Hermanastros ( I libros )

Capitulo 36 - Fabricio

¡Mierda! El mismo hombre con el que peleó Paulina aquella vez... Está rodeando a unos cachorros, ¡a los mismos cachorros que ella defendió la primera vez!

¿Qué mierda tiene que ver con los cachorros?

Me acerco a él, gruñendo para llamar su atención.

-Oh, hola -dijo con una sonrisa cínica-. Gracias por venir. Me has hecho las cosas mucho más fáciles, para ser honesto. ¿Quién lo diría? Tú eres el "mate" de la niña -meneó su cabeza de un lado a otro mientras me miraba fijamente.

-¿Qué quieres, bastardo? -escupí, mi voz llena de odio mientras apretaba los puños con fuerza.

-Oye, calma -dijo él, sin perder la sonrisa ladina-. Sabes, Paulina tiene un cuerpo muy bonito. Sería una gran reina. MI reina -las palabras me hicieron hervir de rabia. No lo pensé ni un segundo, y me lancé hacia él con furia. Mientras tanto, él seguía sonriendo, como si todo fuera un juego. Con un gesto de su mano, sentí un dolor agudo en mi lomo. Al girarme, vi a un vampiro inyectándome algo que no pude identificar.

Comencé a sentirme mal, y antes de poder reaccionar, caí al suelo, transformándome involuntariamente en humano.

-Era plata pura -dijo él con tono indiferente, como si estuviera contando algo trivial-. Gracias a ti, ahora podré llevarla a donde realmente pertenece, a ese lugar del que la alejaron cuando era niña... Si no fuera por mi hermana, ella habría crecido allí, conmigo, a mi lado...

-¿Qué mierda dices? -dije en un susurro, pero mi voz sonaba cargada de furia.

-Que si ella no viene conmigo -se acercó aún más, sus palabras frías y calculadoras-, tú, los mocosos y toda la maldita manada morirán. Y, ¿sabes qué? Si no lo hace, no te inyectaré el "antídoto" para que no mueras... Ahora -dijo, alejándose de mí-, ¡lleváoslo!

Varios hombres me agarraron, y no pude hacer nada. Estaba demasiado débil, mi cuerpo no respondía.

De repente, el familiar aroma de Paulina llegó a mi nariz, y un impulso irracional me hizo tratar de escapar. Esto resultó en que uno de los hombres que me tenía agarrado cayera al suelo, muerto, pero ellos me golpearon y sometieron con violencia hasta dejarme medio muerto. Me agarraron de nuevo. Podía oír la voz de Paulina, llena de rabia, pero no me veía.

-¡DEJADLOS, MALDITOS HIJOS DE PUTA! -gritó ella, dirigiéndose a ellos con furia.

-No deberías hablarme así -respondió él, su voz cargada de desdén, acercándose a los cachorros. No podía hacer nada, la impotencia me devoraba.

-¡ALEJATE DE ELLOS! -gruñí con todo mi ser, mi tono autoritario resonando en el aire.

-Mmmmmmm... -el chupasangre hizo una pausa, pensativo-. Hagamos un trato -dijo, mirando a Paulina mientras separaba a los cachorros.

-¿QUÉ QUIERES? -respondió ella, de repente seria, pero también algo distante. Estaba hablando con Star... maldita sea, ¡no puede verlo!

-Bueno... El trato es: los mocosos o... -hizo un gesto con las manos, y yo me vi forzado a acercarme a él.

-¡NO, NO, NO! -gritó Paulina, con la voz quebrada, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. La desesperación era palpable en su rostro-. ¡NO MIERDA!

-O... -continuó él, su mirada fija en Paulina, quien no podía apartar la vista de él-. Tú.

Una risa amarga escapó de su garganta, y su rostro se iluminó con un brillo cruel.

»-¿Estás loca, cierto? -rió, disfrutando cada palabra-. Claro, si no lo haces, él morirá. Le inyecté plata pura, y a menos que le inyecte el antídoto, morirá en menos de media hora.

Ella lo miró con odio, sus ojos llenos de rabia contenida.

-Está bien -dijo, entre dientes, apenas un susurro, pero lo suficientemente claro para que él lo escuchara.

-¡NO! -grité con toda la fuerza que me quedaba, forcejeando con los hombres que me retenían.

-Primero el antídoto, segundo, dejas a los niños cuando estén a salvo, tus hombres abandonan la manada, y por último... me voy contigo -dijo Paulina, con voz fría y decidida, sin titubear ni un segundo.

-¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó el chupasangre, con una ceja levantada, mirando a Paulina con desconfianza.

-Salto de fe -respondió ella, levantando una ceja, y luego dio un paso atrás. En ese momento, se transformó, y su aullido retumbó en el aire, dando la señal para que todos se detuvieran. Los vampiros cesaron su lucha, y el maldito chupasangre sonrió, mientras ella me miraba a mí.

-Perdóname -dijo Paulina en un susurro, su voz quebrada por la tristeza, al enlace de mi mente-. No podremos cumplir ese hermoso sueño.

-¡NO! -grité tan fuerte que sentí como si mi garganta se desgarrara.

-Hazlo -gruñó ella, sus palabras llenas de dolor. El vampiro se acercó a mí con una jeringa, y me inyectó sin ningún tipo de remordimiento.

-Listo -dijo él con una sonrisa sádica, mientras un hombre lobo se acercaba a Paulina con ropa para ella. Ella se destransformó rápidamente, cubriéndose con lo que le dieron: un buzo holgado gris y un top negro que dejaba ver su ombligo.

Ella salió detrás del lobo, caminando hacia nosotros.

-Lo segundo -dijo ella con firmeza, y los niños comenzaron a correr, excepto uno, un pequeño de ojos miel.

-¡NO! -gritó el niño, sollozando con lágrimas en los ojos.

-Por favor -dijo Paulina, pero el niño seguía negándose-. ¡ES UNA ORDEN! -gritó con voz de alpha. El niño tembló de miedo, y a regañadientes, dio un paso hacia el hospital.

-N-no... -murmuró el niño, apenas audible.

-¡MALDITA SEA, MUEVETE! -gritó Paulina, histérica. El niño corrió hacia el hospital, y ella dio una orden con firmeza-. ¡Tus hombres! -les dijo, mientras contenía sus lágrimas.

Los vampiros comenzaron a salir de la manada, y solo quedó él. Se escucharon varios gruñidos a lo lejos. Ella les lanzó una mirada feroz y les ordenó:

-¡NO SE METAN! -les gritó a los que gruñían-. ¡Dejadlo!, ¡Que esos se vayan!

Los hombres me tiraron hacia el suelo, y Paulina me levantó, las lágrimas cayendo de sus mejillas. Un dolor profundo me atravesó al ver cómo sus ojos se llenaban de sufrimiento.




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