Connie.
Desperté de golpe, apenas envuelta por las sábanas revueltas que aún olían a él, al roce de su piel, a la urgencia de hace unas horas. La habitación en la que nos encontrábamos estaba completamente a oscuras, la brisa nocturna se colaba por las rendijas y un golpeteo insistente retumbaba en la puerta principal.
Eso fue lo me ayudó a volver al aquí.
Christopher se incorporó al mismo tiempo que yo, con los músculos en tensión, alerta. Se pasó una mano por el cabello, aún despeinado, mientras yo buscaba a tientas mi ropa.
—¿Lo escuchaste? —murmuró. Su voz, ronca, aún estaba impregnada del sueño y de lo que había en nosotros antes de él.
Asentí, conteniendo el aliento.
— Tranquila, bella. Es ella —dijo de pronto, con la mirada ida, cómo si lo hubiese sentido a través del aire—. Es Adela.
Nos acercamos a la ventana del segundo piso. Desde allí, entre las sombras de la noche y del lugar que ahora nos rodeaba en la cabaña, distinguimos su silueta. Pálida. Solitaria. Envuelta en su abrigo blanco que casi la hacía confundirse con la neblina. Estaba allí parada, inmóvil, cómo si no quisiera hacer más ruido del necesario.
—¿Por qué está sola? —susurré, sintiendo el pulso en el cuello. Era raro. Algo no encajaba.
—Vamos —dijo Chris, y se vistió apresurado.
Yo lo seguí, aún con el calor de su piel vibrando en mi memoria. Bajamos las escaleras con precaución, como si el suelo pudiera delatarnos ante un peligro invisible.
Cuando abrimos la puerta, Adela subió la mirada. Había algo tembloroso en sus ojos, algo que me hizo sentir un nudo en el estómago.
—Perdón... —dijo ella—. No quería asustarlos. No quise... interrumpir.
Christopher dió un paso al frente, su expresión se suavizó. Se notaba que estaba sorprendido, incluso preocupado.
—¿Qué pasa? ¿Por qué has venido solo tú? Y... ¿Cómo lograste hallarnos? Ni siquiera Koran me permitió decirle para protegernos a todos.
Ella tragó saliva. Sus manos estaban frías, entrelazadas una con otra.
— Yo... Recuerda que los portales que puedo crear, son capaces de llevarme a las personas que necesite encontrar en ese momento, no importa que aún no sea Anónima. El poder que ha evolucionado en mí... me ha permitido esto.
— ¿De verdad?— fuí yo la que se atrevió a preguntar después y ella sólo asintió para mí, aún luciendo afectada —. Es... increíble, ¿pero por qué has venido sola y...?—
— Koran no se quiso arriesgar a traer a todos juntos, dijo que tal vez sería peligroso, así que me pidió a mí que primero investigara donde estaban ustedes. En el lugar de antes... ya no se siente seguro, así que ha decidido llevar a los demás al lugar que Chris haya elegido para refugiarse contigo, Connie, pero de igual manera necesitaría de su ayuda para lograrlo...— nos miró de hito en hito y después suspiró —. No podíamos usar mi energía esta vez. Necesitamos la tuya, Chris. Tu parte oscura, para que todos los demás puedan pasar por el portal.
— ¿Q-qué? ¿Pero de qué teme ahora?
— De que podamos ser percibidos por Anónimos o demonios si lo hacemos con mi energía, ya que es muy potente. No puede hacerlo solo. Te necesita para camuflajear la energía de él y de los otros Anónimos. Si lo hace solo, los demonios y los otros guerreros que nos buscan podrían rastrearlos de inmediato.
—Así que quieren camuflajear la energía de todos... —dijo él, más para sí mismo—. Y la única manera de hacerlo es con mi parte oscura.
Adela asintió, con los labios tensos.
—Tienes que ir, Chris. Ya te están esperando.
Chris me miró. Y en su mirada... ví el miedo. No por lo que tenía que enfrentar. Sino por dejarme.
También sentí ese temor...
— Pero... ¿Connie? —murmuró. Su mano encontró la mía.
—Estará bien —dijo Adela, dando un paso hacia atrás—. Me quedaré con ella. Puedes confiar en mí, además aquí se percibe todo tan tranquilo...
Chris se resistió, tardamos mucho en convencerlo para que nos dejara solas aquí, pero aún así, cuando logramos que cediera, él no dejó de lucir angustiado.
— Estaremos bien, tú ve. Ya la escuchaste, te nececita para traer a los demás con bien...
— Pero...—
— Chris, confía en nosotras. Todo estará bien. Yo también he sentido fuera de peligro este lugar.
Me miró por unos momentos, dudando, y después me tomó por los hombros. Me besó la frente. Me besó los labios. Y luego... me abrazó de una manera tan cálida que me hizo sentir un extraño nudo en la garganta.
—Voy a volver rápido... —me susurró—. Te lo prometo. Trataré de no tardar mucho tiempo.
Asentí con los ojos vidriosos. Y aunque sus palabras intentaban calmarme, algo en su voz... en la forma en que me besó después... me dejó el corazón roto en silencio.
—Te amo —dijo, con la voz apenas audible—. No salgan de aquí. Por nada del mundo... ¿Me han escuchado?
Nos advirtió a Adela y a mí, y yo sólo pude asentir para él, sin poder evitar sonreír por su adorable preocupación.
—Te amo, tonto paranoico, pero ya vete... Estaremos bien—alcancé a decir, aferrándome a su camisa una última vez y después deposité un beso corto en la figura perfecta de sus labios—. Te amo...
Me susurró un "Te amo también", y después se giró hacia Adela para asentir. Ella cerró los ojos, se concentró, y en cuestión de segundos, el aire frente a nosotros se abrió cómo una herida en la realidad. Un portal blanco, irregular, como una puerta al abismo.
Chris me miró una última vez, y luego desapareció dentro del portal. El silencio volvió a la cabaña. La imagen del portal seguía allí, estática y brillante, pero ya no parecía lo mismo sin Chris mirándolo con esa mezcla de duda y nostalgia.
—Estará bien —me susurró Adela, mientras intentaba reconfigurar los restos del campo energético.
—Adela...—la llamé cuando ella terminó de borrar con sus dedos lo que quedaba del portal. Le hice una seña con la cabeza después —. Entra...