Me desperté de repente cuando Kate me levantó y me empujó hacia el baño. Aún medio dormida, comencé a buscar algo cómodo para ponerme. Decidí ponerme un vestido color crema que me llegaba hasta la mitad del muslo. El vestido tenía un fajón negro con muchas perlas, y las tiras del vestido coincidían perfectamente con el fajón. Era escotado, pero elegante. Me sentí bien con mi elección, algo sencillo pero bonito.
Kate, mientras tanto, me maquilló de manera casual: un poco de base, un toque de delineador y un labial discreto. El maquillaje resaltaba mis rasgos sin ser demasiado llamativo.
Kate, por su parte, eligió un look audaz. Se puso una camisa ombliguera de color rojo vino, con un escote pronunciado. Encima, llevaba una tela de encaje del mismo color que cubría sus brazos, creando una mezcla de sensualidad y elegancia. Combinó perfectamente con un short de tela negra, corto, que le daba un aire rebelde y sofisticado.
Cuando estuvimos listas, salimos de la casa y subimos a un auto rojo brillante. Me sorprendió al verlo.
-No sabía que tenías auto -le dije, aún sorprendida.
-No es mío, es de mi papá -respondió, desenclavando el auto-. No está en casa, así que lo tomaré prestado.
El auto rugió mientras comenzábamos a conducir por las calles. No tenía idea a dónde íbamos, pero Kate parecía emocionada, lo cual me hizo pensar que algo grande se estaba preparando.
Después de un rato, llegamos a un lugar que no se veía para nada como un antro.
-¿A dónde vamos, Kate? -le pregunté, algo confundida.
-Póntelo -me dijo, entregándome una venda para los ojos. La miré con incredulidad.
-¿Qué? ¿Por qué? -pregunté, pero ella insistió.
-Tranquila, solo póntelo.
Suspiré y, sin poder hacer mucho, me coloqué la venda. Pasaron algunos minutos y luego el auto se detuvo. Sentí el motor apagarse y escuché el sonido de Kate saliendo del vehículo. Me pidió que esperara dentro.
-Espera aquí -dijo, antes de bajarse del auto.
Estuve sola por un momento, sintiendo una mezcla de emociones. De repente, mientras Kate me guiaba por un camino, sentí un aroma familiar que me hizo sonreír. Era Fabricio. A medida que avanzábamos, una sensación extraña me invadió, una mezcla de nerviosismo y emoción.
Kate se detuvo de repente y me soltó el brazo, alejándose un poco.
-Espera, traidora, ¿dónde vas? -grité, molesta, sin saber qué estaba pasando. En ese instante, alguien más se acercó.
-Si te acercas, te mato -le advertí, aunque mi tono estaba lleno de incertidumbre.
-Tranquila -dijo la voz familiar de Fabricio, tomándome del brazo con suavidad-. Vamos.
Lo miré sorprendida y, sin decir palabra, me dejé guiar por él. Caminamos unos pasos más, y me indicó que debía esperar.
-Cuando diga, abres los ojos, ¿Sí? -me dijo, su tono era suave pero lleno de expectación. Asentí con la cabeza, mientras él me quitaba la venda de los ojos.
Contuve la respiración mientras caminábamos unos pasos más. Finalmente, me indicó que abriera los ojos. Al hacerlo, me quedé sin palabras, completamente sorprendida por lo que vi.
Una mesa para dos estaba colocada bajo un árbol frondoso. Las ramas del árbol estaban adornadas con luces blancas que caían como si fueran estrellas, junto con algunas farolas que daban una luz suave y cálida. El cielo, justo detrás de la mesa, se veía increíblemente hermoso, como un fondo perfecto para este momento.
Me quedé muda, incapaz de procesar lo que veía.
-Es... -logré susurrar, sin poder decir nada más.
Fabricio, al ver mi silencio, bajó un poco la cabeza, triste.
-¿No te gusta? -preguntó con una voz algo apagada, como si fuera a decepcionarse.
-No, no, no... ¡Me encanta! -respondí rápidamente, corriendo hacia él y abrazándolo con fuerza. No quería que pensara que no me gustaba, porque estaba totalmente encantada con lo que había preparado.
-Qué bueno -dijo, pegando su frente a la mía-. Lamento lo de anoche. Estaba terminando algo importante, me entretení más de lo que esperaba en la fiesta de ayer y me retrasé mucho.
-Está bien -le dije, con una sonrisa tranquilizadora-. No importa. Lo que importa es esto.
Nos quedamos un momento en silencio, disfrutando de la cercanía, rodeados por la belleza del lugar. Sabía que esto era algo especial, y me sentía agradecida de estar aquí con él.
(...)
Después de un rato, ya habíamos cenado y estábamos bailando, disfrutando de la noche. La música suave nos envolvía mientras nos movíamos al compás, olvidándonos del resto del mundo. En un momento, Fabricio se separó de mí y, de repente, sacó algo de su saco.
-¿Y eso? -le pregunté, frunciendo el ceño y mirándolo con curiosidad.
Él sonrió de manera misteriosa y me extendió una pequeña caja, que tomé de sus manos temblorosas. Mi corazón latía rápidamente, sin saber qué esperar. Cuando la abrí, vi un objeto que me dejó sin palabras.
-Es una perla de mármol -dijo, su voz suave y llena de cariño-. La hoja es por la conexión que tienes con la naturaleza...
Miré la prenda detenidamente, sorprendida. Era una hermosa perla blanca con detalles en la hoja, que brillaban tenuemente a la luz de las velas.
-Pero ya uso esta -le dije, mostrando la perla que llevaba puesta-. ¿Cómo voy a usar ambas?
Él sonrió, pero su mirada era tierna, casi emocional.
-No es necesario -respondió suavemente-. Esta la usas siempre. Y esta... esta se la daremos a nuestra futura hija -dijo con entusiasmo, sus ojos brillando al imaginar ese futuro.
Mi respiración se detuvo por un momento. La idea de tener una familia con él, de construir un futuro juntos, era algo que me llenaba de felicidad.
-Por el momento consérvala -continuó él-. Es un presente para ti, para simbolizar que llegaremos a un futuro con cachorros, y seremos felices a pesar de todo lo que hemos pasado.
Sentí una emoción tan grande que no pude evitar acercarme a él, tomándole el rostro con mis manos, y lo besé. Era un beso lento, lleno de amor y promesas de un futuro mejor. Todo parecía perfecto en ese instante.
#280 en Fantasía
#1641 en Novela romántica
amor celos dolor mates, hermanastros romance enemies to lovers, mate luna vampiros hombre lobo
Editado: 15.07.2026