-¿En serio es necesario tanto para arreglarme? Sabes que no soy de usar maquillaje, no me gusta -digo, saliendo del baño, mientras Kate coloca un sinnúmero de productos frente al espejo.
-Sí, sí lo es -dice acomodando todo con emoción-. Además, no te pondré mucho, solo rubor, delineador de ojos y un poco de labial. En lo que tardaremos será en el peinado, ya que la "celebración" será de noche, así que no habrá inconveniente con el brillo del sol.
-Vale -digo resignada a una tarde atareada.
(...)
Ahora Kate se está bañando mientras yo me pongo mi vestido. No suelo usarlos, pero en ocasiones especiales hago la excepción. No es que los odie, solo que no son completamente de mi agrado.
Inicialmente, iba a ponerme uno rojo de nuevo, pero Kate insistió en que probara este, y bueno, acepté. No me es indiferente, es lindo y cómodo. Es un vestido azul profundo de varios vuelos, estilo princesa, con escote corazón y la espalda al descubierto. El corset está decorado con bordados plateados que parecen constelaciones, dándole un aire mágico.
Mi cabello rubio platino, largo hasta la mitad de la espalda, lo llevo suelto en ondas suaves, con algunos mechones recogidos a un lado y asegurados con una horquilla plateada en forma de luna.
Kate sale del baño y la ayudo a peinarse. Su cabello castaño oscuro cae en una cascada de rizos pulidos. Se viste con un elegante vestido verde esmeralda de gala, largo hasta el suelo, con un corte en la pierna que le da un toque sofisticado. Como siempre, todo le queda bien, la muy estúpida. Se maquilla de manera sencilla, aplicando una sombra de ojos verde suave y un poco de iluminador.
A pesar de que Kate cumplió su promesa y no abusó del maquillaje en mí, siento que llevo demasiado. Aun así, el resultado no está mal.
Nos ponemos los últimos detalles y entonces me llama la atención el collar que lleva puesto.
-¿Ese es nuevo? -le pregunto, notando el dije.
Ella asiente con una sonrisa boba.
-Sí, me lo dio Marcus antes de volver, con una propuesta de noviazgo -dice frente al espejo, tocando el collar con cariño-. Como los humanos -chilla emocionada-. ¿Verdad que es lindo?
-Hermoso -le digo con sinceridad.
Abro el joyero y saco unos aretes que ella siempre ha querido. Son sus favoritos, pero nunca se los he prestado porque me los dio mi madre. Son unos delicados aros de plata con pequeñas piedras en forma de las primeras fases de la luna.
-Toma, solo esto falta para que estés perfecta -le digo, extendiéndoselos.
Kate me mira sorprendida.
-Pero... te los dio tu mamá -susurra-. Tú deberías usarlos, no yo.
-Tranquila, me pondré otros que me dio papá -le digo mientras se los coloco con una sonrisa.
Ahora estamos listas.
(...)
Ya estamos listas. Como toque final, me coloco unos aretes en forma de rosa negra, los mismos que mi padre me regaló cuando cumplí quince años. Son especiales para mí, no solo porque fueron un obsequio suyo, sino porque representan lo fuerte que me ha enseñado a ser. Combinan perfectamente con mi vestido azul, dándole un contraste elegante y algo misterioso.
Salimos del cuarto y, justo afuera, mi padre ya nos esperaba. Juan se veía imponente como siempre, vestido con un traje rojo oscuro que realzaba su porte autoritario, pero con ese aire protector que siempre proyecta sobre mí. A su lado, Erika irradiaba elegancia con un vestido rojo de gala que le quedaba como si estuviera hecho para ella.
Ahora agradezco no haberme puesto uno del mismo color; habría sido demasiado. Además, el vestido de Erika hacía juego con los aretes que papá le regaló en su aniversario, unos pendientes de rubí que resaltaban el azul celeste de sus ojos.
Su cabello negro estaba perfectamente peinado en una combinación de ondas suaves con mechones lisos, dándole un brillo natural que la hacía lucir más radiante de lo usual.
Mientras observaba la escena, mi mirada se dirigió automáticamente a Marcus, quien ya estaba junto a Kate. Se veía bien, como siempre, pero mi atención fue arrastrada sin remedio hacia Fabricio.
Ahí estaba él.
El traje azul marino que llevaba parecía hecho a su medida, resaltando cada uno de sus rasgos con una perfección casi irreal. Su porte confiado y la intensidad de su mirada hicieron que mi corazón latiera con fuerza en mi pecho. Maldición, mi mate se veía malditamente sexy.
Terminé de bajar las escaleras y saludé a todos con la amabilidad que se esperaba de mí, aunque mis ojos volvían una y otra vez a Fabricio. Cuando finalmente llegué a él, lo saludé con un beso en la mejilla, sintiendo el calor de su piel contra la mía por un breve instante. Luego, sin decir más, nos dirigimos juntos hacia el lugar donde se llevaría a cabo la celebración.
El lugar era impresionante.
Las luces delicadamente colocadas a lo largo del camino creaban una atmósfera mágica. Las mesas estaban decoradas con detalles en color plata y azul, reflejando la luz de la luna que ya comenzaba a brillar en lo alto del cielo. A pesar de los nervios que retumbaban en mi pecho, no podía negar lo hermoso que estaba todo.
Entre saludos y conversaciones cortas, el tiempo pasó más rápido de lo que imaginé. Para cuando me di cuenta, ya era hora de subir al escenario.
Desde mi posición, pude ver a algunos alphas de manadas cercanas junto con sus lunas e hijos. Varios de los jóvenes presentes habían encontrado a su mate esta noche, lo que me llenó de emoción. Saber que pronto algunos de ellos abandonarían sus manadas para estar con la persona que el destino les había asignado me hizo pensar en lo que se venía para mí.
Estaba nerviosa.
Demasiado.
Aun así, cuando mi padre me ofreció su brazo para subir al escenario, me obligué a respirar hondo y mantener la compostura. Juan Moon me guió con firmeza hasta el centro, su presencia transmitiéndome una seguridad que, en este momento, necesitaba desesperadamente.
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Editado: 12.04.2026