Estoy sumida en la conversación con Fabricio, tratando de ponerle sentido a todo lo que está pasando cuando de repente siento una presión en mi muñeca. Un dolor agudo se me instala en el brazo, y cuando giro la cabeza, noto a un hombre de cabellos lilas que me mira con una expresión feroz.
—Así que Darol... maldito traidor —murmura, mientras aprieta más mi muñeca. Un quejido escapa de mis labios sin poder evitarlo.
—¿Acaso los muertos hablan? —digo con tono sarcástico, mis ojos clavados en los suyos. El hombre parece confundido por mi respuesta, pero antes de que pueda hacer nada más, un golpe seco resuena en la habitación.
Darol, el hombre que acaba de golpear al agresor con un florero, me lanza una mirada rápida.
—Gracias —susurro, intentando liberar mi muñeca mientras frotaba suavemente el lugar donde el hombre me había agarrado. Un dolor punzante persiste en mi piel.
El agresor parece algo desconcertado, pero rápidamente se recompone.
—¿Muertos? —pregunta, con una mirada que refleja más desconcierto que miedo. —Si lo mato, ¿cuál sería la razón?
—No pensarás dejarlo vivir después de saber que me ayudas —le respondo, mi voz ahora más firme, aunque el dolor en mi muñeca es insoportable. —Diremos que intentó violarme, como todos los demás aquí. Luego, cuando peleamos, tú entraste y lo mataste porque no encontraste otra solución.
El hombre me observa en silencio, y por un momento el ambiente se tensa. Luego, el dolor en mi muñeca parece agudizarse, y de repente todo se convierte en oscuridad.
Mis ojos se cierran, y los susurros empiezan a llenar mi mente, ininteligibles al principio, pero luego se van volviendo más cercanos, más definidos. La sensación de que algo o alguien me llama desde la oscuridad me envuelve, y el vacío que siento en mi pecho es profundo, como si estuviera atrapada en un lugar lejano, desconocido.
Es extraño, como si estuviera a medio camino entre dos mundos, sin saber si debo regresar o seguir adelante.
"Camino por un sendero, mi vestido blanco se arrastra detrás de mí. La parte superior, con mangas caídas que imitan los pétalos de una rosa, se ajusta suavemente a mi cuerpo, pero la parte inferior es un tormento. El color mamón que se despliega hasta el suelo cubre completamente mis pies descalzos, haciéndome tropezar con cada paso.
—Malditos vestidos... —murmuro para mí misma, acostumbrada a esta frustración. Sigo caminando, pero de repente el sendero desaparece, y la oscuridad me rodea.
No importa cuánto avance, todo sigue igual. Hasta que una puerta aparece frente a mí. Algo en ella me resulta familiar. La abro, y lo que encuentro dentro me destroza por completo.
Fabricio está tirado en el suelo, su cuarto está hecho un caos, y lo primero que noto es el mismo hematoma en su muñeca que yo tengo en la mía. Una ola de desesperación me invade, y grito con toda mi fuerza.
»—¡MALDITA MIERDA! —Las lágrimas empiezan a correr por mi rostro—. ¿POR QUÉ MIERDA LO HACEN SUFRIR ASÍ?
Me acerco a él, tratando de tocarlo, pero mi mano lo atraviesa como si fuera un espíritu. Eso me hace gritar aún más.
—Te ayudaré... —Una voz femenina suena en mi mente. Volteo rápidamente, buscando a la fuente de esa voz, pero no veo a nadie. —Te daré tres gemas de teletransportación, pero antes debes resolver el caso de tu tío. Está bajo un hechizo. Lo que quieren es alejarte de Fabricio... La verdadera pareja de tu tío está más cerca de lo que crees... —la voz concluye.
Y de nuevo, me encuentro en otro sendero. Mi rostro sigue empapado por las lágrimas. Me siento perdida, sin rumbo. Comienzo a correr, pero no sé hacia dónde. Finalmente, llego a un acantilado. Y allí, junto a él, está Fabricio, pero con una chica que no es yo. Tiene el cabello de un amarillo oscuro y unos ojos celestes apagados, casi idéntica a mí, pero con una apariencia mucho más provocadora.
Fabricio me mira, pero sus ojos ya no son los de antes. Están oscuros, vacíos, y no el brillante celeste que tanto amaba. La chica me mira, y su sonrisa es macabra.
—Yo gané... —susurra, mirando en mi dirección.
Una furia me recorre el cuerpo, un odio incandescente que no puedo contener. Corro hacia ellos, sin pensar, y me lanzo hacia la chica. Pero cuando la alcanzo, la atravieso como si fuera un holograma, y caigo por el acantilado.
Siento el agua fría envolverme, arrastrándome hasta el fondo. Intento nadar hacia la superficie, pero no logro salir. Trago agua, y la imagen de la chica y la mirada vacía de Fabricio se quedan grabadas en mi mente, mientras todo se oscurece.
Cuando finalmente llego al fondo, comienzo a toser, desesperada, buscando aire. El vestido empapado me pesa, pero logro recuperar algo de oxígeno. Estoy sola, y en la distancia, se escucha el eco de mis respiraciones agitadas. Me levanto y camino, y al mirar a mi alrededor, noto que estoy en una cueva. Gotas de agua caen del techo, aumentando la sensación de aislamiento.
Continúo hasta llegar a un umbral. Al cruzarlo, la misma chica aparece frente a mí, y la escena cambia a algo que ya había vivido antes, pero con un giro que me destroza por dentro. Veo a mi padre y a Erika, discutiendo.
—¿Segura puedes ayudarlo? —pregunta Erika, visiblemente alterada—. No me gusta verlo así...
—No lo harás... —mi padre replica con una firmeza que me corta la respiración—. Ella es su mate... No harás que la olvide. No mientras yo viva.
Una punzada de dolor recorre mi pecho al escuchar sus palabras. ¿Erika realmente quiere eliminarme de su vida? Las lágrimas caen nuevamente sin control.
—Juan, es mi hijo... —dice Erika, con una expresión de desesperación—. Haré lo que esté a mi alcance para no verlo sufrir...
—¿Y qué harás cuando él busque a su mate y no la encuentre? —mi padre contesta, molesto.
—Ya me encargaré de eso. Ahora mi prioridad es mi hijo. Y si para no verlo sufrir tengo que eliminarla de su vida, así lo haré.
#280 en Fantasía
#1641 en Novela romántica
amor celos dolor mates, hermanastros romance enemies to lovers, mate luna vampiros hombre lobo
Editado: 15.07.2026