el abrazo—. Me tienes a mí, los tienes a ellos —miro a los chicos—, pero principalmente te tienes a ti. Si tú no intentas mejorar, por más que tratemos de ayudarte, no podremos hacerlo por ti. Esta es una lucha contigo misma, pero aquí estamos.

—Vamos, Belinda, sal a esa calle y presume toda esa gran hermosura que llevas dentro —dijo Aurora, dándome un beso en la mejilla.

—Disfruta de esta noche —me abrazó Martina—. No pienses tanto.

—Mocosa, te mereces muchas cosas. Demuéstrale al mundo de lo que estás hecha, sin ningún temor —dijo Nicolás, alborotando un poco mi cabello.



#6086 en Novela romántica
#2287 en Otros
#93 en No ficción

En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 10.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.