¿hero? Vol. #1

Capítulo VI. La Ley tras las Murallas de la Tierra.

Parte I. Orgullo

Ha pasado un mes desde que entreno con Kael. Hace dos semanas, Akira tuvo que regresar a su reino, así que Kael y yo hemos continuado entrenando solos en la dimensión alterna. Nyra también ha progresado bastante bajo la tutela de Elizabeth, aunque todavía no se ven resultados claros en su dominio de la resonancia.

—¡UAAAAAA!

Di un gran bostezo al despertar. Han pasado muchas cosas desde aquella tarde en la montaña. Nyra y yo ya no hemos tenido tanto tiempo para salir juntos como antes. A veces quisiera detener el entrenamiento por un tiempo y pasar más tiempo con ella, pero sé que sería irresponsable. Al final del día, Nyra también necesita fortalecerse.

Me froté un ojo y noté que Nyra aún dormía. Era lógico: todavía no amanecía. De hecho, quizá seguía siendo medianoche. No entendía por qué me había despertado a esa hora.

Suspiré e intenté volver a dormir, pero fue inútil. Por alguna razón, el sueño no regresaba.

Resignado, me levanté y salí de la habitación para ir por un vaso de agua. El palacio estaba en completo silencio; apenas unas luces tenues iluminaban los pasillos.

Al llegar a la cocina, las sirvientas seguían dormidas, incluso el perro guardián roncaba profundamente. ¿De verdad es tan temprano?

Tomé un vaso con agua y me dispuse a regresar, cuando algo llamó mi atención.

Una figura humanoide se encontraba cerca de una de las ventanas del palacio.

¿Un intruso?

Me puse en guardia de inmediato y avancé con cautela. Me oculté tras un pilar y me asomé lo justo para observar.

Allí estaba.

Un hombre alto, de cabello plateado, que brillaba bajo la luz de la luna con sutiles tonos azulados. Permanecía de pie, sosteniendo una copa y mirando hacia ningún lugar en particular.

—¿Eres tú, Lior?

¿Me vio?

—Es imposible pasar desapercibido contigo, ¿cierto, Kael?

Kael hizo un gesto para que me acercara. Su expresión era extraña, distinta a cualquier otra que le hubiera visto antes.

—Oye —dije, intentando romper el silencio—, ¿por qué dices que siempre ando con cara amargada, cuando tú también eres igual?

Kael frunció el ceño.

—Lior… tengo un mal presentimiento.

—¿Un mal presentimiento? ¿A qué te refieres?

—Guerra.

—¿Guerra? No creo que haya alguien tan estúpido como para—

Las palabras de Elizabeth cruzaron mi mente.

Cierto… en el pasado ya hubo guerras incluso con Kael presente. Y ese tal Solus dijo que regresaría.

Mi expresión se endureció.

—Ya veo. Temes que ocurra algo como en el pasado. Pero eres increíblemente fuerte, ¿a qué le temes?

Kael dejó escapar una breve sonrisa, cansada.

—¿Crees que soy fuerte, Lior?

No respondí. Solo lo miré.

—Antes no existían cuatro pilares fundamentales —continuó—. Existían cinco.

—¿Cinco? ¿Qué ocurrió con el otro?

—Es una historia larga. Por ahora basta con que sepas esto: los cuatro tuvimos que unirnos para enfrentarlo… y aun así, casi perdimos.

Kael volvió la mirada hacia la ventana.

—¿Dices que incluso unidos casi pierden?

Asintió lentamente.

—Dime, Kael. ¿Ese quinto pilar es Solus?

Kael asintió de nuevo.

Comprendí entonces el peso de su preocupación. Si eso era cierto, Solus no era solo un enemigo… era una amenaza que superaba todo lo que conocía.

—¿Por qué quiere iniciar tantas guerras?

—Aún no es momento para que sepas eso, Lior.

—¿Acaso creen que soy un niño?

Kael giró hacia mí, serio.

—Comparados con nosotros… toda la humanidad lo es.

Guardé silencio. Luego me giré para marcharme.

—Confía en mí, Lior —dijo Kael a mi espalda.

Seguí caminando sin responder. Tal vez tenía razón. Tal vez todavía era un ignorante.

Regresé a la habitación y me recosté en la cama. Había demasiadas cosas en mi mente.

Suspiré.

—Supongo que, por ahora, solo puedo esperar.

Pero una cosa era segura: debía asegurarme de que mi familia estuviera a salvo cuando llegara lo inevitable.

Cerré los ojos.

Al amanecer, sentí unas manos acariciándome el cabello. Abrí los ojos y la vi.

Nyra me sonreía con calidez.

—Buenos días, Lior.

Sonreí y tomé su mano con suavidad.

—Buenos días, Nyra.

Así comenzó otro día de duro entrenamiento.




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