Hermosa oscuridad

Capítulo 11

Connie.

No tengo idea de lo que estoy haciendo. El miedo comienza a asomarse, lento pero persistente, aunque me esfuerzo por mantenerme firme, por no arrepentirme de la decisión que ya tomé. Sé que estoy siendo una idiota. Sé que soy una malagradecida al arriesgarme así, al marcharme de ese lugar que me protegió. Es una locura, y probablemente acarreará consecuencias graves solo por haberme atrevido… pero hay algo en mi interior que insiste en que esto es lo correcto. Al menos, lo es para ellos.

He escapado de la casa.

Ahora estoy muy lejos de la granja donde Chris y su familia me mantuvieron a salvo. Lo hice. Estoy aquí, vagando por un camino solitario, iluminado apenas por los primeros rayos de sol del amanecer. La luz es tenue, casi melancólica. Tuve que salir así, en este momento exacto, porque los chicos Anónimos no suelen estar cerca a estas horas. Suelen irse antes del alba, en busca de provisiones. Solo Queen se queda para vigilar la casa, pero a diferencia de los otros, ella aprovecha su ausencia para dormir.

Y fue así como logré... huir.

Lo estuve pensando toda la noche. Me lo replanteé una y otra vez, encerrada en la habitación, debatiéndome entre el miedo y la decisión. Sé —y sigo sabiendo— que salir a este mundo sin protección, sin conocimiento alguno, es un riesgo enorme. Especialmente en un país que no es el mío, en un lugar que me sigue resultando ajeno.

No tengo idea de hacia dónde me llevará este camino. Tiemblan mis manos, mis piernas, todo mi cuerpo. Pero no dejo de mirar alrededor a cada paso, inquieta por tanta calma. En mi mochila solo llevo lo indispensable: un par de botellas de agua, el suéter que me regaló Annie, dos paquetes de galletas, papel sanitario y una lámpara. Nada más. No quise tomar más, porque ya sentía que era demasiado el solo hecho de marcharme y dejarles una carta como única explicación. Una carta para justificar mi cobardía… y mi ingratitud.

En ella les agradecí por todo. Les pedí perdón, una y otra vez, por irme de esa forma. Sé que no es justo, ni suficiente. Que les debo mucho más, por todo lo que arriesgaron al protegerme. Al... salvarme. Pero si me quedaba ahí, aunque fuera un día más... lo arruinaría.

olvería a arruinarlo todo...

Mis piernas ya duelen después de caminar tanto. Aún no me he cruzado con nadie, y en parte eso me tranquiliza. Sé que la gente ahora vive con miedo, a la defensiva, como si cualquier encuentro pudiera desencadenar lo peor. Pasa media hora, y al llegar a un pequeño pueblo, la misma desolación de la granja me envuelve. Pero aquí... aquí hay algo más inquietante. Los autos están vacíos, reducidos a simples esqueletos de metal. La basura está esparcida por todas partes, como si quienes vivían aquí hubieran huido con desesperación. Como si algo los hubiese obligado a marcharse sin mirar atrás. Algo que realmente los asustó.

Trato de sacudirme esas ideas antes de ponerme aún más nerviosa. Me obligo a regresar al presente. Camino, sigo caminando… hasta que algo dentro de un jardín llama mi atención. Me detengo. Una sensación extraña me invade al ver una bicicleta en buen estado, como si alguien la hubiese dejado allí para mí.

Sin pensarlo mucho, me acerco, la tomo, acomodo mi mochila y, tras asegurarme de que está firme, me echo a andar de nuevo… al menos así dejaré de caminar.

Aunque todavía no tenga idea de a dónde demonios voy.

Solo sé que tengo que alejarme lo más posible de esa granja... y de esos niños.

Queen dijo que el Guardián, o los enviados de Lucifer, podrían detectarme por mi energía. Si pueden sentirla allí, en esa casa, junto a esos niños y esa mujer adorable… ellos también pagarían un precio alto por ocultarme. Horribles consecuencias.

Observar esta carretera desierta, donde apenas llega la luz del sol, solo hace que los temores se multipliquen dentro de mí. Estoy segura de que terminaré más perdida de lo que ya me siento… pero es momento de andar por mi cuenta. Es momento de dejar de arrastrar a otros a mi infierno. Si van a encontrarme… que sea solo a mí.

Y aunque suene casi como una sentencia de muerte, no es eso lo que busco. No quiero morir. No quiero rendirme. Mi única intención… es salvarlos. Y si tengo que luchar sola, lo haré.

Sé que es prácticamente imposible que una sola persona pueda hacerle frente a alguien como el Guardián o Lucifer. Pero al menos intentaré enfrentarme a ellos con mi verdad. Con "mi" verdad, no con la de la Lamia. Tal vez quieran escucharme. Tal vez no. Pero el intento me corresponde solo a mí.

Pasa una hora. Mis músculos están tensos, mi cuerpo agotado, y entonces lo veo: he llegado a lo que parece una ciudad.

Pero…

También está vacía.

Trago saliva con dificultad y me detengo en la acera de lo que alguna vez fue un local. Me bajo de la bicicleta y saco una botella de agua de mi mochila. Mientras bebo, mis ojos no dejan de recorrer cada rincón.

No tengo idea de dónde estoy, pero hay algo en este lugar… los altos edificios, las enormes pantallas publicitarias en cada esquina, los detalles en la arquitectura… todo me dice que esta ciudad fue alguna vez hermosa. Quizá incluso famosa. Pero ahora está cubierta de basura, de escombros, de caos. Aquí, el desastre es más violento, más evidente. Es como si un tornado hubiera arrasado con todo.

¿Esto lo hicieron humanos?

Me cuesta creerlo. No tiene sentido. ¿Por qué alguien destruiría con sus propias manos los ventanales de lo que parece un edificio de oficinas? ¿Por qué arrancar trozos de muro?

¿Qué pudo provocar semejante destrucción...?

—¡No, es mío! ¡Es mío! —La voz de un niño me saca en seco de mis pensamientos.

Alzo la mirada de inmediato. La voz viene desde lo que parece una antigua bodega de alimentos. Me acerco con rapidez y distingo a un niño, un poco mayor que Sam, forcejeando con un hombre. El sujeto intenta quitarle lo que parece un paquete de botellas de agua.




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