Hermosa oscuridad

Capitulo 45

Connie.

Las personas se lanzaron hacia nosotros, armadas con palos y antorchas. Koran y los demás se pusieron en guardia, protegiéndonos a mí, a Ethan, a Lyon, a Cynthia, Mosen y a Milo. Emmett y el otro sargento se adelantaron, tratando de contener a la multitud.

—¡No, esperen! ¡Todo esto es un grave error! ¡No les hagan daño! —gritó Emmett, colocándome detrás de él—. ¡Por favor, solo escúchenos! ¡No es necesario llegar a esto!

Connor me miró con preocupación y luego me atrajo con fuerza contra su pecho.

—Tranquila, colibrí. No te pasará nada. Los chicos los contendrán.

Koran se volvió hacia nosotros. También se acercó para cubrirnos y luego señaló a Emmett.

—Son demasiados. Y mira las sombras a su alrededor...

—Amigo...

—No debemos confiarnos. Lo que muestran dice que están más allá de lo decidido.

—Están así por lo que ese maldito de Dorian les mostró con Evan, Koran. Tampoco debemos...—

—Ellos vinieron a jodernos. No a escucharnos.

Koran hablaba con verdadera preocupación, y su tono dejaba claro que no quería pelear, que deseaba evitar hacer daño a los humanos. Pero su desesperación también revelaba miedo... miedo por la determinación en los rostros de todas esas personas ahora frente a nosotros: amenazantes, furiosas...

Tal vez no se detendrían.

Tal vez... no entenderían. Solo actuarían, cegados por la oscuridad que nacía del temor.

Los chicos Anónimos se movieron con rapidez y precisión, intentando contener a la multitud sin lastimarlos. Pero era difícil. Eran demasiados, y estaban fuera de control. De pronto, uno de ellos se lanzó contra Koran con un palo en la mano. Koran lo esquivó con facilidad, pero el hombre se recuperó y volvió a atacar. Koran lo detuvo con un movimiento rápido, sin hacerle daño.

—¡No! —gritó Emmett, angustiado al ver lo que ocurría—. ¡Koran! ¿Qué carajos haces? ¡No debes enfrentarlos!

—¡Ellos nos atacarán de todos modos! ¡Solo estoy tratando de evitarlos! ¡¿Quieres que lastimen a los demás?!

—¡Por supuesto que no! ¡Pero es mejor que al menos lo intentemos...!—

Pero la situación empeoraba. Las personas comenzaban a rodearnos, y los chicos Anónimos empezaban a desesperarse. Se notaba en la mirada de cada uno: no sabían qué decisión tomar. Y yo no sabía cuánto tiempo más podríamos mantenernos así.

De repente, Emmett se adelantó y gritó algo. La multitud se detuvo en seco, confundida. Él aprovechó ese instante para moverse, derribando a varios humanos sin causarles daño. Sin embargo, muchos se recuperaron pronto, y la batalla continuó. Los chicos Anónimos seguían conteniéndolos sin lastimarlos, pero nadie estaba dispuesto a escuchar.

—¡Solo escuchen! —gritó Koran con voz firme, pero serena—. ¡Entendemos su miedo y su confusión, pero no somos lo que piensan! ¡Estamos aquí para ayudarlos, no para hacerles daño!

—¡Deja de mentirnos, demonio! —vociferó uno de los humanos, señalando a Koran y a los demás Anónimos—. ¡Los hemos visto causar un desastre! ¡Ustedes provocaron todo esto!

Emmett negó con la cabeza, su rostro permanecía tranquilo.

—Sabemos lo que ha ocurrido, pero no ha sido culpa nuestra. No somos los verdaderos responsables. Esto ha sido un error... pero si nos dieran la oportunidad, podríamos intentar repararlo...

Las voces de protesta no se hicieron esperar. Muchos gritaron que todo eran mentiras, que ya habían visto su verdadera naturaleza. No iban a escuchar. Estaban cegados por el miedo y la ira.

Intentaron acercarse de nuevo, lanzando objetos de todo tipo. Fue Koran quien hizo un último intento por detenerlos.

—¡Por favor, deténganse! ¡No queremos hacerles daño! ¡Queremos ayudarlos! ¡Deténganse y créannos!

Los Anónimos seguían tratando de calmarlos, pero la situación estaba fuera de control. Me sentí impotente viendo cómo luchaban para protegernos. La multitud era grande y en cada rostro se dibujaba el mismo peligro. Koran, Abigail, Evan y Emmett se movían con agilidad, esquivando golpes y patadas, pero siempre cuidando no herir a nadie.

Milo alzó la voz, intentando que escucharan a Koran, pero solo consiguió que intentaran atacarlo también. Connor, Ethan, Lyon y Mosen me rodeaban, protegiéndome por todos lados. Gritaban, pedían calma, pero nadie respondía. Todo dentro de mí se activó cuando uno de los hombres empezó a lanzar piedras hacia donde estaban ellos.

—¡No! —grité, intentando intervenir—. ¡No les hagan daño! ¡Por favor, deténganse!

Pero era demasiado tarde. La multitud era abrumadora y los chicos comenzaban a cansarse por los constantes ataques. En medio del caos y los gritos, ví a Koran recibir un golpe en el brazo. No se rindió. Siguió luchando. Abigail recibió un golpe en el rostro, pero se recuperó con rapidez. Emmett y Evan seguían conteniendo la violencia, pero ya comenzaban a perder fuerza.

La desesperación y la rabia empezaban a consumirnos.

Sentí un nudo en la garganta al verlos resistir con todo lo que tenían. Entonces, un hombre se lanzó contra Milo, pero Koran lo interceptó y lo detuvo con un solo movimiento, sin herirlo. El humano se tambaleó, confundido.

Koran aprovechó el instante para gritar con todas sus fuerzas:

—¡Escúchenos, carajo! ¡No somos sus enemigos! ¡Queremos ayudarlos! ¡Podemos hacerlo!

Pero nadie se detenía. La batalla seguía, y yo ya no soportaba tanto pánico.

De pronto... me di cuenta de algo.

Christopher seguía sin aparecer...

Pero... ¿dónde estaba? ¿Por qué no venía a ayudarnos?

Miraba desesperada en todas direcciones, buscando su rostro entre la multitud, pero no lo encontraba. El caos continuaba y la batalla entre humanos y Anónimos no cedía. La ansiedad me invadía. ¿Cómo era posible que él no percibiera esto? ¿Le habría pasado algo?

No...

No quería ni pensarlo, pero su ausencia era demasiado extraña.

Koran y los demás seguían luchando sin descanso, pero yo solo podía pensar en Christopher. ¿Dónde estaba? ¿Qué le había pasado? La incertidumbre me estaba matando.




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