Heridas del Destino

Capítulo 1 — La noche que cambió todo

La lluvia golpeaba con fuerza las ventanas de la vieja mansión Demir.
En el gran comedor, el silencio era tan pesado que apenas se escuchaba el sonido de los cubiertos.

—No pienso volver a hablar de ese tema —dijo fríamente Hasan Demir.

Su esposa, Neriman, apretó la copa entre sus dedos.

—Aunque quieras esconder la verdad… tarde o temprano saldrá a la luz.

Al otro lado de la mesa, el joven empresario Kerem Demir levantó la mirada con molestia.

—¿Otra vez van a empezar?

Pero nadie respondió.

Porque aquella familia llevaba años destruyéndose lentamente.

Y todos guardaban secretos.

Todos… excepto una persona.

Una joven que esa misma noche caminaba bajo la lluvia sin imaginar que su destino estaba a punto de cruzarse con el de los Demir.

En el otro extremo de Estambul, Leyla corría desesperadamente por las calles mojadas.

Su madre acababa de empeorar.

—¡Por favor espere! —gritó mientras perseguía un taxi.

Pero el automóvil siguió de largo.

Leyla cerró los ojos conteniendo las lágrimas.
Estaba cansada.
Agotada de luchar sola contra la pobreza, las deudas y la enfermedad de su madre.

Sacó unas monedas de su bolso.
No alcanzaban.

Entonces escuchó el sonido de un auto acercándose a gran velocidad.

Un elegante coche negro apareció en medio de la tormenta.

Kerem manejaba furioso después de abandonar la cena familiar.

Recordaba las palabras de su madre.

“Tú no eres quien crees.”

Apretó el volante.

Y en ese instante…

Leyla cruzó la calle.

Los ojos de ambos se encontraron apenas un segundo.

Kerem giró bruscamente el volante.

Los frenos chillaron.

El automóvil se estrelló contra un poste.

Todo quedó en silencio.

Minutos después…

Leyla abrió lentamente los ojos.

La lluvia seguía cayendo.

Miró alrededor confundida… hasta ver el coche destruido.

Y dentro del automóvil, inconsciente y sangrando, estaba Kerem.

—¡Dios mío…!

Corrió hacia él desesperada.

—¡Señor! ¡Señor despierte!

Kerem apenas podía abrir los ojos.

La observó borrosamente.

Y antes de perder el conocimiento murmuró unas palabras que dejaron a Leyla completamente helada.

—Tú… te pareces… a ella…

Entonces cerró los ojos.

Mientras a lo lejos comenzaban a escucharse las sirenas.




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