Hermanastros ( I libros )

Capitulo 64 - Paulina

Me duele la cabeza y me siento algo mareada. Abro los ojos y veo a mi alrededor, todo es nuevo y desconocido para mí.

—¿Dónde estoy? ¿Quién soy?— me pregunto, pero no recuerdo nada y el dolor en mi cabeza es desesperante. Me siento en la superficie suave que creo es una cama, y de repente me mareo mucho. Llevo mis manos a mi cabeza con la intención de aminorar el dolor que me embarga.

Me bajo poco a poco de la cama y veo mejor mi alrededor. Hay tres puertas y una terraza. Me acerco a una de las puertas y encuentro un enorme closet con muchos vestidos, faldas y camisas, todas de colores oscuros, rojas, negras... de todo.

Salgo de allí y voy hacia la otra puerta, que da a un baño. Me acerco al lavabo y me veo en el espejo.

—¿Soy yo?— me pregunto al ver mi reflejo: tengo los ojos rojos con toques de azul, el cabello amarillo, la piel pálida, casi transparente, los colmillos largos y puntiagudos. Tengo buen aspecto físico... pero no me reconozco. —¿Qué me pasó para no reconocerme?— me digo tocando mi rostro.

En ese momento, alguien entra en el cuarto y pego un brinco de inmediato, sintiendo el miedo invadir mi sistema. No sé dónde estoy, qué me pasó... no sé ni quién soy.

—¡Paulina!— grita una voz de hombre. No respondo, no sé si me habla a mí. La voz se repite: —¿Qué te hiciste?

Salgo temblorosa del baño, y un hombre con el cabello negro y rubio, los ojos rojos sangre y la piel tan pálida como la mía, me observa con ojos llenos de nostalgia, felicidad... y no sé qué más.

—Paulina...— dice, acercándose a mí. Me alejo con miedo y niego con la cabeza.

—No lo sé...— susurro.

—¿Qué?— dice preocupado, y me mira. Es muy atractivo, pero no lo veo como alguien que me guste... solo es lindo. Asiento, observando sus ojos rojos. Los suyos se parecen a los míos, pero los suyos son completamente rojos.

—Espera... tus ojos...— dice, notando algo. —¿No recuerdas nada?— pregunta.

—Nada...— respondo, triste. —Ni siquiera mi propio nombre... que supongo es Paulina, ¿cierto?— le pregunto, y él asiente.

—¿Usted me conoce lo suficiente como para ayudarme a saber quién soy, o al menos, quién era?— le pregunto, esperanzada.

—Soy tu tío. Oliver es mi nombre. Oliver Doin— me dice, sonriendo.

—Qué simple...— suelto de repente.

Él ríe, mostrando sus colmillos, y luego habla:

—Te diré todo lo que sé de ti... Hasta hace poco, estabas conmigo.




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