Estábamos ocultas bajo unas piedras del acantilado, esperando a que los chicos saltaran. Mi corazón latía con emoción mientras Kate me miraba con una mezcla de diversión y duda.
-¿No crees que se van a morir de un infarto? -preguntó Kate, riendo en voz baja.
-Solo así íbamos a hacer que saltaran -respondí con una sonrisa ladina, sintiendo la adrenalina correr por mis venas.
Escuché dos chapoteos consecutivos y no pude evitar soltar una risita.
-Lo ves -dije, divertida, lanzándole una mirada cómplice a Kate.
-¡Paulina! -gritó Fabricio desde el agua, su tono reflejando una mezcla de sorpresa e indignación.
-¡Kate! -gritó Marcus con el mismo tono.
Salimos de nuestro escondite riendo a carcajadas, sintiendo el aire fresco en nuestro rostro. Los chicos nos miraron con el ceño fruncido, sus cuerpos empapados y sus miradas llenas de reproche.
-Lo ven, fue divertido saltar -dije, aún riendo, cruzándome de brazos con un aire de satisfacción.
-Casi me da un infarto -bufó Fabricio, nadando hacia mí con una expresión que oscilaba entre la molestia y la incredulidad.
-¿Lo siento? -dije, tratando de contener la risa, pero sin mucho éxito.
Miré a Kate y vi que se estaba besando con Marcus. Me alegré por ella; sabía que le gustaba desde hace tiempo, aunque siempre lo negara. En ese momento, sentí un movimiento en el agua y, antes de que pudiera reaccionar, Fabricio se acercó más, rodeó mi cintura y me pegó a la suya. Su cercanía hizo que un escalofrío recorriera mi espalda.
-Estás loca -susurró en mi oído con un tono seductor, su aliento cálido provocando que mi piel se erizara.
-Lo sé -susurré de vuelta, enredando mis manos en su nuca antes de besarlo con una mezcla de desafío y deseo.
Después de más de dos horas en el agua, subimos de nuevo y entramos a la cabaña. El aire nocturno enfrió nuestra piel mojada, así que Kate y yo nos vestimos rápidamente. Me puse un short y una camisa sencilla, ya que tendría que transformarme en Star otra vez y no quería dañar mi ropa. Kate eligió un pantalón azul y una campera lila.
Cuando salimos de los cuartos, los chicos ya estaban en la sala, sus miradas aún reflejaban incredulidad.
-¿Qué hacemos con ellos? -preguntó Kate, mirándome con una ceja levantada.
-No lo sé... Recuerda que aquí no tenemos ropa de hombre -dije, echando un vistazo alrededor-. Además, solo nosotras sabíamos de este lugar y ahora ellos... Ahora que lo menciono, no pueden traer a nadie más ni hablar de esta cabaña.
-¿Cómo la encontraron? -preguntó Marcus, intrigado.
Reí un poco y negué con la cabeza, disfrutando de su sorpresa.
-Nosotras la hicimos -respondió Kate, encogiéndose de hombros-. Poco a poco trajimos ropa y muebles hasta que quedó como ahora.
Las caras de los chicos eran un poema, lo que me hizo reír más. No podían creerlo.
-Bueno, creo que tenemos que irnos -dije, revisando la hora en mi reloj-. A las seis es la reunión con la manada. Nosotras llevaremos algo de ropa para cambiarnos, y cuando lleguemos buscaré ropa de Fabricio para dársela a ustedes. Ahora vamos, son las tres y el camino es largo.
Ellos asintieron, aún procesando la información.
-Iré por la mochila -dijo Kate, corriendo a la habitación.
-¿En serio ustedes hicieron todo esto? -preguntó Fabricio, aún sorprendido.
-Sí -respondí, observando la cabaña con una mezcla de orgullo y nostalgia-. A veces queríamos escapar de todo, y en una ocasión encontramos este acantilado. Comenzamos a venir seguido y luego se me ocurrió construir la cabaña...
-¿Cuánto tardaron en hacerla? -preguntó Marcus, todavía asombrado.
-Creo que ocho meses -dije, encogiéndome de hombros como si fuera algo sin importancia, aunque en realidad había sido un trabajo arduo.
-¡¿En tan poco tiempo?! -exclamaron ambos, boquiabiertos.
-¿Y solo ustedes? -agregó Marcus.
Asentí con una sonrisa.
-Luego tardamos otros tres meses en llenarla de muebles y unas dos semanas trayendo ropa... -expliqué-. Bueno, creo que ahora tendrán que traer algo también. Hicimos un cuarto extra por si acaso... -murmuré lo último en voz baja.
-¿Quién? -preguntó Marcus con curiosidad, notando mi vacilación.
Justo en ese momento, Kate bajó las escaleras, salvándome de responder.
-¡Listo! -anunció ella con su característica energía.
-Vámonos -dije, sacándome la ropa y quedándome en traje de baño. Ya me habían visto así, así que no me importó. La comodidad siempre era mi prioridad.
Le pasé la ropa a Kate, quien la guardó en su mochila rosa.
Nos transformamos en nuestra forma lobuna, y Kate volvió a subir a mi lomo. Luego, nos dirigimos hacia la reunión con la manada, dejando atrás nuestra cabaña secreta, sintiendo el viento correr entre nuestro pelaje mientras corríamos bajo el cielo abierto.
(...)
Llegamos en casi una hora, ya que veníamos caminando a paso tranquilo. Me transformé de nuevo y me vestí con la ropa que me dio Kate tras un arbusto grande. Salí y fui a la casa con ella.
Entré al cuarto de Fabricio y saqué ropa: dos pantalones y dos camisas. Luego fui afuera con Kate, les di la ropa y se vistieron en el mismo lugar que yo. Cuando terminaron, salieron de ahí, ya más cómodos.
-Bien, tienen prohibido hablar de nuestro lugar -dijo Kate, señalándonos a ambas con una mirada severa-. Si lo hacen, considérense muertos. Nos esforzamos tanto, tanto tiempo, para que se llene de mierda... -dijo con seriedad.
Yo asentí, reforzando su advertencia con mi silencio.
-Me voy a arreglar, vamos, Kate -le tomé el brazo y nos dirigimos a mi cuarto, dejando atrás a los chicos, quienes sabían que no debían romper la confianza que les habíamos dado.
#932 en Fantasía
#3945 en Novela romántica
amor celos dolor mates, hermanastros romance enemies to lovers, mate luna vampiros hombre lobo
Editado: 12.04.2026