Estaba haciendo más palomitas para que viéramos la otra película. Mi loba estaba muy feliz de pasar el día con su mate, y bueno, no voy a negar que yo también lo estaba. Me sentía contento por ella, aunque todo eso de ser mates todavía me daba vueltas en la cabeza. No entendía bien todo lo que implicaba, pero veía cómo ella se sentía. Y eso era lo que importaba.
De repente, escucho pasos en la cocina. Kate entró y me miró fijamente.
- ¿Dónde está? -dijo, su tono un poco tenso.
- En su cuarto -respondí de manera seca, casi cortante. Estaba harto de que todo girara en torno a ella.
Vi que Kate quería ir a su cuarto, pero la detuve tomando su brazo con firmeza.
- Déjala un momento, está tranquila. Puedes hablar con ella mañana... Me ha costado mantenerla distraída del tema, y tú vas a ir a joderlo todo. ¿Por qué no te vas con tu mate?, después de todo eso es lo que hiciste ayer, ¿no? -dije, molesto, soltando su brazo.
Kate me miró con desdén, como si nada de lo que yo dijera importara.
- No tengo por qué estar teniendo esta conversación contigo -dijo, frunciendo el ceño-. No eres nadie. Solo el dolor de culo de mi amiga.
Me molestó, no porque me llamara dolor de culo, sino porque se atrevía a llamarse amiga de Paulina después de lo que le había hecho.
- Claro -respondí, ironizando-. ¿Y si es tu amiga, por qué la trataste como mierda luego de encontrar a tu mate? -dije, intentando mantener la calma, aunque por dentro sentía una ira creciente. No quería golpearla, no por ella, sino porque sé que Paulina se molestaría conmigo si lo hacía.
- Ella no lo haría, tú siempre eres su prioridad en su lista... ¿Por qué mierda la trataste así? -reclame frustrado, y vi cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Hice una mueca.
Kate comenzó a llorar, pero no me sentí culpable por lo que le estaba diciendo. La situación merecía esa reacción.
- ¿Y crees que no lo sé? -dijo, con los ojos llenos de lágrimas-. Solo que cuando encontré a marcus, mi mente se nubló. mi loba era quien tenía más control de mi cuerpo, evitando alejarme de él -dijo, claramente angustiada-. Sé que lastimé a Paulina y lo siento, ¿Bien ? Solo necesito hablar con ella... ¡Maldita sea, ¿Es mucho pedir?!
La vi allí, en medio de sus lágrimas, sintiéndome un poco más tranquilo. Sabía que ella sentía lo que había hecho, aunque no lo dijera de manera perfecta. Sus justificaciones eran banales, pero no me correspondía a mí opinar de ello.
- Sí -dije, serio-, puedes hablar con ella... pero no hoy. Aún está dolida y molesta. Prometo hablar con ella, pero déjala por hoy. Aún tiene mucho que afrontar con esto de que somos mates... Ni siquiera ha podido hablar con mis padres.
Kate suspiró, hipando entre sollozos.
- Está bien -dijo-. Pero mañana vendré a hablar con ella. Dile que la extraño mucho y que me perdone. Que en serio estoy arrepentida.
- No me metas en sus asuntos. No son mis problemas. -le dije, mientras la vi salir de la cocina y luego de la casa, lo supe porque la puerta sonó.
Tomé las palomitas y volví al cuarto. Cuando entré, la vi boca abajo en la cama, como si estuviera tratando de olvidarse del mundo. Me acerqué con suavidad y le besé la cabeza. Ella se incorporó y me miró, con una sonrisa que me hizo sentir un nudo en el estómago.
- Tardaste -me dijo, mientras se acomodaba nuevamente en la cama.
- Lo siento -respondí, sentándome al borde de la cama-. Estaba con...
- ¿Con quién? -preguntó, curiosa.
- Kate -dije, sintiendo que al mencionar su nombre, toda la tensión que había tenido con ella me regresaba en un solo instante. Paulina se tiró de nuevo sobre la cama y cerró los ojos, como si no quisiera escuchar más sobre el tema.
- Ou, ¿sí? -dijo, sin interés-. ¿Y qué te dijo?
Le conté lo que había sucedido, lo que Kate me había dicho, y ella solo escuchó en silencio, con los ojos cerrados, procesando la situación.
(...)
- Tienes que hablar con ella -recomendé, tras un largo silencio.
- Pero no hoy -dijo Paulina, con una voz calmada. Ya estábamos nuevamente en el sofá frente a la tele, donde habíamos comenzado a ver la película antes de que todo esto pasara. Paulina se acurrucó en mi pecho y suspiró.
- Estoy a gusto aquí... -susurró, casi como si el resto del mundo no existiera.
Sonreí tiernamente, disfrutando de ese momento de calma.
- Yo también -le dije, levantando su rostro con una mano de manera sutil. La miré a los ojos, y sentí una presión en el pecho-. ¿Puedo besarte? -pregunté, mi voz casi un susurro. Más similar a una suplica que otra cosa.
Ella asintió, y fue todo lo que necesité para acercarme y besarla. Un beso lento, lleno de amor y ternura. No tenía prisa, no era como esos besos impulsivos que a veces damos por impulso. Este era distinto, era más que eso. Era el amor que compartíamos, la confianza que poco a poco estábamos construyendo.
Nos separamos por la falta de aire, pero ninguno de los dos se movió. Ella volvió a acurrucarse en mi pecho, cerrando los ojos, y yo simplemente la abracé.
- Creo que ya no terminaremos la película -dijo, en tono bromista.
- No, parece que no -respondí con una sonrisa.
- Tenemos que hablar con mi padre y Erika... Tengo miedo a su reacción -admitió, su voz llena de inseguridad.
La abracé más fuerte.
- Yo también, pero entre más pronto lo hagamos, será mejor -dije con calma. Ella asintió, levantándose del sofá y tomando mi mano. Me jaló fuera de la habitación, con una determinación que me hizo sonreír.
- Entonces le diré ahora -dijo, decidida, mientras llegábamos frente al despacho de mis padres.
- Es mejor -asentí, sonriéndole en apoyo. Ella tocó la puerta y, con un último vistazo hacia mí, entró.
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Editado: 12.04.2026