Hermanastros ( I libros )

Capitulo 45 - Fabricio

Mi mamá tiene razón, pero no puedo quedarme así. Ella tiene razón...
Pero, ¿qué carajo me pasa? No puedo quedarme parado esperando a que alguien haga algo. Ella me necesita.

—¿Sos imbécil o qué? —reprende mi lobo, que parece estar perdiendo la paciencia—. Ella jamás diría eso, fue una maldita pesadilla… ¡¿CAPTAS?!

—No parecía eso, fue tan real... —digo, pasando mis manos por mi cara, desesperado. Todo esto me quema por dentro. Cada vez que pienso en lo que podría pasarle a Paulina, siento que mi corazón se aprieta más.

—Si a ella le pasa algo y tú no haces nada para salvarla, juro por mi existencia que te haré tu maldita vida imposible —me amenaza, enfadado—. Al menos intenta, ¡estúpido! Tienes que rescatar a mi mate... Mi luna... Mi vida... ¡PERO MOVETE CABRÓN! —grita, y corta el vínculo.

Maldito imbécil... Pero tiene razón. Tiene razón... —suspiro y, decidido, me levanto. Salgo fuera de la casa y allí está mi papá, rodeado por un grupo enorme de hombres, conversando. Escucho una de las preguntas provenientes de los presentes.

—El Luno Fabricio... —escucho, mientras me acerco a la puerta.

—JA, pasaste de Alpha a Luno —se burla alguien.

—Cállate, que vos también... —murmuro, cerrando el vínculo mental con mi lobo, que sigue regañándome por dentro.

—¿Se puede saber cómo está? —continúa el mismo hombre, que parece preocupado—. Nos preocupa, es la pareja de la señorita Paulina... ¿Ayudará en su búsqueda? —pregunta, esperando mi respuesta.

Mi padre interviene antes de que pueda decir algo.

—No sabría responder su pregunta... —dice, mirando hacia el suelo con una mueca triste—. Pero sí, es el más afectado de todo esto...

Salgo afuera sin dudarlo, decidido a hacer lo que sea necesario.

—Lo estoy... —digo, tomando una bocanada de aire, llamando la atención de todos los presentes. Los hombres se callan, mirándome expectantes—. Pero la salvaré, así sea lo último que haga. —mi voz suena firme, decidida. Mis ojos se llenan de una intensidad que solo Paulina y yo compartimos. Mi padre me observa desde el otro lado, sonriendo levemente, pero su mirada rápidamente se endurece al dirigirse a los hombres.

—Salvaremos a mi hija y su futura alpha —dice, con la misma determinación en su voz—. No hay espacio para fallos ni errores.

—¡Sí, Alpha! —responden todos al unísono, con la misma convicción en la que me encuentro.

De repente, mi mente se llena de la voz de Paulina, aquella voz que tanto quiero escuchar.

—¡Maldita sea, me escuchas! —grita en mi cabeza, llena de preocupación.

—¡Paulina! —digo, emocionado, una sonrisa tonta se dibuja en mi rostro de inmediato. Es ella. ¡Es ella!

—No, la Juana... Quería preguntarte si le haces un hijo —dice, sarcástica, haciéndome reír un poco.

—¿Quién es Enrique? —le pregunto, desconcertado.

—¿Es en serio? —responde con burla, pero también algo de enojo—. ¡Ash... Olvídalo! Más te vale que me estés buscando, porque aquí corro peligro de salir violada con cada paso que doy... —su tono cambia a uno más serio, y mi sonrisa se borra al instante.

—Si, ya lo estoy haciendo... —digo, con el corazón en un hilo—. ¿Algo que nos pueda ayudar a encontrarte? ¿Algún detalle, alguna pista?

—Mmmmmm... —piensa por un momento—. No, solo que hay vampiros con ojos de colores, además del rojo, el pelo parece que les vomitó un unicornio, y... pos… es un castillo súper, híper, mega grande con pasillos de laberinto... ¿Te sirve? —pregunta, casi en tono burlón.

—Veré si... —empiezo a decir, pero me interrumpe.

»—¡Verga! —la escucho quejarse de nuevo, con frustración. Su voz se vuelve más baja y preocupada—. No le digas a nadie que te hablé, según Star está drogada o no sé qué mierda... Te amo, adiós. —y, como si nada, corta el vínculo.

—¡Mierda! —me quejo en voz alta, mi frustración creciendo aún más.

—¿Qué pasa? —me pregunta mi padre, acercándose.

—Estaré en la biblioteca —digo, con la cabeza llena de pensamientos oscuros, y entro rápidamente.

—Malditos hijos de puta, si le tocan un pelo... —ruge mi lobo, Matt, lleno de furia—. ¡Me los destazo sin piedad!

—Tenemos que tratar de encontrarla con lo poco que nos dio —digo, aliviado por escuchar su voz, aunque la situación sigue siendo desesperante—. No podrá mantener oculto mucho más, que Star no está drogada... —y cierro el vínculo, preparándome para hacer todo lo que esté en mis manos para rescatarla.

Aunque mis pensamientos sigan llenos de dudas y miedos, sé que tengo que moverme, y rápido. Si algo le pasa a Paulina, no lo perdonaré. No puedo fallar.




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