Hermanastros ( I libros )

Capitulo 26 - Fabricio

-¿Pero qué mierda? -exclamé al ver que Kate ya no estaba.

Me quedé mirando el pasillo vacío, sintiendo cómo mi frustración aumentaba de golpe, como un torrente imparable. Era como si el universo entero conspirara en mi contra, burlándose de mis intentos de hacer las cosas bien. Un sabor amargo se formó en mi boca. ¿Por qué todo estaba tan complicado últimamente con Paulina? Cada vez que intentaba hacer algo bien, todo terminaba en un desastre. Era como si la vida se empeñara en recordarme que no importaba cuánto esfuerzo pusiera, siempre habría algo que saldría mal.

Apoyé la espalda contra la pared y pasé una mano por mi rostro con exasperación, tratando de encontrar un sentido a todo esto. Sabía que Paulina estaba molesta conmigo, pero ver que Kate también se había ido me hacía sentir aún más la gravedad de la situación. Suspiré, sintiendo el peso de mis propios errores sobre mis hombros.

-Te dije que sería un huracán -dijo Marcus, acercándose a mí con una sonrisa algo burlona en el rostro, como si todo esto fuera un juego para él. Su tranquilidad me exasperaba. -Además, ¿qué le hiciste para que esté molesta? -preguntó, frunciendo el ceño con una mezcla de preocupación y confusión.

Las palabras de Marcus me golpearon de lleno. No porque no supiera la respuesta, sino porque decirlo en voz alta lo hacía aún más real. Tragué saliva, sintiendo un nudo en el estómago.

-La dejé esperándome hasta tarde y no dormí con ella en el cuarto -confesé finalmente, notando cómo la culpa se filtraba en cada palabra. Ahora que lo decía en voz alta, sonaba mucho peor de lo que había imaginado en mi cabeza. -Estaba terminando la sorpresa, pero se me hizo tarde... muy tarde... -mi voz se volvió algo vacilante mientras las imágenes de la mañana inundaban mi mente. Paulina, con el ceño fruncido, los brazos cruzados y ese brillo dolido en los ojos cuando me preguntó por qué había tardado tanto. Había tristeza en su mirada, pero también desilusión, y eso era lo que más me dolía.

Me pasé una mano por el cabello, frustrado conmigo mismo.

-Además, esta mañana, cuando me preguntó, no pude evitar reír... se veía tan tierna, reclamando cosas tan triviales... -reconocí en voz baja, pero al decirlo me di cuenta de lo estúpido que había sido. En el momento, me había parecido adorable, pero ahora entendía que lo único que había logrado con mi risa era minimizar lo que ella sentía. No era un capricho. Era su dolor. Y yo me había reído de ello.

Marcus me miró como si acabara de decir la cosa más absurda del mundo. Su expresión pasó de la burla a la exasperación en cuestión de segundos.

-Estás loco -dijo, alzando la voz casi en forma de gritos. -Sabes cómo son las mujeres y más ella... Si sigues así, morirás pronto -su mirada era severa, como si estuviera hablándole a un niño que acababa de hacer algo completamente irresponsable. Y en cierto modo, así me sentía. Como un idiota que no había sabido manejar la situación.

Me crucé de brazos, sintiendo un peso en el pecho.

-La entiendo... ¿cómo la dejas esperando hasta tarde? ¿Y cómo duermes en otro cuarto? -añadió con tono de reproche. -Su conexión de mates los hace dependientes el uno del otro desde que se encuentran mutuamente y se reconocen... ¿No te pasó eso por la cabeza?

Mis entrañas se retorcieron al escucharlo. Claro que lo sabía. Mi lobo lo sabía. Lo sentía. Desde que conocí a Paulina, cada instante que pasaba lejos de ella se sentía como un vacío insoportable. Y aun así, la había dejado sola.

Mi lobo estaba inquieto, deseando estar cerca de ella, y eso solo lo complicaba más. Sentía que cada fibra de mi ser exigía buscarla, pedirle disculpas, explicarle todo, pero sabía que no podía apresurar las cosas. No sería tan fácil. Tenía que demostrarle que realmente la valoraba. Y la pregunta era, ¿cómo?

-Necesito una forma de recompensarla -murmuré, como si hablara conmigo mismo. Mi mente trabajaba a mil por hora. Quedarme de brazos cruzados no era una opción. Tenía que demostrarle que me importaba, que lo que sentía por ella iba mucho más allá de una simple atracción. Quise golpearme por no haber pensado antes en esto.

Marcus me miraba con los brazos cruzados, esperando que llegara a la conclusión obvia. Finalmente, lo hice.

-Kate me dijo que pasaría la tarde con Paulina, así que le pediré que la lleve a un lugar, y tú me ayudarás a montar ese lugar... Solo espero que todo esté a tiempo.

Marcus me miró en silencio durante unos segundos, como si estuviera evaluando mi solicitud. Finalmente, asintió con una sonrisa confiada.

-Tienes suerte de que te esté ayudando -dijo con una sonrisa burlona, pero en el fondo sabía que estaba de mi lado. -No te preocupes, lo tendremos listo.

En ese momento, por primera vez en toda la noche, sentí que había una posibilidad de enmendar mi error. Pero sabía que esto no solo se trataba de una sorpresa, sino de demostrarle con hechos que era digno de ella. Y no iba a fallarle esta vez.




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