Hermanastros ( I libros )

Capitulo 46 - Paulina

Estaba hablando con Fabricio… No sé cómo carajos lo hice, pero lo hice. Sentía que lo necesitaba, que me escuchara, que supiera que estaba bien, o al menos lo mejor que se puede estar en esta situación. Pero…

Tuve que cortar la conversación porque el maldito Oliver irrumpió de golpe en el cuarto, asustándome de una manera que casi me da un paro cardíaco. Mi corazón se detuvo por un segundo, luego empezó a latir tan rápido que pensé que se me iba a salir del pecho. El miedo me recorrió como una corriente eléctrica antes de convertirse en pura rabia.

—¡¿QUÉ VERGAS TE PASA?! —me quejo, levantándome de la cama de un salto, con la sangre hirviendo—. ¡¿QUÉ NO SABES TOCAR?! —sigo, dejando que la ira me controle. No me importa si me meto en problemas, no me importa nada en este momento, solo quiero sacarlo de aquí.

Oliver, con su actitud de siempre, me mira con una sonrisa burlona. Como si esto fuera un maldito juego para él.

—Oooh… —dice con esa maldita voz que me da ganas de arrancarle la lengua—. Me dio la impresión de que estabas escapando. —concluye, con una expresión divertida, como si realmente pensara que tengo alguna oportunidad de salir de aquí.

Mi mente hierve.

—¿Y CÓMO carajos ESCAPO, AH?! —le grito con furia, sintiendo la frustración arder en mi garganta. Mi cuerpo tiembla de la adrenalina, de la impotencia, de la necesidad de estrellarle algo en la cabeza.

De repente, la voz de Star resuena en mi mente, como una advertencia. Su tono es urgente, casi como si me estuviera regañando.

—Cálmate, tus ojos… Sabrá que no estoy drogada. —me recuerda, su voz llena de tensión.

—¡Mierda, cierto! —me quejo en voz baja, cerrando los ojos de inmediato y haciendo un gesto de frustración al mismo tiempo. Me obligo a respirar hondo, a controlar el temblor en mis manos. Cierro el vínculo mental con Star antes de que pueda decir algo más. No tengo tiempo para discutir con ella ahora.

Oliver sigue ahí, mirándome con confusión, como si no entendiera por qué estoy así.

—¿Qué te pasa? —pregunta, acercándose un paso más a mí.

Eso es suficiente para hacer que mi rabia se desborde.

—¡ALÉJATE, CABRÓN! —le grito, retrocediendo de inmediato, con la piel erizada y el corazón golpeando contra mis costillas—. ¡NO SE ME OLVIDA QUE CASI ME VIOLAN POR TU CULPA! ¡NO PODÍAS VENIR VOS, VERDAD?! ¡TENÍAS QUE MANDAR A TUS CULEROS CHUPA SANGRE PARA HACER TUS MIERDAS, CIERTO?!

Las palabras salen de mi boca como cuchillas. Cada sílaba está cargada de veneno, de dolor, de recuerdos que me queman el pecho. Mi respiración es agitada, mi visión se nubla por la rabia contenida.

Oliver baja la mirada. Su cuerpo entero parece encogerse por un momento.

—Yo… lo siento… —murmura, casi temblando.

Su voz es tan baja que apenas la escucho, pero es suficiente. Es suficiente para que una parte de mí, la parte que quiere verlo sufrir, se sienta satisfecha. No es suficiente para perdonarlo, ni de cerca, pero al menos es algo.

—¡NO, NI MADRES! —le espeto, sin dejar que termine su disculpa—. ¡SÁCATE DE AQUÍ! ¡QUIERO DORMIR Y NO MANDES A NADIE! ¡TENGO EL SUEÑO MÁS PESADO QUE UN TRAILER DE CARGA Y BIEN ME VIOLAN…!

Señalo la puerta con un dedo acusador, con los ojos clavados en él, esperando que obedezca. Y lo hace. Me mira una última vez, asiente y sale del cuarto sin decir más.

Cuando la puerta se cierra, un peso se levanta de mis hombros. Mi pecho aún sube y baja con fuerza, pero al menos tengo un poco de espacio para respirar.

—Sí… —murmuro, celebrando en voz baja, sintiendo una pequeña chispa de satisfacción en medio del caos. Empiezo a moverme de un lado a otro, haciendo un pequeño baile raro en el cuarto. Una celebración absurda, pero necesaria. Una pequeña victoria en un mundo donde todo está en mi contra.

—Me pregunto de dónde sacaste esa actitud de retrasada —dice Star, con un tono de burla.

—Sepa… —respondo, encogiéndome de hombros, sintiendo por primera vez en mucho tiempo algo parecido a la ligereza—. Pero soy perfecta como soy.

Cierro el vínculo con ella antes de que pueda responder. No necesito más comentarios sarcásticos en este momento.

Me dejo caer en la cama, con el cuerpo todavía tenso, con la mente todavía llena de pensamientos oscuros. Aún no sé qué va a pasar. Aún no sé si voy a salir de esta. Pero por ahora, tengo esto. Tengo este respiro.

Y por ahora, es suficiente.




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