Hermanastros ( I libros )

Capitulo 51 - Paulina

Luego de que Oliver casi matara a Margarita, no lo he vuelto a ver. Salió del castillo y no me importa en lo más mínimo. La situación me tiene tan saturada que no quiero pensar en él. Darol, por otro lado, es un amor. Es el único amigo que he hecho aquí, y dudo que haga más. Es mi único refugio en este lugar.

Mientras Margarita está a mi lado, jugando, me siento algo nostálgica. A veces me pregunto por qué quiero escapar de este lugar, pero la respuesta siempre es la misma. Extraño a Fabricio. La tristeza me invade de nuevo.

—Te extraño… —susurro, cerrando los ojos, mientras las lágrimas traicioneras comienzan a rodar por mis mejillas.

Justo en ese momento, escucho un golpe en la puerta.

—Pase. —digo rápidamente, limpiándome las lágrimas. Darol entra al cuarto y se acerca.

—¿Estás bien? —me pregunta, y yo niego con la cabeza, mientras me siento en la cama. Las lágrimas caen una vez más, más fuertes esta vez. Él me abraza con ternura, dejándome llorar en su pecho.

—¿Por qué estás así? Cuéntame —dice, acariciando mi espalda.

—Lo extraño... no quiero estar aquí —confieso entre sollozos, apretando su camisa, mientras Margarita nos mira desde el suelo con tristeza. Incluso parece chillar un poco, como si entendiera. Me separo de Darol por un momento para mirar a Margarita, pero la pequeña criatura solo me observa con sus ojos brillantes.

—Tranquila... —dice Darol, calmado, como si supiera lo que siento. —¿Has hablado con tu mate?

—No —respondo, aún llorando, mientras trato de calmarme. —No sé qué pasa, ni siquiera he podido hablar con Star. —lo miro a los ojos, y le hago una pregunta que me da vueltas en la cabeza. —¿Qué pasa? Tú no me has inyectado... ¿o sí?

Él niega rápidamente con la cabeza.

—No, no lo he hecho... Trata de hablar con él, seguro puedes hacerlo. Con él o con tu loba —sugiere, limpiando mis lágrimas con delicadeza.

Asiento lentamente, sintiendo algo de esperanza.

—Bien —respondo, tratando de recomponerme. Él me sonríe de manera reconfortante.

—¿Tienes hambre? —pregunta, y yo asiento con la cabeza. —Mientras hablas con él, te traeré algo de comida. Recuerda que estamos LOARRE. —Sonrío levemente ante su intento de animarme.

—Gracias, ahora lo hago —respondo, sintiéndome un poco más aliviada. Darol sale del cuarto, y Margarita se acomoda en mis piernas nuevamente.

Todo va a estar bien... —me susurra, pero cuando miro a mi alrededor, me doy cuenta de que nadie más está allí. Margarita chilla de nuevo, y yo sonrío, sintiéndome algo desconcertada.

—Creo que ya me estoy volviendo loca —bromeo, mientras Margarita baja de mis piernas y se va de la cama. De repente, una pequeña luz blanca rodea su cuerpo, y la observo estupefacta. El resplandor es tan brillante que cierro los ojos por un momento. Al abrirlos, una hermosa mujer está frente a mí.

Su cabello gris y sus ojos blancos brillan con una calma sobrenatural, mientras ella viste un impresionante vestido blanco. Está de cuclillas, y, tras un par de segundos, me sonríe.

—Hola, Paulina —dice con una voz dulce y serena.

—¿Hola? —respondo, incrédula. —¿Margarita? —pregunto, sin poder creer lo que veo. Ella asiente con una sonrisa.

—Sí, bueno, esta es mi forma verdadera —dice, levantándose con algo de dificultad, y tambaleando un poco. Me levanto rápidamente para ayudarla y la conduzco hacia la cama. —Mierda, ya perdí la práctica con estas... —dice, señalando sus piernas con cierto humor.

—¿Qué se supone que eres? —le pregunto, mirándola con asombro mientras me siento a su lado en la cama. —Antes eras un ratón y ahora... —no puedo evitar sorprenderme aún más.

—Soy un Morg, la última de mi especie —responde con una mirada calmada, como si fuera lo más natural del mundo.

Abro los ojos como platos. He leído sobre los Morg en algunos libros, y siempre quise conocer a uno.

—¿En serio? —pregunto, casi gritando de emoción. Ella asiente, y mi alegría es incontrolable.

—¡Sí! —chillo, abrazándola con entusiasmo. —Me alegra conocer un Morg, he leído algunos libros sobre tu especie... ¡Es una locura la razón por la que los atacaron!

—Supongo que tienes razón —dice, encogiéndose de hombros con una sonrisa traviesa. —Pero no me mostré por eso. —me mira a los ojos, y sus ojos parecen dos hermosas perlas, como fragmentos de la luna. Su piel clara y su cabello gris forman una combinación casi etérea.

—¿Y por qué no te mostraste? —pregunto, aún fascinada, mientras me aparto de mi asombro.

—Te quiero ayudar —responde, levantándose con decisión. —Pero, ¿podrías ayudarme con un poco de ropa? Me encanta este vestido, pero es demasiado largo para caminar con estas... —señala nuevamente sus piernas, y no puedo evitar sonreír.

—Claro, ven. Vamos a buscar algo —le digo, mientras la guío al clóset. Busco entre las ropas y, aunque el imbécil de Oliver no me ha traído lo que le pedí, finalmente le encuentro un vestido gris con cuadros negros, de mangas largas. Margarita lo prueba y le queda perfecto, su imagen es aún más radiante con sus ojos brillantes y su cabello gris.

Mientras tanto, me cambio también, quitándome la "pijama" y poniéndome un vestido color crema de mangas largas. Hablo un poco con Margarita sobre su tiempo en el castillo, escuchando sus historias mientras ella se adapta a su nueva forma.

Un rato después, Darol regresa con la comida. Sándwiches, jugo, agua, galletas y frutas. Compartimos todo entre los tres, y aunque seguimos hablando y me siento un poco más tranquila, mi mente sigue atrapada en los recuerdos de Fabricio y la chica de mi pesadilla.

—Oye, regresando al tema principal... —dice Margarita, interrumpiendo mis pensamientos. —Te he mostrado mi forma verdadera porque quiero ayudarte.

—Dime —respondo, mientras juego con la cadena que me dio Fabricio, esa que compartimos.

—Te puedo ayudar a regresar con tu pareja y tu familia —dice Margarita, y mis ojos se cristalizan con la emoción. No puedo evitar preguntar cómo.




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