Hermanastros ( I libros )

Capitulo 55 - Paola

Me encuentro frente al espejo encantado, observando con detenimiento mi reflejo. No es solo la imagen física la que veo, sino la esencia de lo que soy, lo que llevo dentro, esa parte de mí que nunca se muestra al mundo. Mi rostro, que parece ser tan común, tan inofensivo, se transforma bajo mi mirada, como si cada línea de mi ser fuera una marca de lo que realmente soy. El suave brillo en mis ojos no es una chispa de luz, sino una manifestación de mis intenciones ocultas, del fuego que arde en lo más profundo de mí.

Una sonrisa se dibuja en mis labios, pero no es una sonrisa de satisfacción. No, es una sonrisa irónica, como si el mundo entero fuera una broma que solo yo entiendo.

"La niña logró apartarte..." Mis palabras resuenan en mi mente, llenas de desdén. "¿Qué crees que has logrado?" me pregunto, mientras una pequeña risa amarga se asoma en mis labios. Ella, tan ingenua, tan débil, cree que con su actitud impulsiva podrá detenerme. Qué graciosa, qué patética. Se deja guiar por sus emociones como una niña perdida en medio de un bosque oscuro, sin saber que lo que se avecina no es algo que pueda controlar.

La rabia me burla, una furia sutil que crece dentro de mí cada vez que pienso en ella, pero no dejo que se apodere de mí. No es hora de perder el control. No la necesito a ella. En lugar de eso, dejo que el desafío se mezcle con mi frustración, porque sé que todo es cuestión de tiempo. Ella no entiende el verdadero poder que poseo, pero pronto lo hará. Y eso me llena de una satisfacción perturbadora.

Mis ojos se fijan en mi reflejo, y me concentro en cada detalle. Los bordes de mi cara, el brillo oscuro en mis ojos, la forma de mis labios que se curvan en una expresión calculadora. Me río casi sin sonido, dejando que esa risa se disuelva en el aire, como un veneno invisible que impregna cada rincón de la habitación. Pronto será mío. La frase se repite una y otra vez en mi mente, como un mantra, como si ya estuviera escrito, como si fuera un destino que no puede ser desviado. Fabricio Meléndez... El solo hecho de pensar en su nombre me llena de un placer indescriptible, una satisfacción oscura que se apodera de mí. Su presencia se convierte en un reflejo de todo lo que quiero, de todo lo que me pertenece.

No importa lo que haga esa niña, lo que intente, nada podrá detenerme. No importa cuán desesperada se ponga, cuántos intentos haga. Ella está atrapada en un juego que ni siquiera comprende. Y yo... yo soy la jugadora que ya conoce las reglas, las manipula a su antojo. Nada ni nadie se interpondrá en mi camino.

La imagen en el espejo parece sonreír conmigo, como si compartiera el conocimiento de lo inevitable.

—Serás mío.— Cada palabra es un susurro oscuro, cargado de la certeza de que nada cambiará lo que está por suceder.

El control que siento es abrumador, una sensación que recorre cada fibra de mi ser. Nada de lo que haga esa niña tendrá el más mínimo impacto. Mis pensamientos giran como un torbellino, llenos de oscuridad y determinación. Soy un paso adelante, siempre. Y mientras ella corre, tratando de salvar lo que no tiene remedio, yo me adelanto, calculando cada movimiento, cada estrategia, como una reina que observa el tablero de ajedrez, sabiendo que su victoria está asegurada.

Cuando finalmente todo esté en su lugar, cuando finalmente sus ojos se encuentren con los míos, lo sabrá. Sabrá que todo lo que ha pasado, todo lo que ha hecho, ha sido parte de un plan mucho mayor, mucho más siniestro. Será demasiado tarde para ella. Y entonces, cuando ya no haya nada que hacer, cuando ya no pueda escapar, ella entenderá que yo siempre fui la fuerza que la arrastraba.

El reflejo sigue sonriendo, y yo, junto a él, sonrío también. Esa sonrisa no es solo una expresión de satisfacción. No. Es la sonrisa de quien sabe que el mundo entero está a punto de caer a sus pies. Yo soy quien tiene el control. Yo soy quien tomará lo que le pertenece. Porque ya está todo planeado. Ya no hay vuelta atrás.

(...)

— Nadie se interpondrá ahora entre mi lindo Fabricio y yo — digo sonriente.
Paulina está en el suelo, la golpeé con un bate de metal usando mi poder de levitación y le di tan fuerte que le rajé la cabeza.

— Mejor para mí — ronroneo.

Ahora que muera desangrada y yo me encargo del resto.

— Creo que el hechizo con Oliver ya no hará falta — digo al aire, chasqueó los dedos rompiendo el hechizo que le hace creer a Oliver que la mocosa es su tua cantante.




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