Hermosa oscuridad

Capitulo 49

Connie.

Estábamos rodeadas...

Las sombras eran muchas... Estas rodeaban la cabaña cómo una jauría hambrienta y peligrosa. Sentía cómo el aire se volvía pesado, y cómo mi pánico crecía, haciendo estremecer a todos mis adentros, estancandome más en el shock y en el desconcierto. Pude regresar al aquí cuando sentí cómo Adela me tomó del brazo con fuerza para arrastrarme lejos.

—Connie, tranquila. Sólo no me sueltes. —Su voz, aunque firme, tenía ese matiz de urgencia. De pronto, a nuestro alrededor, un campo de luz empezó a envolvernos con un brillo tenue pero cálido que parecía emanar de sus propias manos. No pude evitar asombrarme y ella de inmediato pareció notarlo, ya que no se tardó en aclarar después:—Koran me enseñó a hacer esto —me explicó sin dejar de avanzar—. Estaremos bien, sólo confía. Es un campo de protección...

Intentamos correr hacia la puerta, pero las figuras encapuchadas se movieron con una agilidad aterradora, bloqueándonos el camino. No eran cómo Dorian o los demonios con los que habíamos peleado antes. Estos eran más fríos, más silenciosos, y su sola presencia ya me hacía pensar que no habría modo de enfrentarlos.

—No son simples demonios —susurró Adela con una mezcla de miedo y nervios—. Son enviados de Lucifer.

El peso de esas palabras me golpeó cómo un puñetazo.

Lucifer...

Oh no...

No había escapatoria posible...

No quería creerlo así, pero no podía evitar temer de esta manera por eso.

Intentamos rodear la cabaña, buscando alguna salida, alguna grieta por donde escapar, pero ellos anticipaban cada movimiento.

De pronto, uno de ellos intentó atacarnos, sólo pude soltar un grito cuando lo ví abalanzarse hacia nosotras, pero este se detuvo cuando Adela, de un movimiento rápido, levantó una mano y, cómo si de un fuego invisible se tratara, una llama azul comenzó salió de entre sus dedos.

Mi corazón se detuvo al presenciar eso.

¿Qué demonios...?

Esa llama... era igual a la que había visto en Chris. Ese fuego azulado, puro pero mortal, que sólo poseían los Vengadores, los Dykant...

Ella atacó brutalmente con ese fuego después. En segundos logró calcinar por completo al ser.

Yo seguía en estado de shock.

—¿Tú... cómo...?

—No hay tiempo para explicaciones. Sólo sigue.— dijo con apuro y, después de tomar mi brazo, nos hizo correr de nuevo lejos del lugar.

Mientras esquivábamos a esas figuras, ví cómo esa llama, que aún crepitaba en sus manos, consumía sombras, manteniendo a raya a los atacantes. No entendía por qué ella podía tener ese poder, por qué lo poseía, si se suponía que sólo Christopher y Lamia...

Ya no entendía nada... pero ahora tenía más miedo de la verdad que pudiese haber detrás.

Aún así no tenía tiempo para pensar en algún "por qué". Teníamos que seguir, teníamos que encontrar una forma de perderlos. Ya me sentía agotada de tanto correr, pero no me detenía. El frío mordía mi piel, pero era la adrenalina la que me mantenía en pie. La llama azul en las manos de Adela iluminaba la oscuridad cómo un faro en medio de la tormenta, quemando a los encapuchados que intentaban tocarnos. Cada vez que uno se acercaba, un chorro de fuego surgía de sus dedos, enviándolos al suelo con un grito apagado.

Pero eran muchos....

Sentí que la desesperación comenzaba a enredarse en mi garganta.

—¡Connie, no te quedes atrás! —gritó Adela, mientras lanzaba una llamarada que abría un camino entre las sombras.

Corrí con todas mis fuerzas, sintiendo los pasos y susurros de esos seres cerca, casi rozándome la espalda. Mi corazón golpeaba tan fuerte que creí que se escucharía en todo el lugar. Un instante después, uno de ellos se lanzó sobre mí con una velocidad aterradora. Sentí sus garras rozar mi brazo. Antes de que pudiera gritar, Adela apareció y, sin dudar, lanzó una bola de fuego que impactó directo en la figura oscura. El ser desapareció en una nube de humo negro, y sólo quedó el eco de un gruñido lejano.

Lo hizo de nuevo...

Ella... de verdad tiene tanto control sobre ese poder.

Había visto a Chris batallar con él para dominarlo, pero Adela... parece tener más fuerza y experiencia que él, con él.

¿Por... qué?

—¿Estás bien? —preguntó Adela, devolviendome al aquí, ya que me había quedado cautivada y perturbada por lo que acababa de hacer ahora con ese ser.

—Sí... C-creo.—jadeé, y después traté de armarme de valor para seguir corriendo con ella.

Zigzagueando entre los árboles. La llama azul seguía danzando en las manos de Adela, iluminando nuestro camino y manteniendo a raya a nuestros perseguidores, pero la oscuridad era implacable. Sentía que esas sombras nos acechaban cómo buitres, que cualquier error sería fatal. El cansancio comenzó a hundirse en mis piernas, pero no podía rendirme. No podía dejar que todo terminara así.

—¡Por aquí, Connie! ¡No sueltes mi mano! —gritó Adela, su voz desgarrada por el esfuerzo, los nervios… ¿o era miedo?

Intentaba no caer. Las ramas crujían bajo nuestros pies, el suelo era inestable, húmedo. ¿A dónde nos llevaba ahora?

—¡Lamia! —vociferó uno de los encapuchados con una voz cavernosa, casi irreal—. ¡Tu juicio ha llegado! ¡Esta vez no escaparás!

—¡Déjenla en paz! ¡No van a tocarla! —gritó Adela, volviéndose de golpe, alzando su mano y lanzando un haz de fuego azul incandescente que arrasó con los árboles cercanos. La explosión iluminó todo a nuestro alrededor cómo si el mismo cielo se hubiera partido.

¿Por qué seguía siendo tan similar al de Chris?

Incluso parece ser más... peligroso.

—¡Corre, Connie! —exclamó Adela—. ¡Vamos, recuerda que no son solo esos!

Los seres se detuvieron por un instante, pero no se desvanecieron. Uno de ellos se incorporó, su túnica ardiendo, pero su cuerpo no se consumía. Caminó hacia nosotras con paso firme.

—¡Lamia! ¡Tu alma ya no puede tener salvación! ¡¡Ella nos pertenece!!




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