Hermandad de Sangre

Capítulo dos.

Sangre.

 

El significado de sangre es: La sangre (humor circulatorio) es un tejido fluido que circula por capilares, venas y arterias de todos los vertebrados e invertebrados. Su color rojo característico es debido a la presencia del pigmento hemoglobínico contenido en los eritrocitos… Bla, bla, bla. Eso es para la raza humana,  pero no significa lo mismo para las razas de sangre.

 

Para ellos, era un vínculo incluso más fuerte que la vida misma, podía traspasar tiempo, espacio, vida y muerte. Unía no solo la vida de un ser sino la de todos. Era una marca, una esencia, una raza, una forma de vida. Aun cuando la sangre es roja en cualquiera de ellos, el aroma que se percibía era distinto.

 

Era un aroma que no se podía ocultar, que no se podía negar y sobre todo, que dejaba al descubierto la identidad. No se podía cambiar la sangre que corría por las venas, aun cuando se deseara más que nada en la vida.

 

Eso era algo que él había aprendido, desde que había llegado al mundo. Despreciado por su raza, una raza que era “pacifica” una raza compatible con las demás razas. Marcado con una profecía, incluso desde antes del nacimiento de su madre.  Despreciado por ser único, por ser lo que era, por ser un macho.

 

La raza Furia, la más noble dentro de la biología de las razas de sangre, por su compatibilidad. Una raza de mujeres, por centurias solo mujeres. Pero eso cambio hace setecientos años, cuando la luna azul marco su nacimiento. El único macho de su especie. Había vivido toda su vida peleando, por ser aceptado, por ser amado por quién fuese. Perdió a su madre cuando era apenas un bebe o ella lo abandono daba igual, cuidado por la profeta u oráculo de la raza.

 

Fue aun mayormente repudiado.

 

Nunca entendió porque ese destino le había tocado a él, porque la Gran Madre le había permitido ser. Siempre estuvo solo, setecientos años de soledad, se escriben fáciles. Cuando niño, no había lugar donde le dieran siquiera un vaso de agua o un pedazo de pan. El único lugar seguro, era dentro del hogar que le daba el oráculo de la raza. Pero ella al igual que su madre, dejo este mundo cuando él era aún muy joven. De modo que se trasladó a Aknort para servir como rastreador y cazador de las razas.

 

Su trabajo era simple, buscar a los supervivientes de las guerras, aquellos que lograron escapar y que aún se escondían en el mundo. Pero en quinientos años, no había encontrado ni un alma, ni un solo ser. Así que setecientos años de soledad, sin un propósito que caso tenía seguir por su camino. Aun cuando la profecía aún no se había cumplido, no tenía ánimos para vivir hasta que esta se cumpliera.

 

Sentado sobre un par de enormes troncos, de árboles que habían sido cortados hace siglos, por los humanos. En medio del claro en un bosque, en un país que era tan antiguo como la vida humana.

 

—¡Velkam! Hace meses que estoy buscándote.

 

Si, era ella. Y le había encontrado una vez más. No es que le molestara, bueno quizá un poco. Pero ella era lo más cercano a una familia, aun cuando eran de razas distintas. La sangre que corría por las venas de ambos era roja. Además de que se habían ganado el amor, respeto y confianza, el uno del otro.

 

—Siempre has sabido cómo encontrarme cariño.

—Entonces ¿te estabas ocultando de mí?

—No.— su sonrisa lo delato –Estaba ocultándome del mundo.

—¿Qué sucede cariño?

 

Velkam suspiro, ella no sabía de la profecía, nadie la conocía, no se lo había dicho. Porque no quería ver en sus ojos, el desprecio que había visto en los ojos de los demás. Pero estaba tan cansado de toda esa mierda, solo quería dejar todo y caminar hacia su último amanecer. Dejar que su ya raza agonizante, muriera. Después de todo, ellos lo habían dejado morir, y de no haber sido por la familia de la Hada de sangre, estaría muerto.

 

Aunque en realidad, él era más diferente, que todas sus hermanas de sangre. Su vida sería tan larga, como la de las otras razas. Y él pensaba que mucho de la poca vida de las Furias, era a causa de lo que había hecho su abuela, la reina Furia, hacia muchas vidas. Vincularse y emparejarse con el rey de los Lobos, el mismísimo Oscuro.

 

Pensaba que la Gran Magia les había castigado por ello, sometiéndolos a una vida realmente corta, como mucho 2 o 3 siglos. Pero su historia era distinta, pues la profecía le ataba a la tierra por un montón de siglos más.

 

—La vida Seivian, solo la vida. Es demasiado larga, demasiado dolorosa, demasiado todo—. Respondió en un suspiro, después de su silencio.

—Siento demasiado en tus palabras, habla conmigo… no hablas con nadie, y eso te está destrozando, hermano, habla con migo.

 

Velkam sintió un vuelco de su corazón, cuando escucho esas palabras. Ella tenía razón, se estaba destruyendo al guardar silencio.




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