Hermanastros ( I libros )

Capitulo 18 - Fabricio

Paulina salió corriendo, gritando su excusa. No pude evitar sonreír. Esa energía suya, tan arrolladora y caótica, siempre me dejaba sin aliento. Era como un torbellino de emociones y ocurrencias que arrastraba todo a su paso, y sin darme cuenta, yo había quedado atrapado en su corriente.

-Mis más sentidos pésames -dijo Marcus, acercándose con una sonrisa burlona mientras me ofrecía una mano para levantarme.

Tomé su mano con una ceja arqueada, sacudiéndome la ropa tras incorporarme.

-¿Por qué dices eso? -pregunté, fingiendo ignorancia, aunque sabía exactamente a qué se refería.

Él puso una mano en mi hombro en un gesto exagerado de apoyo.

-Porque ella es una tormenta, y tú no la soportarás todos los días de tu vida.

Solté una carcajada.

-Oye, no es para tanto -reí, recordando todas las locuras que había vivido junto a Paulina-. Y eso que no has visto a Kate. Ten miedo cuando están juntas. Una vez metieron mi colchón en el lago y me dejaron ahí. Cuando desperté, estaba en medio del agua y tuve que nadar de regreso. Al llegar a casa, todo empapado, apenas me vieron... y rieron como locas desquiciadas.

Marcus se rió, y yo lo acompañé, rememorando aquel episodio con una mezcla de diversión y resignación. Podía quejarme todo lo que quisiera, pero la verdad era que sin ellas, mi vida sería mucho más aburrida.

-Y lo volvería a hacer -dijo una voz divertida detrás de nosotros.

Nos giramos y encontramos a Kate mirándonos con una sonrisa traviesa.

-Aún recuerdo tu cara de enojo cuando reíamos... ¡fue épico! -soltó una carcajada, y nosotros también.

-¿No deberías estar en clases? -preguntó Marcus, acercándose para besar su mejilla.

-No, mi profesora no llegó, así que tengo las primeras horas libres. -Nos miró con picardía-. Voy a raptar a mi amiga de las clases, ¿me acompañan?

Marcus frunció el ceño.

-¿Cómo lo harás si está su profesor?

Kate sonrió de lado.

-Tenemos un modo de escapar sin que se den cuenta.

-¡¿En serio?! -exclamó Marcus, sorprendido.

-Eso no es nada -intervine-. Vamos, nosotros no tenemos clases. Nuestros profesores nos dejaron un trabajo y lo estamos haciendo fuera del salón.

-¡Genial! -dijo Kate, emocionada-. Vamos.

Salimos al jardín y nos colocamos junto a la ventana del salón donde estaba Paulina.

-La reina Isabel de clases de putería -dijo Kate en voz alta.

Paulina volteó y sonrió como el gato de Alicia en el país de las maravillas.

-La alumna estrella se ausenta de la reunión para ir a su clase -contestó ella.

Marcus y yo las miramos extrañados. De repente, Paulina desapareció del salón y apareció junto a nosotros.

-Hola -dijo con naturalidad.

Marcus y yo saltamos del susto.

-¡¿Cómo hicieron eso?! -preguntamos al unísono.

-Es un secreto... -respondió Kate con diversión-. Ahora vamos antes de que nos vean.

Nos tomó de la mano, mientras Paulina tomó la mía. Luego, ellas entrelazaron sus manos libres y, en un parpadeo, aparecimos en la azotea.

-¿Hay que asustarnos? -preguntó Marcus, entre miedo y diversión.

-No -respondieron ellas al mismo tiempo y rieron.

-Bueno... ¿y ahora qué? -preguntó Paulina.

-Vamos al acantilado -propuso Kate-. Solo por esta vez los llevaremos... es nuestro lugar.

-Bien... -respondimos Marcus y yo, sin entender nada.

(...)

Después de un rato corriendo en nuestra forma lobuna, con Kate sobre el lomo de Star, llegamos a un hermoso acantilado que no sabía que estaba por aquí. A un lado de él, había una cabaña de madera con un encanto rústico pero elegante. Parecía sacada de una postal, con su fachada adornada de enredaderas que trepaban hasta el techo de tejas oscuras. Era más grande de lo que imaginé, con amplias ventanas que dejaban entrever la calidez de su interior.

El porche tenía un par de mecedoras y una mesa pequeña con restos de tazas de té, como si alguien hubiese estado allí hace poco. A un lado, una chimenea de piedra se alzaba imponente, prometiendo noches acogedoras en el frío de la montaña. El aroma a madera y resina impregnaba el aire, mezclándose con la brisa salada del mar golpeando las rocas.

-Llegamos -dijo Kate, bajándose del lomo de Star-. Espera aquí, te traeré ropa...

Ella asintió.

Kate salió con una muda en las manos: un traje de baño y una bata cubriendo su cuerpo. Star tomó la ropa y fue detrás de la cabaña. Cuando volvió, ya estaba transformada y vestía un traje de baño de dos piezas en color rojo vino. Kate llevaba uno de una pieza con flores.

-Se ve hermosa... -ronroneó Matt, observándola.

Kate le entregó una bata y ella se la puso.

-¿Qué hacemos con ellos? Aquí no tenemos ropa de hombre -comentó Pau.

-¡Ya sé! -Kate corrió dentro y salió con dos shorts, entregándole uno a Marcus y otro a mí.

El mío era de playa, con adornos de flores, mientras que el de Marcus era lila con negro. Fuimos a la parte de atrás a cambiarnos y luego salimos donde ellas.

-¡Vamos! -gritaron al unísono desde la orilla del acantilado antes de lanzarse al agua.

Marcus y yo corrimos a verlas. Cuando salieron a la superficie, soltamos el aire que habíamos contenido sin darnos cuenta.

-¡Salten! -nos gritaron entre risas.

-¡Están Locas! -exclamó Marcus.

-¡Aprecio Mi Vida! -grité yo también.

Ellas se miraron cómplices y, de repente, fingieron que se ahogaban.

-¡No Les Creo! -dije con desconfianza, pero al notar que no salían a la superficie después de unos segundos, grité con más urgencia-. ¡PAULINA!

-¡Yo Voy Por Kate Y Tú Por Paulina! -dijo Marcus antes de lanzarse sin pensarlo demasiado.

No tardé más de unos segundos en seguirlo.

Mi corazón latía con fuerza mientras el agua fría me envolvía. No podía perderla. No podía imaginar mi vida sin esa tormenta de caos y risas. Mi mente se llenó de miedo, pero también de una certeza: Paulina era el desastre más hermoso que me había pasado en la vida, y haría lo que fuera por no dejarla ir.




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