Hermandad de Sangre

Capítulo dieciséis

Noche

 

El tiempo había llegado, el último rayo del sol se asomaba por el horizonte. Esto que iban a hacer era mil veces distinto a la marcha con un ejército, distinto a un combate, nadie en siglos había enfrentado a Dragos. Su palabra se había convertido en ley, por ello esto era igual de difícil y doloroso, sabían que muchos de ellos morirían en las próximas horas, una vez saberse que la gente de Lucían los estaban atacando. Pero la máscara de Dragos debía caer, tenía que caer.

 

Ya había explotado su mundo por más años de los que se podía recordar, era justo que les diera la libertad de elegir cómo vivir su vida, pero siendo realistas eso nunca sucedería si no le arrebataban el poder. Y la otra parte del plan, quizá la más escabrosa, perturbadora y acelerada la de Lucían y Egion quienes iban a aventurarse en él Lamb para rescatar a Anabeth y a la gran madre, ignorando quién las había puesto ahí en primer lugar, pero con toda la sospecha del mundo.

 

Sus chicos estaban armados hasta los dientes con cuanta cosa podían imaginar, mágica o no, desconocían lo que encontrarían. Así que debían prepararse, esta vez nadie hacía bromas nadie decía estupideces. Lo cual se agradecía, porque su humor no estaba para tolerarles, se había estado controlando por días y solo le queda un pretexto, uno solo pequeño para estallar.

 

En esta ocasión no se dirigió su gente, fue Vogel que lo hizo y a su lado estaba Seivian.

 

—Mis guerreros, camaradas, amigos y hermanos —comenzó en el lenguaje antiguo, aquel que era común para todas las razas —Esta noche nos unimos en una nueva batalla, sin duda pocos sabrán lo que esta noche representa para todos, no solo es para liberarse de la opresión de Dragos, es para demostrar que unidos somos invencibles, esta noche sé que muchos no volveremos a casa… aun así estoy muy orgulloso de pelear y caer a su lado.

 

Con una reverencia de respeto tomo una copa de cristal de las que habían dispuesto las doncellas en una enorme mesa, del mismo modo todos y cada uno tomaron una, el intercambio de copas fue relativamente rápido.

 

—¡Por la gran magia! ¡Por las razas de sangre! —Vogel levanto su copa y bebió todo el contenido.

 

El líquido era un poco más viscoso que la sangre, cálido y metálico, pero combinado con algo más. Comenzó a bajar por su garganta, está era sangre llena de poder de una magia que no habían conocido, un cosquilleo comenzó a recorrer la nuca de todos, como pequeños pinchazos en su piel o debajo de esta. Igual que si fuese una intensa corriente eléctrica, está los recorrió de pies a cabeza, pero fue allí donde se asentó.

 

La energía que fluía era distinta a todo lo que habían sentido antes, no sabían si esto era una buena señal. Fue entonces cuando un fuerte dolor se instaló en la parte trasera de su cerebro, fue como un golpe echo con una fina aguja. Agudo y certero, pero solo duró lo que pareció ser un par de segundos o fueron minutos, quizá horas. Y, sin embargo, así como llegó se fue, sacudieron sus cabezas tratando de quitar el entumecimiento generado. Algunos tocaban sus nucas, esperando ver sangre en sus dedos.

 

“Se les ha conferido un poder que solo una raza en el mundo tiene” —todo el mundo volvió su rostro a Lucían —“La telepatía de los lobos”.

 

Detrás de las palabras de Lucían estaba una fuerte compulsión de calma, pero a esto, algunos entraron en pánico. Sobre todo una vez que se dieron cuenta de que, la voz de Lucían la habían escuchado en su cabeza. La dudas y el temor se instaló en el pequeño grupo, lo que era normal y para lo que el destructor de todo estaba preparado. Les ordenó calmarse, con la voz más firme y fría que habían escuchado jamás, era un tono de mando, no había compulsión allí, solo una orden. El grupo guardo silencio, escuchando la explicación del rey maldito. El saber que habían sido bendecidos por la misma gran magia, hacía que sus corazones se regocijarán y llenarán de orgullo.

 

—Pero… entonces Dragos podrá escucharnos —comento alguien, una vez que el grupo asimiló su telepatía.

—No respondió —respondió Lucían —Este conducto mental fue hecho con la misma sangre de una tríada de poder, que se extinguió y que deriva de la misma gran magia. Es única y ningún ser que sea telepata, puede acceder a ella… así que hermanos de armas vayan y vuelvan a casa con vida —guardó silencio para segundos —Peleen bien.

—Mueran con honor —fue el grito de guerra la de todo el grupo y comenzaron a desmaterializar en dirección a su objetivo.

 

 

 

*                *                      *

 

 

Aknort, zona norte, primer grupo.

 

El grupo de sombras pertenecientes a los Iqmis apareció en el centro de la plaza, en la “ciudad”  donde las hadas habían hecho su hogar, nombre que solo compartían con las de cuento, ya que eran distintas en todos los niveles. Todas las hadas presentes comenzaron a correr y a gritar hacia los “invasores”, cuando un guardia de honor apareció rodeándolos dentro de un círculo, los superaban en número

 

—Estoy aquí en nombre del rey Lucían, el destructor de todo, para ofrecer una tregua al rey Gross líder y soberano de las Hadas.

 

Las hadas de sangre, sobre todo los civiles, se desmaterializaron a sus casas o refugios, temblaban ante solo la mención del nombre del destructor de todo.

 

—Si vienen de parte del maldito, entonces morirán aquí y ahora.

 

Aknort zona segunda, segundo grupo.

 

Fian Kera, Malar Fiann, Tesat Lok corrieron con la maldita suerte que cuando se materializaron, llegaron exactamente en medio de una fiesta en honor a Borss Ven.

 

—Maldita sea su suerte —murmuro Alastor.

 

El grupo estaba frente al mismo rey Vel, el rey de los vampiros. El maldito rey que más que nadie odiaba a los Lobos y a Lucían, además de que también odiaba a aquellos que no fueran vampiros o mestizos de ellos. La música dejó de sonar en cuanto ellos se aparecieron, todos tenían sus miradas centradas en ellos y obviamente estaban en guardia esperando la orden del Rey.




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