Estoy preocupado, profundamente preocupado. No sé nada de Paulina desde la última vez que hablamos, hace más de dos semanas, y esa brecha de silencio se siente como una eternidad. Dos semanas en las que no he tenido noticias de ella, y eso me consume poco a poco, como si cada segundo estuviera alimentando mi ansiedad. Claro, sé que estuvo inconsciente durante varios días, pero esa no es la razón por la que estoy tan inquieto. Es todo lo que no sé, lo que me atormenta. La incertidumbre sobre su bienestar, sobre lo que le está sucediendo, y la pregunta constante de si ella está luchando por regresar o si simplemente se ha perdido en alguna parte de este caos. La preocupación por ella crece cada vez más, y, lo peor de todo, es que no puedo hacer nada al respecto.
Mi lobo está más insoportable que nunca. La ansiedad se refleja en su actitud, su inquietud se transmite hacia mí, y eso hace que me sienta más atrapado en este torbellino de emociones. Él también está preocupado, pero no sabe cómo lidiar con esto, lo cual hace que me frustre aún más. Hay momentos en los que puedo sentir su impotencia a través del vínculo, y eso solo empeora todo. Quisiera poder darle alguna solución, alguna respuesta, pero no la tengo.
Y luego está mi madre. Ella no entiende lo que está sucediendo, o tal vez lo entiende demasiado bien. Insiste en que debo tomar el puesto de alfa ahora que Paulina no está. Según ella, este es el momento perfecto para que yo asuma el liderazgo, especialmente si lo del "incidente" fue un hechizo o alguna manipulación externa que hizo que Paulina quedara fuera de juego. Y no es que no lo considere, la responsabilidad de ser alfa siempre ha estado ahí, en el fondo de mi mente, pero no de esta manera. No como una solución a la ausencia de Paulina. Eso me hace sentir aún más culpable, porque aunque mi madre ve en esto una oportunidad para que yo me fortalezca, yo solo veo una traición a ella, una injusticia a todo lo que hemos luchado juntos.
No quiero ocupar ese lugar sabiendo que, cuando Paulina regrese, se molestará conmigo. Esa es la gran duda que me atormenta: ¿se molestará por tomar un puesto por el que ella luchó tanto, por tanto tiempo? Ella lo ha dado todo por ser la alfa, ha pasado por tantas pruebas, ha enfrentado tanto dolor para llegar a donde estaba, y yo… yo solo soy el hijo que aún no sabe cómo encajar este papel. No sé si tendrá palabras para mí cuando regrese, si mi decisión de tomar ese lugar mientras ella está ausente me convertirá en su enemigo, o si simplemente lo entenderá, si comprenderá que lo hice por el bienestar de la manada y no por una necesidad de poder personal. La duda me consume, me paraliza.
Tal vez, por un momento, me pregunto si no debería esperar, si debería mantenerme al margen hasta que Paulina regrese, y en ese momento tomar la decisión de qué hacer. Pero, ¿y si no regresa pronto? ¿Y si la manada se desintegra por la falta de liderazgo? La presión de ser el siguiente en la línea de sucesión me agobia, pero lo que más me duele es la idea de que Paulina pueda verse traicionada, como si yo le hubiera arrebatado lo que tanto ha deseado. Ella lo merece, lo ha ganado a pulso, y aunque el puesto es solo un título, para ella significa mucho más.
Todo esto me está desgarrando, no puedo evitar sentir que estoy entre dos mundos, entre dos responsabilidades que no se combinan fácilmente. Mi corazón quiere seguir el camino que me dictan mis instintos, pero mi mente no puede dejar de darme vueltas sobre lo que podría pasar, sobre lo que se pierde y se gana al tomar decisiones como esta. Lo único que sé con certeza es que no quiero que Paulina me vea como el enemigo cuando regrese, no quiero que ella piense que no la respeté lo suficiente como para esperar por ella.
Es difícil, es confuso, y lo único que deseo en este momento es que Paulina despierte, para que las respuestas que tanto busco estén al alcance de mi mano.
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Editado: 15.07.2026