Pensar en la posibilidad de que me rechace, no solo por mi historia, sino por la opinión de la manada, me llena de un miedo profundo e impotencia. Aunque el corazón me late con fuerza, sé que lo que está por suceder va más allá de cualquier temor personal. Siento que todo depende de lo que ella decida, de la aceptación que su manada, su familia, le brinde. Cada palabra, cada murmullo que se escucha entre la multitud hace que mi estómago se retuerza, y me pregunto si alguna vez me atreveré a enfrentar este peso. No sé qué hacer con todo este miedo que siento, pero a la vez, no quiero que Paulina vea eso.
De repente, uno de los alphas de una manada vecina se levanta. Con su voz firme, me mira y comienza a hablar.
-Ver cómo pone la felicidad de todos antes que la suya propia es algo digno de admirar -dice, y mi corazón se detiene por un momento. Sus palabras, cargadas de respeto, me inyectan una pequeña dosis de esperanza-. Es algo que muchos no hacen, y por eso, Paulina, cuenta con mi apoyo y el de mi manada. Incluso después de que mi hijo tome el mando de nuestra manada.
Su mirada se dirige hacia atrás, y veo a un joven, también alpha, acompañado por una chica de nuestra manada.
»-Mi hijo ha encontrado a su luna aquí, y no seremos tan crueles de negarle la felicidad. Al igual que mi hijo, él tendrá la suya junto a ella.
El chico, con una expresión seria pero decidida, levanta la voz.
-Estoy de acuerdo con mi padre -dice-. Yo no me opondré, y desde ahora, cuenta con mi apoyo y el de nuestra manada para lo que necesites en el futuro, especialmente ahora que te convertirás en la futura alpha de tu manada.
Las palabras de apoyo de aquellos que nos rodean son como bálsamo para mi alma, y Paulina, emocionada, sonríe agradecida.
-Muchas gracias -dice ella con una dulzura que me hace sentir una paz momentánea, aunque sé que aún hay más por venir.
Luego, el mismo chico que había hablado se levanta una vez más, con su tono de líder y mirada decidida.
-Quien esté a favor de la relación de esta pareja, que levante la mano. Recuerden lo que la Diosa Luna unió, que no lo separen los lobos.
Uno por uno, los presentes levantan la mano, ya sea con respeto o con una sonrisa cómplice. Al principio, parece que son pocos, pero poco a poco, la mayoría de las manadas, tanto de mi propia manada como de las vecinas, alzan las manos. Un eco de aceptación resuena en la sala, y en ese momento, me siento verdaderamente aliviado. La manada no me rechaza, ni a nosotros, y ese es el primer paso para lo que vendrá.
-Muchas gracias, de verdad -dice Paulina, visiblemente emocionada y con los ojos brillando.
-No me agradezcas aún -digo, con una sonrisa nerviosa-. Ahora me toca hablar a mí.
Paulina me mira confundida, pero no puedo evitar sonreír aún más al ver la expresión en su rostro. Me acerco a ella y veo que todos los ojos están sobre nosotros.
»-Aquí, frente a todos los presentes, quiero prometerte algo, Paulina. No soy bueno con las palabras, y nunca pensé que llegaría este momento, pero te prometo a ti y a todos aquí, que te amaré siempre. La miro profundamente, sintiendo que este es el momento en que todo cambia-. Sé que un título no hace falta para nuestra unión, pero quiero hacerlo. Quiero ponerle algo a esta promesa.
Saco la pequeña caja de mi saco, mi corazón a punto de estallar de emoción, y me acerco a ella. Paulina, con los ojos grandes y sorprendidos, me mira.
-¿Qué pasa? -pregunta, su voz algo temblorosa, pero llena de curiosidad.
Con una sonrisa nerviosa, respondo:
-Bueno, sé que no podré marcarte hasta que cumplas diesiocho años, o si no, me matará tu padre -bromeo, causando que la sala se llene de risas. Pero en mi interior, la ansiedad no disminuye-. Pero quiero que todos sepan que, de una manera u otra, eres mía, Paulina Moon.
Abro la caja, mostrando el hermoso collar con la luna menguante y la estrella que brilla como nuestro destino.
»-¿Quieres ser mi novia? -le pregunto, con la voz más suave, aunque el nerviosismo me hace tropezar con las palabras.
Ella se queda en silencio por un momento, sorprendida.
-¿Qué? -dice, sin entender completamente.
-¿Quieres ser mi novia? -repito, esta vez más seguro de lo que siento.
Finalmente, sus labios se curvan en una sonrisa llena de amor y ternura, y sus palabras me llenan de felicidad.
-Sí -responde, con una sinceridad que me hace sentir el peso de la promesa que acaba de aceptar. En ese instante, la sala estalla en aplausos, y ella me abraza con fuerza.
Coloco el collar alrededor de su cuello, observando cómo la joya brilla con la luz de la noche.
»-Tiene el mismo dije que tu pulsera -dice, mirando mi pulsera con asombro.
-Sí -le respondo-. Es para que quede claro que fue la Diosa Luna quien nos unió, y que ningún ser puede interponerse en nuestro destino.
Le beso la frente, un gesto de amor y respeto hacia ella, mientras mis padres se acercan a nosotros, con sonrisas de orgullo.
-Gracias por todo el apoyo que le han dado a mi hija -dice mi padre, con una voz firme y cálida-. Ahora, disfrutemos de la fiesta, que la noche aún es joven.
Con una ovación de todos los presentes, bajamos del escenario, de la mano, mientras las luces brillan a nuestro alrededor.
-Es hermosa -digo, mirando la cadena que adorna su cuello, mi corazón latiendo con fuerza.
-No más que tú -me responde, sonrojándose un poco, mientras sus ojos brillan de felicidad.
Entonces, sin pensarlo, la tomo de la mano y le doy un casto beso en la comisura de sus labios, sellando lo que acaba de comenzar.
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Editado: 12.04.2026