Hermanastros ( I libros )

Capitulo 16 - Paulina

Estamos frente al despacho de mi padre. Toqué y escuché: "Pase". Entramos, tratando de verme tranquila, pero el miedo se reflejaba en mi voz. No sabía cómo iba a reaccionar, y lo cierto es que no podía dejar de temblar.

-¿Qué pasa, princesa? -dijo, sentado en el sofá leyendo un libro.

-Papá... -intenté sonar calmada, pero mi voz traicionó mis nervios-. A... Alineé a mi mate -murmuré de forma torpe, mirando al suelo, incapaz de mirarlo a los ojos.

-¿En serio?, ¡Felicidades! -Se levantó y me abrazó, pero cuando vio a Fabricio en la entrada, se detuvo-. Pero, ¿cuál es el problema, princesa?

-Es que... -susurré-. Mi mate... -extendí la mano hacia Fabricio, que se acercó lentamente. Y en un golpe de sinceridad, casi sin poder evitarlo, solté-. Es él.

Mi padre se sorprendió, pero no dijo nada al principio. Estaba esperando un discurso largo, pero nunca llegó.

-¿Y cuál es el problema? -dijo con calma-. Es cierto que son "hermanos", -hizo comillas con los dedos-. Pero no de sangre. Si la Diosa Luna los juntó como mates, no me puedo interponer.

Me lancé hacia él y lo abracé con fuerza. Me sentía tan aliviada de que lo entendiera.

-Gracias, papá. -El abrazo de mi padre fue cálido y protector.

-Es raro verte así -dijo riendo-. Más cuando se trata de él, como le dices... "Dolor de culo".

Reímos, pero mi padre se quedó callado cuando Erika entró. Ella lo fulminó con la mirada, y tanto Fabricio como yo no pudimos evitar reír.

-Juan Moon -dijo Erika, seria, y él tembló, claramente asustado. No pude evitar reír aún más-. ¿Qué te he dicho de ese vocabulario?

-Pero Paulina lo usa -respondió él, haciendo un puchero. Seguía riendo mientras veía cómo Erika lo miraba con desaprobación.

-¡Pero es ella! -Erika se acercó a mí y me abrazó-. A ella le queda bien. Se ve poderosa usándolo, pero tú solo te ves como un tonto malhablado.

Mi papá se acurrucó en el pecho de Erika, como un niño chiquito, y ella suspiró con resignación.

-Vale -dijo mi padre-. Los "niños" tienen algo que decirnos.

-Traidor -mascullé, ahogando mi risa.

-Venganza, princesa -dijo él, separándose de Erika y viéndonos a Fabricio y a mí.

-¿Qué pasa? -preguntó, curioso.

-Mamá... -dijo Fabricio, mirando a mi papá con respeto-. Paulina es mi mate.

Esta vez, Erika sonrió y se fue a abrazarlo.

-Felicidades, hijo -lo soltó y me abrazó a mí-. Aleja a todas esas zorras de mi hijo -me susurró al oído, y yo no pude evitar reír.

-Claro que lo haré -respondí, sonriendo a Erika.

-¿Qué harás? -dijo mi papá, curioso, mirando entre Erika y yo.

-Nada -respondimos al unísono. Ambas nos reímos ante la sincronización.

(...)

Un rato después, volvimos a mi cuarto. Mi papá había amenazado a Fabricio con dejarlo sin descendencia si me hacía daño, lo cual me hizo reír. Además, me había dejado claro que no permitiría que me marcara hasta que cumpliera 18, y eso incluía... bueno, ya saben.

Fabricio aceptó las reglas, porque después de todo, era la princesa de él, y no iba a permitir que alguien me hiciera daño. En dos semanas sería mi coronación como alfa, y mañana, Fabricio se presentaría oficialmente como mi mate.

-Al final, ni necesitaste el mes -comentó Star, burlona.

-Ja, ja, qué gracioso -respondí, cortando la conexión con ella.

Luego bajé al comedor, ya que era de noche. Mañana hablaría con Kate, y después con la manada... Eran demasiadas cosas.

(...)

Cenamos tranquilos. Le pregunté a mi papá si Fabricio podía dormir conmigo en mi cuarto, pero si preguntaba él, lo mataba... no literalmente.

Al principio se negó, pero luego aceptó. Erika lo convenció, ella sabía que su hijo respetaría las reglas. Al final, aceptó por una amenaza: Erika le dijo que lo mandaría a dormir al sofá por un mes si no lo permitía.

Ya colocándome la pijama, Fabricio entró y se acostó en la cama. Me acosté a su lado, acariciando su pelo mientras él ronroneaba de felicidad. Me moría de ternura. Después de un rato, se quedó dormido. Me acomodé y luego besé su cuello, colocando mi espalda en su pecho mientras él rodeaba mi cintura con su brazo.

-Creí que dormías -dije, estremeciéndome por el beso.

-Lo hago -respondió, volteando hacia mí. Vi sus ojos y supe que tenía el control-. Solo quería agradecerte por no rechazarnos y evitar que mi papá nos mate.

-Claro -reí y lo besé en la boca-. ¿Ahora puedo dormir? -sonreí con suavidad.

-Está bien -respondió él, cerrando los ojos-. Si necesitas algo, solo di mi nombre...

Sonreí, y pronto caí en los brazos de Morfeo, sintiéndome segura y en paz.




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