El hombre que dice ser mi tío, Oliver…
Entro al baño, y tras una ducha rápida, salgo de nuevo. Mi mente está tan llena de preguntas que casi me siento mareada, pero el agua fría me ha ayudado a despejarme un poco. El espejo me devuelve una imagen que no reconozco del todo. Me encuentro frente a una nueva versión de mí misma, algo que solo ahora empiezo a comprender.
Voy hacia el enorme closet y empiezo a buscar algo que ponerme. Después de un rato, escojo una camisa negra de mangas largas y una falda roja que me llega hasta la mitad del muslo. La meto por dentro de la falda, y me siento un poco más cómoda con este atuendo, aunque no entiendo completamente por qué.
Cuando me bañé, aún llevaba una cadena de acero que, sin pensarlo, decido ponerme de nuevo. Es una cadena simple, pero con un colgante que me provoca una extraña sensación de nostalgia: una luna creciente con una estrella encima de ella. Me quedo mirando el objeto un momento, como si me hablara, pero no logro entender la sensación que me produce.
Finalmente, me decido y salgo del cuarto. Ahí está mi “tío”, Oliver, esperando.
—Ya estoy lista, tío—le digo, aunque mi garganta está tan seca y me arde como si estuviera tragando un tizón de carbón encendido. Me paso la mano por el cuello, intentando aliviar un poco la molestia.
—¿Es normal que la garganta me arda como si quisiera tragarme un tizón prendido?—le pregunto, rascándome la garganta sin poder evitarlo.
Oliver suelta una risa baja, casi divertida, y asiente con la cabeza.
—Aún conservas tu humor—dice él con una sonrisa, y aunque intento sonreír también, solo me sale una mueca, casi forzada.
—Vamos—me dice, y sin más, se da vuelta y empieza a caminar por un pasillo largo. Lo sigo, aunque no puedo evitar admirar lo grande y hermoso del lugar. Cada rincón parece tener una historia que no logro comprender aún.
Bajamos unas escaleras, y no puedo evitar susurrar, impresionada por el tamaño del lugar.
—¡Qué lugar tan grande!—digo casi para mí misma, pero lo suficientemente alto para que Oliver lo escuche.
Cuando llegamos al pie de las escaleras, nos encontramos con una pareja. Ambos sonríen ampliamente, observándonos, y mi mente da un vuelco.
Entonces, una voz familiar se escucha detrás de mí, y me congelo en el lugar.
—Lo haces—dice la voz. Me giro rápidamente para encontrarme con una chica que no reconozco del todo, pero que parece saber más de mí de lo que yo misma sé. —Hola, soy Sitney, tu lado vampiro—se presenta con una sonrisa amable. —Tu loba está débil, pero pronto hará acto de presencia.
—¿Mi loba?—pregunto, sintiendo que algo no encaja.
—Sí—responde ella, sin perder su calma. —Ahora eres híbrida. Ahora ve a alimentarnos, o no sé qué pueda pasar.
Asiento lentamente, tratando de procesar lo que acababa de escuchar.
Antes de que pueda decir algo más, la chica, con una energía que no esperaba, me lanza un abrazo, apretándome con fuerza. Mi respiración se vuelve errática, y no puedo evitar sentir una oleada de hambre, algo que no entiendo completamente, pero que me inquieta.
El aroma de su sangre, tan cerca, es... tentador.
Y en ese momento, mis colmillos crecen, y una necesidad salvaje de ceder a esa tentación me embarga. Antes de que pueda actuar, alguien me jala hacia atrás, apartándome de ella, y al mismo tiempo, un hombre me retiene. Me retuerzo en sus brazos, luchando por liberarme, pero es en vano.
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Editado: 15.07.2026