Heridas

Capítulo 21

Belinda

¿Alguna vez has intentado mejorar tu aspecto? No para complacer a nadie más, sino para sentirte segura, cómoda con tu cuerpo y con lo que llevas puesto.

Hace mucho tiempo solía vestir con colores alegres, brillantes, casi infantiles. Hoy, en cambio, me atraen más los tonos oscuros. ¿Cambié de gusto? Sí, y no me arrepiento. Disfruto cada etapa, cada experimento, cada versión de mí misma que voy descubriendo con el tiempo.

Recuerdo que una vez comencé a leer un artículo escrito por una mujer que afirmaba que muchas de nuestras inseguridades nacen frente al espejo, en el momento de maquillarnos. Lo dejé en la primera línea. Me pareció una idea absurda, y aún más viniendo de otra mujer.

El maquillaje no es más que un accesorio, uno más entre tantos. A veces aporta seguridad, otras solo diversión. No sé mucho de maquillaje; con suerte uso brillo labial y para mí eso ya es bastante. Sin embargo, no voy a negar que me gusta cuando alguien me maquilla por completo. Muchas personas creen que maquillarse demasiado es sinónimo de inseguridad, y tal vez en algunos casos tengan razón, pero no siempre es así.

Muchas mujeres se maquillan simplemente porque les gusta. Y maquillarse es un arte: mezclar colores, equilibrarlos con la ropa, encontrar armonía sin caer en el exceso. No solo se pinta un rostro, se construye una expresión. Me gusta observar a las chicas a mi alrededor: algunas dominan el maquillaje, otras apenas lo conocen, pero desde cualquier ángulo sigue siendo arte.

He leído y escuchado a muchos “hombres” —lo digo entre comillas porque sus palabras los descalifican— que atacan a las mujeres maquilladas con comentarios ofensivos, acusándonos de engañar por usar maquillaje. Pero entonces, ¿por qué se quejan si muchas veces son ellos mismos quienes nos buscan así? Arreglarse no tiene nada de malo. Cada quien piensa distinto, pero no necesitamos que nos recuerden, que el maquillaje cubre imperfecciones: eso ya lo sabemos.

—Probemos con este color —dijo Karla.

Aurora, Karla y yo estábamos trabajando juntas en un proyecto. El tema era el machismo en el mundo, tanto en hombres como en mujeres.

—Deberíamos agregar el tema de las relaciones LGBT —comenté.

—Tienes razón —respondió Aurora—. Hagámoslo parecido a un arcoíris.

—Pero elijamos solo cuatro colores —propuso Karla.

—Pues por ejemplo: azul, amarillo, rojo y verde. ¿Qué os parece? —dije.

—Perfecto —dijimos las tres al mismo tiempo.

En el siglo XXI, o como nos gustaba llamarlo, la era del cambio, las personas comenzaron a sentirse más libres para expresar sus gustos y su forma de pensar. El movimiento LGBT ha sido una de las revoluciones más grandes de los últimos años, y me sorprende todo lo que han logrado. No importa el género: el respeto debería ser para todos.

Durante mucho tiempo, las mujeres fuimos quienes bajamos la cabeza, pero hoy muchas han alcanzado metas que antes parecían imposibles. Mujeres que lucharon por nuestros derechos cuando antes tenían miedo, cuando se esperaba que fueran sumisas. Hoy los tiempos son distintos.

Respeto a todas las personas sin importar su género, porque si quiero que respeten mis creencias, mis gustos y mi forma de pensar, debo hacer lo mismo con los demás. Es hermoso conocer personas diferentes y escuchar sus puntos de vista.

—Necesitamos una buena imagen para cada color —dije—. En azul y verde podemos poner a una chica; en rojo y amarillo, a un chico.

—Es una revolución de género —comentó Karla—. Busquemos chicos de distintos colores de piel, cabello y cuerpos. La aceptación también es parte del mensaje.

—Y chicas con ropa considerada “de chicos” —añadió Aurora—. Recuerden todo el problema que hubo cuando nosotras no podíamos vestir como ellos.

—También debemos mostrar la evolución de las mujeres a lo largo de los años —dije—, que se note la lucha por nuestros derechos.

Nuestro trabajo estaba quedando justo como queríamos: representaba todo aquello con lo que las personas machistas no están de acuerdo. Porque el machismo no existe solo en los hombres; también aparece cuando una mujer se burla de un hombre que cocina, aunque sea un chef profesional, o cuando se critica a otra mujer por saber de mecánica y dirigir un taller.

Una de las revoluciones más impactantes fue cuando adolescentes comenzaron a maquillarse sin importar su género, cuando los hombres enseñaban técnicas de maquillaje a mujeres. Fue un golpe directo para el machismo ver a un hombre en una peluquería y a una mujer en una barbería.

Y entonces vuelvo a la misma pregunta: ¿alguna vez has intentado mejorar tu aspecto? No es una pregunta solo para las mujeres. Los hombres también tienen inseguridades, aunque no siempre las muestren.

Piercings, cabello teñido, tatuajes: ya no son exclusivos de un género. Las cosas han cambiado, y lo único que queremos es respeto, dejar de ser juzgados por cómo nos vemos. Aún hay quienes creen que una persona tatuada es delincuente, cuando muchas veces quienes visten de traje hacen más daño que alguien que decidió llenar su piel de tinta.

Todos hemos intentado mejorar nuestro aspecto a nuestra manera. Y no hay sensación más sincera que mirarse al espejo y aprender a amar el reflejo que nos devuelve la mirada.



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En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 10.03.2026

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