La loba de Sora está sobre mí, sus garras hundiéndose profundamente en mis hombros, provocando una presión aguda que me hace apretar los dientes. El dolor es intenso, pero también algo más: una furia que arde en mis entrañas. Mis pensamientos se nublan momentáneamente con la rabia, pero no puedo dejarme llevar. No frente a los demás, no ahora.
-Vaya, pero qué maleducada -dije, mi voz saliendo en un tono calmado, casi burlón, a pesar del dolor. Sin pensarlo, me giro rápidamente y la empujo con fuerza, quitándola de encima de mí. Cada músculo de mi cuerpo está tenso, y aunque mi cabeza grita que la destruya, me obligo a mantener la compostura. No quiero que esto escale, pero el desdén por su actitud es tan fuerte que no puedo dejarlo ir sin mostrarle que no me intimidará.
-¿No sabes que interrumpir conversaciones ajenas es de muy mala educación? -la ironía en mis palabras es palpable, pero ella no parece importar mucho. Gruñe aún más, esa irritante rabia que arde en su interior se proyecta a través de su cuerpo transformado. Siento una incomodidad creciente, pero me obligo a mantener la calma. No puedo caer en su juego.
Me separo de ella, y una sonrisa amplia se forma en mi rostro, como si estuviera disfrutando de la situación, aunque sé que no es el caso. Lo que siento por dentro es puro veneno, pero lo disfrazo con una fachada de desprecio.
-No quiero hacerte daño... Bueno, sí, pero haré de cuenta que no has hecho nada y me iré a casa con mi NOVIO -digo, como si las palabras solas fueran una victoria. Dirijo una mirada desafiante hacia Fabricio, quien me observa con una sonrisa de aprobación, aunque sé que hay algo en su mirada que está preocupándose. No le doy mucha importancia. Lo que siento por él ahora es complicado, pero al menos no está aquí para interferir con lo que sé que es mío.
Pero antes de que pueda dar un paso más, Ester se lanza hacia mí nuevamente. Un gruñido se escapa de mi garganta mientras me preparo para el siguiente enfrentamiento.
-¡Ay, pero qué pesada! -exclamo, frustrada, mientras con un rápido movimiento le doy una patada en las costillas. El sonido del impacto resuena en el aire, y me hace sentir una pequeña satisfacción ver cómo se queja. La lanzo un poco lejos y, por un momento, siento una especie de liberación al ver que está en su forma humana nuevamente. Puedo respirar, pero sé que no ha terminado. Algo dentro de mí me dice que esto es solo el principio.
-Estúpida omega -escupo las palabras como si fueran ácido. La ira dentro de mí hierve, y no puedo controlarlo. Me siento llena de odio por ella, por su insolencia, por el hecho de que se crea lo suficientemente importante como para desafiarme. No importa que haya sido la ex de mi mate, no importa que esté tratando de recuperarlo. Lo que me importa es que ella no sabe lo que es tener una verdadera conexión, no sabe lo que es ser la única que puede sentir esa necesidad ardiente de estar cerca de él, de protegerlo a toda costa.
-Te crees mucho por ser la ex de mi mate, pero adivina qué, ya sabía que es un maldito mujeriego, y todas esas mierdas que me dijiste -mi voz tiembla con rabia, pero las palabras siguen saliendo con más facilidad de lo que me gustaría. Es extraño cómo la furia puede hacer que te sientas más fuerte, más capaz, incluso cuando sabes que algo en tu interior está fracturado. La conexión que tengo con él es algo más profundo, y no puedo dejar que nada, ni nadie, lo destruye.
Pero la realidad me golpea de nuevo. Ya no puedo alejarme de él, lo sé. No por la razón que debería ser, sino por esa maldita conexión de mates que me obliga a quedarme. Aunque me duela aceptarlo, no hay marcha atrás.
-Por la conexión de mates, así que te resignas, que ya no eres su zorra de turno -mi tono se vuelve aún más cortante. Puedo sentir la mirada de desprecio que me lanza, pero no me importa. Ella ya no tiene poder sobre él, y me niego a dejar que piense que puede recuperar algo que ya no le pertenece. Lo peor de todo es que sé que ella aún no lo entiende, y esa es la razón de mi furia.
Le pateo las costillas nuevamente, más fuerte, y luego, con una mirada que podría derretirla, le digo lo que realmente pienso:
-Te alejas de MI mate; ya es la segunda vez, pero no habrá tercera, así que no le busques tres pies al gato -cada palabra está cargada de una furia primitiva que no puedo controlar, pero lo hago. Necesito hacerle entender, con cada palabra, con cada gesto, que no permitiré que se acerque a él.
Me giro hacia los demás, mirando a cada uno de ellos con la misma frialdad, y lo que digo a continuación no es solo para ella.
-Y esto va para todos: si me llego a enterar que le están coqueteando, no tendré piedad, ya que Eso Es Una Falta De Respeto A Su Alpha... ¿entendido? -mi voz sale fuerte, autoritaria, y puedo ver cómo todos bajan la cabeza en señal de sumisión. ¿Es esto lo que soy ahora? ¿Una líder que se impone de esta manera? Me repelen a veces estas actitudes, pero también me dan una sensación de poder. No quiero ser esa persona, pero en este momento, es lo que tengo que ser.
Los chicos murmuran un "sí" en respuesta, y yo les lanzo una mirada fulminante. Siento el peso de mi poder, pero también el de mi vulnerabilidad. Estoy herida, agotada, y mi alma está desgarrada por la rabia que siento, pero sigo adelante.
Recogo la chaqueta y la camisa que había dejado en el suelo, mi mente dando vueltas mientras me dirijo hacia Kate. Ella está junto a Marcus, pero no me importa demasiado. Fabricio, siempre tan tranquilo, me sonríe, y yo respondo con una sonrisa tensa. ¿Por qué me siento tan confundida? No estoy segura, pero sé que el caos de este día no es lo peor que podría haberme sucedido. Lo peor es que mis emociones están completamente desbordadas, y no sé si puedo confiar en nadie, ni siquiera en mí misma.
Me acerco a Fabricio y, sin pensarlo, le doy un beso en la boca. Es un beso apasionado, necesitado, un beso que refleja toda la furia acumulada, la frustración que no puedo liberar de ninguna otra manera. Mi cuerpo responde automáticamente, buscando algo, alguien que me haga sentir algo que no sea esta vorágine interna. En ese momento, soy yo la que lleva el control, como si solo en ese acto pudiera encontrar algo de paz. Nos separamos por falta de aire, y cuando nuestras respiraciones se estabilizan, me alejo de él, tomando mi casco.
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Editado: 15.07.2026