Hermanastros ( I libros )

Capitulo 25 - Paulina

Al final, me quedé dormida esperando que Fabricio viniera, aparentemente, el que él hubiese venido por mi fue un sueño. Me di cuenta cuando desperte un par de horas después y yo seguía en mi habitación, tumbada en la cama. Me cambié la ropa por un pijama y me volví a tumbar en la cama para seguir durmiendo.

Pero ahora desperté por la luz que comenzaba a entrar en mi cuarto. Aun con los ojos cerrados, me molestaba un poco el resplandor. No soy fan de los colores chillones, por lo que siempre intento mantener las cosas en tonos neutros, como el crema, que me resulta mucho más cómodo. Uf, pero el cuarto de Kate... ¡es tan, tan rosa! Todo es un montón de colores chillones que me dan dolor de cabeza. No sé cómo lo soporta.

Despierto completamente, sentándome en la cama mientras el sol ya ha entrado a raudales por la ventana. El sueño se me fue por completo.

Me levanto y voy al baño a hacer mis necesidades, un poco más molesta de lo que esperaba. Salgo del baño y voy directamente al clóset, sacando lo primero que encuentro que me guste. Me pongo una camisa azul y unos jeans blancos, todo bastante sencillo, pero me siento bien. Para completar el conjunto, coloco la cadena que me dio Fabricio, la cual me hace sonreír un poco. Es un pequeño detalle, pero me hace sentir más conectada con él, aunque no pueda evitar preguntarme dónde demonios está ahora.

Salgo del clóset y de repente me percato de algo. ¿Dónde mierda está Fabricio? Pensé, mirando la cama, como si él fuera a aparecer de repente de debajo de las sábanas. Pero no había señales de él.

Con una sensación de incomodidad, bajo rápidamente las escaleras hacia el comedor. Como siempre, pero ahora con una maldita necesidad de estar junto a él todo el maldito tiempo. Algo dentro de mí no podía dejar de pensar en él. Era raro, porque yo siempre había sido bastante independiente, pero ahora...

-Buenos días -dije, besando a mi padre en la mejilla. Me separé y me senté en mi lugar, intentando calmarme un poco.

-Buenos días, princesa -dijo mi papá con su sonrisa habitual. Erika me saludó también, pero no pude concentrarme en sus palabras porque en ese momento, Fabricio bajó las escaleras como si hubiera visto un fantasma.

-¡Aquí estás! -dijo, soltando un gran suspiro como si se hubiera librado de una gran carga.

-¿Y adónde más? -respondí, irritada, mientras tomaba un puñado de jockeys de mi plato. Acababan de colocar la comida frente a mí, pero no tenía hambre. Estaba molesta. -¿Dónde dormiste anoche? -pregunté de manera seca, sin mirarlo, sintiéndome como si todo fuera su culpa, aunque no tuviera razón para sentirme así. -Me quedé dormida esperándote -dije, mientras él se acercaba a mí y me besaba los labios.

Pero yo aparté la cara rápido, aún molesta. Luego se sentó a mi lado, como siempre, pero algo en el aire esta vez era diferente. Yo estaba molesta con él, y eso lo sentía en cada fibra de mi ser.

-Estaba terminando algo -dijo con una sonrisa, como si todo estuviera normal, y eso me molestó aún más.

-¿Y por qué no fuiste a dormir cuando terminaste? -pregunté, con los dientes apretados. Él se rió, como si fuera todo un chiste, y eso solo me hizo sentir más frustrada.

»-Sabes qué, jodete -respondí, levantándome de la silla y subiendo las escaleras rápidamente, sintiendo que no podía más con esa situación. Me fui a cepillar los dientes, algo que de por sí ya hacía en automático, pero esta vez lo hacía con más rabia que nunca.

Una vez que terminé de cepillarme, volví al comedor, pero ya no estaba Fabricio. ¿Y ahora a dónde mierda se metió? pensé mientras me sentaba de nuevo a la mesa, intentando calmarme. Estaba tan bipolar que ni yo me entendía. Star, que no me ayudaba en nada con su insistencia de que quería estar con él, solo empeoraba las cosas.

»-Me voy -dije, tomando mi bolso de la silla cerca del comedor.

-Fabricio pidió que lo esperaras -dijo Erika desde la mesa, y su tono de voz fue tan tranquilo que me hizo querer gritarle.

-No, que se joda -respondí, tomando mi bolso con más fuerza. -Él estaba muy divertido esta mañana, así que ahora se atiene. ¿Le parece chistoso que me preocupe? -No terminé la frase. -Saben qué, olvídenlo. Me voy, nos vemos después del instituto... -dije, echando a andar hacia la puerta sin mirar atrás. Había algo dentro de mí que no podía seguir esperando. Ya no podía seguir esperando que me diera explicaciones.

(...)

Llegué al instituto, me bajé de la moto y quité el casco, solo para tener a Kate enrollada en mi cuello en el instante siguiente.

-Hola -dijo sonriente, como siempre, con esa energía que me levantaba el ánimo.

-Hola -respondí, bajándome de la moto. -Hoy iré a tu casa después de clases y probablemente me quede a dormir... -dejé la frase en el aire, esperando que aceptara sin hacer demasiadas preguntas, ya que ni yo misma sabía qué demonios me pasaba.

-Vale -respondió sonriente, agradecida. Justo cuando terminó, se detuvo al ver a Fabricio estacionar su carro. Rápidamente, bajé de mi moto, la tomé del brazo y corrimos hacia el instituto.

»-¿Qué pasa? -dijo Kate, jadeando después de los jalones que le di, hasta llegar a los casilleros.

-Nada -dije guardando el casco en su casillero-. Bueno, no sé -confesé, sintiéndome algo frustrada-. Estoy molesta con él... Ayer me hizo esperarlo hasta tarde, y esta mañana se burló de mí por preguntar por qué había tardado tanto y... preocuparme -suspiré cansada, sintiendo cómo la molestia me seguía dando vueltas en la cabeza.

-Vale, en mi casa me cuentas mejor. Ahora vamos a clases antes de que se acerque él -dijo Kate, señalando hacia atrás. Lo miré y vi a Fabricio acercándose a nosotras. Azoté la puerta del casillero, haciendo que se cerrara de golpe, y luego salí corriendo, escuchando la risa de Kate mientras me alejaba. Intenté no mirar atrás.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.