Hermanastros ( I libros )

Capitulo 27 - Paulina

No sé cómo vergas me molesto tanto no tenerlo cerca... Antes no lo quería ni vivo y ahora...

Golpeé la pared del baño con frustración, mi respiración algo agitada. Me quejé en voz baja, como si decirlo en voz alta pudiera hacer que todo fuera menos complicado. Sentía una presión en el pecho, un ardor en la garganta, como si algo dentro de mí estuviera tratando de salir, como si mi loba rugiera exigiendo su presencia. La rabia y la impotencia se mezclaban en mi interior de una forma que apenas podía soportar.

-¿Qué me hiciste, Fabricio? -murmuré, sintiendo el peso de la confusión y el enfado crecer dentro de mí.

Cada vez que intentaba ignorarlo, la conexión me quemaba desde adentro. Como brasas ardiendo en mi piel, como una corriente eléctrica que me atravesaba cada vez que no lo tenía cerca. Y eso me jodía. Me jodía demasiado. ¿Cómo era posible que mi cuerpo lo buscara cuando mi mente aún se aferraba al odio que le tenía? Era como si estuviera atrapada en una jaula de sentimientos contradictorios, donde la lógica y el instinto libraban una guerra sin tregua.

Estaba en el almuerzo, escapando un poco de Kate, necesitando unos minutos para procesar lo que estaba pasando. Todo en mi interior estaba hecho un caos, y la sensación de vacío en mi pecho me carcomía con cada segundo que pasaba sin él. Odiaba esto, odiaba sentirme así de débil, de vulnerable. Pero no podía evitarlo.

De repente, la puerta del baño se abrió y, al principio, no la reconocí. Pero cuando vi que era Kate, mi amiga, no pude evitar relajarme un poco.

-¿Estás bien? -me preguntó, acercándose con esa sonrisa característica, preocupada.

-Sí, solo quiero que acaben pronto las clases para irnos -respondí, tratando de contenerme. No quería preocuparla más de lo necesario. Pensé en algo que podría alegrarla un poco-. Le pedí a uno de los chicos que trajera otro casco para ti.

Kate asintió y me ofreció su sonrisa más amplia.

-Claro, vamos a almorzar, que muero de hambre -dijo mientras me tomaba del brazo y salíamos del baño, aunque yo seguía con la mente puesta en lo que había ocurrido.

(...)

Finalmente, salimos del instituto, y cuando llegamos a mi moto, ahí estaban. Sora y sus perritas falderas, acercándose como siempre, con esa actitud de superioridad que me molestaba tanto. Pero esta vez era diferente. Me sentía molesta, y ni siquiera quería mirarles la cara.

Sora me miraba, y aunque sus amigas se mantenían a distancia, podía sentir el miedo en ellas. Su aroma a temor se mezclaba con el aroma a los demás estudiantes que pasaban curiosos mirando de reojo la escena, y mi loba se sintió satisfecha con ese aroma a miedo.

Después de todo, había tenido un día de mierda.

Volteé a mirar a Kate, ella se encogió de hombros mirándome, su expresión lo decía todo: "Si quieres matarla, no me meteré. Ella se lo está buscando". Sonreí de medio lado, sin poder evitarlo.

-¿No que lo odiabas? -dijo Sora, y me hizo reír levemente-. Todo era una maldita fachada. A ver, dime, ¿cuántas veces te has acostado con él?

Su comentario comenzó a picarme, pero estaba tan molesta que no podía aguantar mucho más.

Sora me miró con una sonrisa sarcástica y me lanzó palabras que me hicieron hervir la sangre.

-Si aprecias tu patética vida, te irás de aquí -dije, con voz fría y sin ganas de seguir discutiendo. Pero Sora no se detuvo. De hecho, parecía disfrutar de mi molestia.

-Claro, por eso eras así conmigo -dijo, con tono de burla-. Estabas celosa de mí, de que yo estuviera con él, de que él me besara a mí, de que se acostara conmigo. Son tantas las veces que me memoricé cada rincón de su lindo cuerpo.

Esas palabras eran como puñales, pero mi loba rugió en mi interior. Mantuve el control, aunque la furia me recorría las venas. No iba a darles el placer de verme perder los estribos.

-¿Y cuál es el privilegio? -le respondí con sorna, sonriendo para esconder lo que realmente sentía. -Escúchame bien, Sora: Si no fuera por la Diosa Luna, todo seguiría igual entre ese pedazo de mierda y yo. Si estoy con él, es porque la maldita conexión de mates me obliga a amarlo desde que mi loba lo reconoció como tal... Si por mí fuera, mi mate sería otro. Incluso humano me hubiera valido. Pero si la Diosa Luna me lo puso a él, es por algo. Así que, ve a ladrar a otro lado si no quieres que te corte la lengua para no tener que escucharte... Mi loba te arrancaría la cabeza con todo gusto -dije con una sonrisa cínica, lanzándole una mirada de desafío.

Sora se quedó quieta por un momento, su rostro cambiando de color, y su sonrisa desapareció. En lugar de responder, me lanzó una última provocación.

-¿Entonces, por qué no lo rechazas? -preguntó, su voz cargada de veneno.

Sabía lo que quería, podía oler a Fabricio acercándose. Quería que lo lastimara, que me descontrolara y que todo se fuera al carajo. Pero no le daría ese gusto. Aunque no estábamos bien, no quería arruinarlo todo con él ni con su lobo.

-¿Será porque lo amo? -dije, mi voz más tranquila que antes. Ella se quedó muda, y su sonrisa se desvaneció al instante. -¿Será porque es mi vida y ahora no puedo estar sin él?, ¿Será porque tengo la maldita necesidad de estar con él todo el tiempo?, ¿O tal vez será porque no quiero que sufra por el rechazo? -terminé, sonriendo de manera confiada mientras ella echaba humo por las orejas.

Sora pareció transformarse, sus ojos brillaron con furia y su cuerpo comenzó a cambiar. Sabía lo que iba a pasar.

Y así, con un gruñido de rabia, se transformó y me atacó.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.