Tres días y mi sobrina no despierta. Tres largos días de incertidumbre y frustración. Mi mente está hecha pedazos, la culpa me consume por dentro, porque soy el responsable de que Paulina esté en este estado. Soy una mierda cumpliendo promesas. Lo sabía, lo sentía, pero no pude hacer nada para evitarlo. Transformé a Paulina, que era una licántropa, y ahora se enfrenta a una terrible realidad. Será un licántropo muerto, sin su loba, una sombra de lo que fue, o será un híbrido, una mezcla de vampiro y licántropo, con un espíritu vampiro despertando dentro de ella. Esas son las únicas opciones que me dio la doctora, y ninguna de ellas me da paz. Cada opción tiene su propio infierno, y me siento atrapado entre esas dos posibilidades, sin poder hacer nada para cambiarlo.
— Esto es una mierda. — Dice Darol, bajando las escaleras con Margarita, su rostro sombrío, igual que el mío. Su frustración es palpable, y la comparto completamente.
— Concuerdo. — Le responde ella, su tono cargado de desdén, como si ya estuviera cansada de todo esto. — ¿No se supone que, gracias a las lágrimas de ángel y la transformación, Paulina debía despertar al día siguiente?
— Se supone, tú lo has dicho. — Responde Darol, y en sus palabras se percibe la misma desesperanza que siento yo. Pero no podemos hacer nada más. Todo lo que intentamos ha sido en vano, y ni siquiera el tiempo parece querer darnos un respiro. Darol se percata de mi presencia, y su tono cambia por completo.
— Rey. — Dice, haciendo una reverencia con una cortesía que no me importa en este momento.
— Puedes retirarte, Darol. — Le ordeno, aunque mi voz suena vacía, como si no tuviera fuerzas para mantener una conversación. Darol asiente sin decir nada y se va, dejando que el silencio vuelva a ocupar el espacio entre Margarita y yo.
Margarita no se mueve ni un centímetro, y su tono es cortante cuando habla.
— No empiece, señor. — Dice con su voz habitual, llena de aburrimiento y desinterés. — Ya le he dicho hasta el cansancio que nada pasará. — Y aunque sus palabras intentan sonar duras, hay algo en su mirada que me hace pensar que, en el fondo, también está luchando con sus propios demonios.
— Oh, vamos, Marga. — Le digo, acercándome un poco, sin querer escuchar más de lo que acaba de decir. — No será el fin del mundo con que me des una oportunidad. — Le digo, mi voz suave pero con un toque de persuasión, acercándome a su rostro, buscando la cercanía que ya se ha perdido entre nosotros.
— Señor. — Dice ella en tono amenazante, sin moverse, pero clavando su mirada en la mía con una intensidad que me hace darme cuenta de que no está dispuesta a ceder. — El fin del mundo no, pero el fin de MI mundo sí. — Responde con firmeza, sus ojos llenos de una verdad que no puedo ignorar. — ¿Se da cuenta de que soy de una especie que se considera extinta desde hace años? — Dice, como si quisiera asegurarme de entender la gravedad de lo que significa para ella estar aquí. — ¿Qué cree que pasará si corre el rumor de que el último Morg del mundo es pareja del rey vampiro? — Pregunta, y hay una chispa de interés en su voz que me hace pensar que realmente está calculando las consecuencias.
Yo no respondo, porque sé que no puedo ofrecerle una respuesta que la convenza, ni a ella ni a mí.
— El fin... MI fin; no he sobrevivido tanto tiempo en la oscuridad, alimentándome de sus sobras… ¿para qué? ¿Para morir porque usted dice que soy su "tua cantante"? — Niega con la cabeza, su voz llena de frustración y rabia contenida. — No, no lo haré… Si aún sigo aquí es por Paulina. Cuando ella despierte, yo me iré a sobrevivir a otro lado. Ya decía yo que durar tanto tiempo aquí me iba a traer consecuencias. — Se separa de mí, y pasa sus manos por su rostro, claramente molesta, como si toda la carga del tiempo que ha pasado aquí la estuviera aplastando.
— En fin… — Dice ella, encogiéndose de hombros, como si todo ya fuera irreparable. — Si no lo hubiera hecho, no habría tenido una amiga. — Sonríe, nostálgica, y por un momento, puedo ver el destello de humanidad que aún queda en ella. Pero en el fondo, sé que esto no terminará bien para ninguno de nosotros.
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Editado: 15.07.2026