Hermanastros ( I libros )

Capitulo 20 - Fabricio

Acabamos de entrar a la casa, y aún me cuesta procesar todo. Mis ojos recorren cada rincón, cada detalle cuidadosamente colocado en este espacio que, hasta hace unas horas, ni siquiera sabía que existía.

La estructura de madera cruje levemente bajo nuestros pasos, como si la casa misma nos estuviera dando la bienvenida. Las paredes están cubiertas con tonos cálidos de barniz, dejando visible la textura natural de la madera. A pesar de estar en medio del bosque, se siente acogedora, un refugio que invita a quedarse.

El salón principal es amplio y bien distribuido. Hay una chimenea de piedra en una de las esquinas, con un par de sillones desgastados pero cómodos justo enfrente. Sobre la repisa de la chimenea, algunas velas a medio consumir dejan rastros de noches iluminadas solo por su tenue resplandor. Unos cojines de colores están dispersos en el suelo, como si fueran testigos de incontables horas de charla y risas compartidas.

A un costado, una mesa de madera rústica con un par de sillas desparejadas da la sensación de haber sido llevadas de distintos lugares, lo que refuerza la idea de que todo aquí ha sido construido poco a poco. Sobre la mesa hay una libreta abierta con anotaciones hechas con una letra prolija y precisa. No puedo evitar preguntarme si será de Paulina o de Kate.

Las ventanas, pequeñas pero bien ubicadas, permiten que la luz del sol se filtre, proyectando sombras suaves sobre el suelo de madera. El aroma a bosque se mezcla con el leve olor a cera derretida y leña vieja, creando una atmósfera relajante.

Miro a Marcus y veo que también está sorprendido. Su expresión lo dice todo: no esperábamos encontrar un lugar tan bien construido y lleno de vida.

-Yo tampoco -dice Marcus, sin apartar la mirada de los detalles de la cabaña. Luego sonríe y se gira hacia mí-. Pero nos sacamos la lotería con ellas... además de hermosas, son fuertes, valientes, dulces y... locas, muy locas.

Río con su última afirmación, porque es cien por ciento verdad. Han hecho todo esto solas, sin ayuda, y eso me deja claro que no son solo chicas bonitas; son independientes, ingeniosas y capaces de cualquier cosa que se propongan.

-Tienes razón -digo con una sonrisa antes de suspirar-. Bueno, voy a cambiarme. Nos vemos más tarde...

Marcus asiente, pero noto que sigue observando la cabaña con admiración. Yo también lo haría, pero en este momento necesito ordenar mis pensamientos.

Me dirijo a la habitación que Paulina me indicó. La puerta de madera tiene un par de marcas, como si alguien hubiera intentado decorarla con un cuchillo o alguna herramienta afilada. Empujo la puerta y entro. La habitación es sencilla pero funcional: una cama de madera con un colchón cubierto con sábanas claras, una pequeña mesa de noche con una vela y un armario viejo pero resistente.

Me dejo caer sobre la cama y respiro hondo. No puedo dejar de pensar en lo que ha significado para ellas construir este refugio. Es su hogar, su escape, su secreto. Y ahora, de alguna manera, Marcus y yo formamos parte de él.

Es increíble pensar que Paulina y Kate hicieron esto solas, que fueron capaces de construir un refugio tan completo con sus propias manos. La madera perfectamente ensamblada, los muebles en su lugar, el ambiente acogedor... No sé si debería sorprenderme tanto, después de todo lo que he visto de ellas, pero no puedo evitarlo. No hay duda de que son extraordinarias.

-Yo tampoco -dice Marcus a mi lado, como si leyera mi mente. Luego suelta una risa ligera y agrega-: Pero nos sacamos la lotería con ellas... además de hermosas, son fuertes, valientes, dulces y... locas, muy locas.

Río junto a él. Su última afirmación es una verdad absoluta. Sí, son locas. Locas en la mejor forma posible, en la manera en que desafían las reglas, en que siempre encuentran una forma de hacer lo que quieren sin que nadie las detenga. Es algo que admiro y que, al mismo tiempo, me inquieta. Porque con esa audacia viene el peligro, y sé que tarde o temprano esa valentía las pondrá en riesgo.

-Tienes razón -digo, aún riendo, pero con un pensamiento inquietante asomándose en mi mente.

¿Hasta dónde estarían dispuestas a llegar? ¿Cuánto han arriesgado ya para tener un refugio como este? Ocho meses construyéndolo, otros tres llenándolo de muebles, semanas trayendo ropa... todo sin que nadie lo supiera. Me pregunto cuántas veces habrán escapado de casa, cuántas noches habrán pasado aquí, solas en medio del bosque. Y si en algún momento sintieron miedo. Si alguna vez dudaron de lo que estaban haciendo o si siempre estuvieron seguras de que valía la pena.

Una sensación de orgullo se mezcla con un leve atisbo de preocupación. Paulina es increíble, eso lo sé. Pero también es impulsiva, a veces demasiado temeraria. Y Kate no se queda atrás. Son una combinación peligrosa cuando están juntas, y eso me hace querer estar cerca, protegerlas... aunque sé que probablemente no lo necesiten.

Sacudo la cabeza, tratando de apartar esos pensamientos. No quiero que la preocupación me quite la admiración que siento en este momento. No quiero que las dudas opaquen lo maravillado que estoy con ellas. Suspirando, miro a Marcus, quien aún parece procesar todo esto a su manera.

-Bueno, voy a cambiarme, nos vemos más tarde... -digo, sintiendo la necesidad de alejarme un momento, de ordenar mis pensamientos antes de que me sobrepasen.

Él asiente, pero noto la mirada de curiosidad en sus ojos. Sé que él también tiene preguntas, pero ninguno de los dos las formula en voz alta. Hay cosas que es mejor dejar en el aire, al menos por ahora.

Camino hacia mi cuarto, cerrando la puerta tras de mí con un leve suspiro. Apoyo la espalda contra la madera y cierro los ojos por un instante. No sé qué me pasa, pero siento una extraña agitación en el pecho. No es exactamente nerviosismo, pero tampoco es calma. Es algo en el medio, algo que me hace sentir alerta, como si estuviera al borde de descubrir algo importante.




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