Heridas

Capítulo 30

Belinda

Un año después...

¿Qué es el amor?
Lo sé, esta ha sido una de las preguntas principales de esta historia y seguirá siéndolo siempre.

Podría decirte un sinfín de cosas cursis, pero creo que tú ya tienes tu propia respuesta. El amor va mucho más allá de una relación. La verdad es que estamos rodeados de amor en nuestras vidas: el amor propio, el amor familiar, el amor en la amistad, el amor en pareja… amor en todas las formas que puedas imaginar.

Pero… ¿Tú crees en el amor?

El amor llega de distintas maneras, con diferentes sabores, colores y formas de existir. Cualquier acto hecho con amor vale la pena cuando proviene de las personas que más amas.

—A ver, colóquense bien —dijo Martina mientras ajustaba la cámara—. Tenemos que tomarnos la última foto del recuerdo con el grupo completo.

—Pero aún no están todos —dijo Gonzalo, el novio de Martina.

Estábamos pasando las vacaciones en una pequeña cabaña a las afueras de la ciudad. Pronto cada uno de nosotros tomaría rumbos distintos por la universidad. Y sí, por fin tenía 18 años… y era feliz.

—¿Alguien ha visto a Leo? —preguntó Aurora.

Después de aquella cita, Aurora y Leo habían comenzado una relación que me encantaba. Ella era feliz, y cuando ella lo era, yo también.

—¿Alguien ha visto a Nicolás? —preguntó Aitana.

Aitana era una chica que mi mejor amigo había conocido hacía un mes. Al parecer estaban intentando algo, aunque nadie sabía exactamente qué eran. Algo así como una relación abierta. Nadie se atrevió a preguntarle para no hacerlo sentir incómodo.

—Solo falta que Belinda pregunte por Andy —bufó Martina.

—Yo aquí estoy —dijo Andy, acercándose a mí y rodeándome la cintura—. Hola, hermosa.

Me dio un pequeño beso en los labios.

—Iugh, Andy —se quejó Martina—. Qué asco verte, y más cuando besas a Belinda.

—¿Qué quieres que haga? Es mi novia, tengo derecho a besarla —se encogió de hombros y tomó mi barbilla para darme otro beso, esta vez más intenso.

—Búsquense una habitación —gruñó Martina.

Me separé de Andy riendo.

—Bueno, necesito que todos estén aquí porque tengo que dar un anuncio —dijo Andy a mi lado.

Lo miré extrañada.

—Ya te darás cuenta —susurró antes de alejarse un poco.

Nos encontrábamos alrededor de una fogata. Cerca había un pequeño lago y el cielo comenzaba a oscurecer. Observé cómo los chicos susurraban entre ellos, nerviosos.

—Bueno, Andy, dinos de una vez qué es lo que quieres decir —dijo Karla.

—Cálmate, amor, ya verán —respondió Diego.

Todos tomaron asiento. Andy quedó de pie.

—Bueno… no sé por dónde empezar —dijo, rascándose la cabeza y desordenándose el cabello.

—Empieza por el principio —comentó Martina, provocando risas.

—Hey, no se rían —bufó—. Estoy nervioso. Nicolás, reproduce la canción.

(Reproduce la canción)

—Querida Belinda Montclair… —comenzó—. Te conozco desde hace casi dos años, y siento que te he conocido toda la vida. Le agradezco a la vida y al destino por haber jugado tan a mi favor. Cada vez que escucho esta canción pienso en nosotros, en nuestro futuro.

Mis ojos comenzaron a humedecerse. Mi corazón latía con fuerza y sentía escalofríos recorrerme el cuerpo.

—Estoy seguro… y sé que tú también lo estás. Hemos hablado de esto muchas veces —sonrió—. Sé que solo con pensarlo vas a llorar, porque eres muy sentimental.

Todos rieron, y yo también, entre lágrimas.

—Nunca he estado tan seguro de algo en mi vida, pero contigo todo es diferente.

Se acercó a mí. Cuando se arrodilló frente a mí, sentí que el corazón se me detenía, que la voz me abandonaba y que el mundo se pausaba.

—Eres la mujer y el amor de mi vida —tragó saliva—. Este anillo es solo una pequeña representación del amor que te tengo. Y prometo que cuando te dé el verdadero, llorarás igual que ahora —sonrió—. Esta es mi promesa: esperarte hasta el fin del mundo si así lo deseas. Quiero compartir el resto de mi vida contigo. No importa si decides casarte conmigo a los cincuenta… te esperaré.
¿Aceptas este anillo de promesa para amarte toda la vida?

—Claro que sí —susurré.

Tomó mis mejillas y me besó con una ternura que me hizo sentir como si fuegos artificiales explotaran dentro de mí.

Los aplausos y gritos nos rodearon. Al separarnos, limpió con sus pulgares las lágrimas de mis mejillas.

—¡Felicidades a los comprometidos no oficiales! —gritó Martina, abrazándonos—. Por fin serás parte de mi familia… bueno, ya lo eras —me abrazó fuerte—. Estoy tan feliz por ustedes.

Luego abrazó a Andy.

—Jamás te imaginé comprometido, inepto —dijo entre lágrimas—. Me alegra saber que eres feliz y que la haces feliz a ella.

—Exijo ser la dama de honor oficial —anunció Aurora—. Reclamo mis derechos desde ahora.

Me abrazó.

—Mi alegría siempre será la tuya, alma gemela de toda la vida.

Todos nos felicitaban. Me sentía completa. Mis sentimientos estaban revueltos, pero una cosa era segura: jamás había estado tan bien en mi vida.

—Amor, ¿tú cuándo piensas darme el anillo? —le preguntó Karla a Diego

—Amor, el tuyo ya lo tienes —respondió él.

—Es verdad, no me acordaba —rio antes de besarlo.

Andy tomó mis manos y colocó en mi dedo un pequeño anillo en forma de corazón que me encantó.

—Pon de nuevo la canción, Nicolás —gritó—. Vamos a bailar.

Comenzó a girarme y todos nos unimos, tomando a nuestras parejas.

When I see your face, there’s not a thing that I would change… —cantó mirándome a los ojos—’cause you’re amazing just the way you are…

Mi corazón se derritió.

’Cause girl, you’re amazing, just the way you are…

Nos besamos y seguimos bailando. Había sanado mis cicatrices. Por fin lo entendía.

—Te amo, mi chica de ojos café —susurró.



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En el texto hay: novelajuvenil, amorpropio, autosuperacion

Editado: 10.03.2026

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