Llevo en la biblioteca ya unas seis horas. No he vuelto a hablar con Paulina, aunque he estado tan concentrado en la lectura que apenas he notado el paso del tiempo. Me he topado con ocho posibles ubicaciones donde podría estar, pero antes de tomar una decisión, tengo que preguntarle algo más. Necesito saber si ve algo que rodee ese maldito castillo.
De repente, mi padre entra en la biblioteca, interrumpiendo mis pensamientos.
—¿Qué pasa? —entra y se acerca, dejando una bandeja de comida sobre la mesita que está a mi lado—. Te traje tu almuerzo... No sé qué estás buscando, pero si pasas tanto tiempo aquí, debe ser importante.
Asiento, pero no tengo ganas de comer. Cierro el libro que estaba leyendo y tomo otro sin mirar a mi padre.
—Gracias, pero no tengo hambre. —le respondo, concentrándome en el nuevo libro.
Él se sienta frente a mí, observándome con una mirada que ya conozco.
—¿Qué es lo que buscas? —me pregunta, la preocupación en su voz es palpable.
Me encojo de hombros, sin poder encontrar las palabras adecuadas para responderle. Mis pensamientos siguen desordenados, mi mente dando vueltas en torno a Paulina, a Oliver, a ese castillo... a todo.
—Pa'... —lo volteo a ver, mis ojos ardiendo con una mezcla de rabia y confusión—. ¿Por qué querría ese chupasangre a Paulina? —digo, el aire se tensa de inmediato.
Mi lobo, Matt, ruge en mi cabeza con furia.
—El sabe algo —gruñe, sus palabras se cortan con amenaza—. Sácale la verdad, o yo lo haré.
Cierro los ojos, sintiendo la presión de la situación. Sé que Matt tiene razón, mi padre sabe algo.
—¿Papá, tú sabes algo? —pregunto, con voz baja pero firme—. Si es así, quiero que me lo cuentes ahora mismo.
Mi padre suspira profundamente, como si se estuviera preparando para darme una noticia que no quiero oír. Finalmente, habla, pero con un tono que no me gusta.
—Él... es hermano de la madre de Paulina —dice, y el suelo parece venirse abajo bajo mis pies.
Me tenso, aprieto el libro de mis manos con tanta fuerza que mis nudillos se ponen blancos.
—Entonces tú sabes dónde está ese castillo... —le reprocho, sintiendo que la ira me consume. Mi padre niega con la cabeza.
—No lo sé. Cuando se llevó a la madre de Paulina, no pude encontrarla. No tenía ni la más mínima idea de dónde buscar. —me responde con dolor en la voz.
Miro a mi padre, y aunque lo quiero, lo necesito, en ese momento siento que hay algo en él que me está ocultando. Pero no puedo presionarlo más, no aún.
—Me contarás todo ahora mismo —exijo, la rabia se me nota en la voz. Él asiente, y empieza a contarme todo lo que sabe.
(...)
La historia que me cuenta es más oscura de lo que había imaginado. Cada palabra suya es como un golpe que resuena en mi pecho. Finalmente, me termina de contar todo.
—¿Cómo sabes que están en un castillo? —pregunta él, interrumpiendo mi propio pensamiento.
—Paulina me lo dijo —respondo, tomando aire y volviendo a abrir el libro. Mi voz suena más tranquila ahora, pero aún siento la ansiedad como una bola de fuego en mi estómago—. Cuando estábamos afuera, ella me habló por el link de mates, me dijo que no le dijera a nadie porque, según ellos, Star está drogada.
—¿Qué es lo que te dijo? —pregunta mi padre, curioso, pero con esa misma tensión.
—Mmmmm... —pienso por un momento, recordando las palabras de Paulina—. Algo sobre vampiros con ojos y cabello que parece que les vomitó un unicornio. También mencionó un enorme castillo con pasillos de laberinto... No me dijo nada más porque alguien llegó donde ella y tuvo que cortar la conexión. —finalizo, sintiendo que la pieza del rompecabezas comienza a encajar, pero no lo suficiente.
Mi padre se queda pensativo un momento, frunciendo el ceño, mientras procesa la información.
—¿Vampiros con pelo de colores? —se queda pensativo—. Solo hay tres con ese tipo de características, pero los tres están al otro lado del mundo.
—¿Cuáles son? —pregunto rápidamente, casi con desesperación. Él se levanta y se dirige hacia un estante en la esquina de la biblioteca.
—Espérame. —dice, mientras jala una antorcha que está en la pared. El estante se mueve y revela una biblioteca secreta, una habitación oculta en la que nunca había estado.
—Esta biblioteca era de la madre de Paulina. —dice, entrando al cuarto oscuro y misterioso. Yo lo sigo de cerca, sin perderlo de vista.
Él toma un libro con una portada que dice en letras doradas: "VAMPIROS DESCENDIENTES DEL ARCOÍRIS".
—Ok, eso explica el color de sus ojos y cabello. —pienso en voz alta, mientras el asiente con la cabeza.
—Aquí está la información sobre esos castillos. Solo tenemos que saber dónde buscar. Todos son enormes, pero si te vuelve a hablar, pídele más detalles. No sobre el interior, sino sobre el exterior. —me dice, señalando el libro, mientras lo abro. Él concluye—: Puede servir más.
Lo tomo en mis manos, agradecido, y salgo de la biblioteca.
Prometo encontrarte, Paulina... Solo espérame.
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Editado: 15.07.2026