Hermosa oscuridad

Capitulo 43

Christopher.

Me senté de golpe, con la cabeza entre las manos, sintiendo cómo mi mundo se derrumbaba. La revelación de Koran me había golpeado como un puñetazo en el estómago, dejándome sin aliento, sin fuerza para soportar lo que esa verdad significaba.

¿Cómo podía ser posible que fuera a olvidar a Connie?

Ella, la chica que transformó mi vida de forma irreversible, que despertó en mí sentimientos que jamás había conocido.

Recordé el día en que la encontré en el bosque, herida y sola. Yo tenía diecisiete años y mi vida era un completo caos. Pero al verla, algo cambió dentro de mí. Me sentí atraído hacia ella de forma inexplicable, como si una parte perdida de mí hubiese vuelto a mí al encontrarla. La cuidé, la protegí, y poco a poco… me enamoré.

Han pasado veinte años desde entonces, y aún siento lo mismo. Porque siempre ha sido ella. Desde el momento en que llegó, nadie más ha existido. Juntos superamos obstáculos, luchamos contra lo imposible y encontramos una manera de permanecer unidos. ¿Y ahora todo eso iba a desaparecer? ¿Borrar nuestra historia, como si nunca hubiera ocurrido?

No pude contener las lágrimas. Lloré por ella. Por nosotros. Por los recuerdos. Por el amor que me definía. Lloré, sabiendo que nada volvería a ser igual.

Koran se acercó y puso una mano en mi hombro.

—Lo siento, Chris…

No pude hablar. No podía explicarle que no se trataba solo de afecto, sino de amor. De mi vida entera. Solo lloré, dejando que el dolor me consumiera.

Me perdí en el vacío, debatiéndome entre la razón y el corazón. El poder de Adela era milagroso, capaz de restaurar el equilibrio del mundo… Pero el precio era demasiado alto.

¿Cómo podía sacrificar mis recuerdos de Connie? ¿Cómo podía borrar a la mujer que me salvó? ¿Era egoísta querer conservar eso? ¿Era justo pedir que el mundo se salvara a costa de mi felicidad?

La anticipación de la pérdida me destrozaba. Me imaginaba un futuro sin ella… sin sus sonrisas, su voz, su amor. Un futuro vacío, sin propósito. Y no podía soportarlo.

¿De verdad no había otro camino?
Koran había dicho que no. Que el poder de Adela era la única opción. Me sentí atrapado, sin salida. Como al borde de un abismo, sin saber qué había más abajo.

El alma se me desgarraba. La idea de olvidarla era un cuchillo en el pecho.
Y entonces la habitación se volvió silenciosa. El tiempo se detuvo.
Solo quedaba el dolor.

Solo una cosa sabía con certeza: No quería olvidarla.

No quería vivir sin sus recuerdos.
Pero… ¿iba a sacrificar al mundo por eso?

Recordé lo que había hecho por ella. Los sacrificios. Las batallas. El infierno que enfrenté para salvarla.
Todo por amor. ¿Y ahora... iba a perderlo todo?

Me puse de pie, con una decisión que no sabía que tenía dentro.

—Koran… no puedo hacerlo. Esto no puede pasar.

—Chris...

—No puedes pedirme esto. No después de todo lo que ha pasado. No es justo… ¿no hay una manera de evitar que al menos yo…?—

—Al ayudar a Adela a extender su poder, tú serás el más afectado. Serás el primero en olvidar.

—¡Maldición, Koran! Tiene que haber una forma de que yo no…—

—Chris, ya te lo expliqué —su voz se tornó más seria—. No puedes escapar de eso.

—Pero… debe haber algún modo. Yo no quiero…—

—Sé que es demasiado… pero si lo logramos, todo saldrá bien.

—¡¿Bien?! Has dicho que todos olvidarán. ¡¿Y ella qué?! ¿Qué pasará si Connie se queda sola? ¡¿Y el Guardián, y Lucifer…?!—

—Si restauramos la normalidad entre los humanos, ellos nos dejarán en paz. Lo único que quieren es que el equilibrio se recupere.

—¡Lo que quieren es destruirnos! ¡Y si olvidamos a Connie, la dejaremos sola!

—No lo estará, Chris. Confía en mí…

—¿Confiar en ti? ¡Ni siquiera sabes si esto funcionará! Maldición… yo no puedo… ¡No puedo permitir que esto pase…!—

Me di la vuelta y salí de la estancia, ignorando las protestas de Koran y los demás. Subí las escaleras a la planta alta. Necesitaba respirar. Pensar.

Entré en mi antigua habitación. Todo estaba igual. Las paredes blancas, el escritorio de madera... Y sin embargo, todo se sentía diferente. Recordé a mi madre. Su risa. Su muerte. A mi padre. A mi hermano. El dolor.

Durante años me sentí vacío. Hasta que conocí a Connie. Ella me salvó. Me enseñó que podía amar, vivir, ser feliz. Me hizo creer en mí mismo.

“Eres fuerte, Chris. Eres un milagro.”

Y yo la creí. Porque ella lo era todo para mí.

Me derrumbé...

¿Cómo podía perderla? ¿Cómo podía olvidar a quien me salvó?

Caminé por la habitación, ahogado por la ansiedad, hasta que la puerta se abrió.

Evan, Josh y Jess entraron.

—¿Podemos pasar? —preguntó Evan con cautela.

Asentí. Fingí estar bien.

Josh se sentó a mi lado.

—Sabemos lo difícil que es esto. No solo para ti. Para todos. Y no vamos a juzgarte por lo que sientes. No queremos esto tampoco.

Evan, sentado frente a mí, intervino:

—Estamos contigo, Chris. Apoyaremos lo que decidas.

—¿Qué?

—No podemos exigirte que lo hagas si no es lo que deseas.

—Pero esto no se trata de lo que yo quiera… sino de lo que conviene al mundo.

—Precisamente. Pero sabemos que esto te destrozará —dijo Josh con seriedad—. Si decides buscar otra salida…

—No hay otra. Ya escucharon a Koran. ¿Dónde está ahora, por cierto?

—Con Queen y Ramsés —respondió Evan—. Les está contando lo de Milton…

—Carajo…

Me puse de pie. Josh y Evan también, pero se quedaron en su lugar. Sentí sus miradas.

—Por lo que pasó con él… no puedo arriesgarme a buscar otra salida.

—Chris… lo siento —dijo Jess, acercándose a abrazarme.

Sentí el nudo en la garganta. Recordar a Milton… me rompía aún más.

—Milton arriesgó todo… pero no puedo dejar que esto continúe. Es mi turno —dije, mirando a Evan—. Si no hay otra forma, debo hacerlo. Pero me preocupa ella…




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