Hermandad de Sangre

Capítulo dieciocho III

 

 

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¿Sigues allí?…  Bien, ¿sabes qué es lo gracioso de todo esto? Que estoy volviendo a casa, aquí fue donde la gran magia nos creó, antes de llevarlos a tu mundo. Solo a mis hermanos, a los cuales no incluyen a Sagar y Anerag. Te voy a describirte lo que estoy haciendo en este momento, solo pon atención… porque la atención de no tener a mí lobita me está volviendo loco.

 

Los símbolos del suelo representan a cada una de las razas creadas por los padres, para abrir la puerta que me llevara ella, se requiere que la sangre caiga en cada una de ellas. Eso es un jodido problema, sin embargo, mi sangre es más espesa que la de ellos. Si sabes a lo que me refiero, pero esta trampa está planeada para debilitar al intruso… Supongo que Narek sabía bien que solo yo podría pasar por ella.

 

Pensando en ese maldito, creo que el engaño a su hermano de tríada y, por ello, a todos, antes de matarlo. Si tenlo preguntas no, ellos se supone son inmortales, pero la gran magia le dio permiso temporal para matarlo. Le hizo creer al mundo que el tercer hermano quería destruirlo todo, fueron años muy oscuros… según sé, casi llevan a las pocas razas que había a su extinción, la sola mención del nombre del tercero era terrible. Supongo que ese permiso de muerte solo era para ese hermano y por ello no pudo matar la gran madre, se vio obligado a encerrarla aquí. Si me lo preguntas, el tercer hermano es Narek…

 

No te preocupes ya pagará por sus crímenes, todos lo hacen. De eso no tengo ninguna duda, ahora debo sangrar para pagar la cuota y esperar lo que sea que hay aquí. A Narek no le temo, si es lo que piensas, temo perderla ella… pero no por el dolor, tengo por el jodido mundo. En fin, es momento, un que no es fácil que derrame tanta sangre, porque mis heridas se cerrarán con tal rapidez… más que las de las demás razas de sangre, si soy muy especial…

 

 

 

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Lucían cortó la vena de su muñeca, dejando caer su sangre en cada símbolo de las razas, la sangre. Estos comenzaron a destellar del gris al rojo sangre, surgiendo de ellas un pilar de luz que conectaba los símbolos en el techo, la cámara se abrió de una forma extraña era un pentágono que comenzó a girar. Para cuando este se detuvo, se dio cuenta de que la cámara entera había cambiado, y era idéntica a la cámara donde dormía cuando iba de visita con la gran magia. Pero este lugar no era su habitación, tenía un aroma persistente, el aroma de Narek. Comenzó a caminar a la entrada del túnel frente a él, pero sabía que no podía ser tan fácil un  ya que un Kesher parecido, a lo que la literatura humana llama como ogro, salió de la entrada del túnel.

 

En una mano llevaba una gigantesca espada, y en la otra un marzo impresionante. Eso sin mencionar su tamaño, quizá tres veces el tamaño del mismo Lucían, levantó el mazo y lo dejo traer justamente donde había estado él. Mientras se giraba para golpearlo con la espada, lanzándola a dónde reapareció al evadir el primer ataque. Golpe que solo evadió por muy poco, Lucían no lo tocaba porque sabía que este era el último de su clase. Y sabía perfectamente lo que era el ser único, de modo que no quería atacarlo, sin embargo, él Kesher trataría de matarlo a toda costa.

 

—Detente Kesher —dijo en la lengua antigua de la gran magia.

—Yo no respondo a un destructor.

 

Eso solo significaba algo jodidamente malo, si no podía frenarlo, tendría que matarlo.

 

—No soy un destructor, soy de la línea final de la última tríada.

 

El Kesher se detuvo observándolo con cuidado.

 

—Eres uno de los tres engendrados en el olvido y desaparecido, el destructor de todo —eso no había sido una pregunta, había sido una declaración.

—Si, el último al que Nerak no mató —murmuró enfrentándolo —Al igual que tú, el último de mi especie, tú decides… si deseas que tu raza se pierda —aguarde un momento —Decide ahora  Kesher.

—¡Asterod!

—Bien, Asterod decide sabiamente.

 

Asterod medito por lo que parecía un largo tiempo a la pregunta de Lucían.

 

—Narek colocó fuerte salvaguardas, solo no podrás llegar a la Trelkian.

—Ella está en transición, se convirtiera en un Lobo pronto.

—Entonces por la gran magia debes darte prisa —le dijo golpeando con la punta de su espada en el suelo, y el mazo en su hombro derecho.

—Lo sé.

—Lamentablemente, no puedo darte el libre paso, debemos pelear a muerte.

—Espero que la existencia de los Shekel… haya sido buena —dijo Lucían haciendo una reverencia de respeto.

—Lo fue mi señor, lo fue.

 

Asterod atacó a Lucían, esta vez uno de los dos caería.




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