Parte I. Cuando da Todo por su Reino.
—Oye tú, ¿quién demonios eres?
La chica de mirada sádica hacía que sus ojos brillaran en un intenso carmesí debido a su batalla con Luthor y el giro que esta había tomado.
El problema no era su fuerza, tampoco su velocidad ni su poder. El problema es que no importaba cuánto cortara a Luthor, no importaba cuán lo estrellara una y otra vez, Luthor simplemente volvía a colocarse de pie mientras sanaba sus heridas.
—Ya basta de jugar —dijo María colocando un semblante duro y frío.
María se lanzó en contra de Luthor con la intención de cortar su cabeza de un tajo. Sin embargo, algo pasó.
—¡PUM!
María no lo podía creer, era como si Luthor fuera capaz de aumentar su fuerza a medida que se prolongaba la pelea. Luthor fue capaz de no solo desviar su ataque, sino que también giró sobre sí mismo y le dio una patada a María directamente en el rostro.
—Oye, oye —recriminó María con falsa debilidad—. ¿Qué acaso no sabes que no debes golpear a una mujer?
Luthor no respondió nada y solo seguía allí parado. Algo había cambiado en él, y María lo sabía.
—Pues bien —dijo María colocándose de pie y mirando fijamente a Luthor—, ¿qué te parece si aumentamos el ritmo?
En un instante, el tiempo pareció detenerse. Las mariposas, las aves, los zorros, los roedores, la brisa misma; todo pareció quedarse completamente detenido ante la increíble velocidad de María, quien estaba con la punta de su catana en la intersección de las cejas de Luthor, pero se detuvo antes de poder atravesarlo.
—¿Qué pasa? —replicó María—. ¿Acaso no puedes seguir esta velocidad?
En respuesta, Luthor comenzó a desplegar un aura que hizo que la punta de la catana de María comenzara a tornarse negra. Las aves, los insectos, las plantas, todo organismo vivo que entrara en contacto con dicha aura moría como si cada una de sus células fuera quemada y desintegrada.
María se apartó de golpe de Luthor y retrocedió con una voltereta hacia atrás.
—¡Señora María! —gritaron sus otras dos acompañantes.
María solo se limitó a sonreír como siempre lo hace.
—¡No se acerquen! —gritó extendiendo su mano.
María comenzó a incorporarse y sonrió fríamente.
—Ahora sí nos vamos a divertir —dijo de pronto mientras ella misma comenzaba a expandir su aura.
El aura es un concepto difícil de entender. Aquellos que poseen una gran determinación y son capaces de controlar sus emociones y, sobre todo, tener una voluntad inquebrantable pueden expandir su aura de manera libre, lo cual aumenta significativamente su fuerza.
El aura no es liberar poder de manera esporádica. En cambio, el aura es la liberación misma de tu esencia como ser existente en sincronía con el poder que eres capaz de absorber. No obstante, si tus emociones superan a tu voluntad, tu esencia se comenzará a desvanecer junto con el poder que hayas absorbido, provocando que ya ni siquiera sepas por qué o para qué estás peleando y tu aura se salga de control.
Sin embargo, el verdadero problema es…
María comenzó a desplegar su aura también, pero esta vez era diferente a la anterior. Al igual que Luthor, todo organismo viviente que tocara su aura moría al instante.
Sin embargo, era diferente a Luthor…
María podía mantener su conciencia intacta.
—Bien —dijo María—. Que comience la verdadera batalla.
Mientras la batalla transcurría con choques frenéticos de sus catanas, la mente de Luthor luchaba por mantener el control.
Luthor era un niño huérfano que creció en una ciudad muy alejada de la capital real. A pesar de que había buena estabilidad económica y los ciudadanos estaban felices, el corazón humano siempre anhelará tener más de lo que se le ha concedido. Por eso, las personas ávaras y ambiciosas robaban más de lo que ya tenían.
En una noche, la casa, la familia, el dinero y todas las pertenencias de Luthor fueron arrebatadas por personas malvadas y codiciosas, dejándolo en la calle y completamente solo.
Luthor vagaba por las calles alimentándose de las migajas de los más ricos; a veces no tenía otra opción más que robar, por lo que muchas veces recibió palizas. No obstante, gracias a esto, Luthor comenzó a evolucionar y hacerse cada vez más fuerte y muchas veces participó en peleas clandestinas por algo de dinero. Hasta que, un día…
—Oye, niño. En verdad eres bueno.
Un luchador formidable lo derrotó de un solo movimiento.
—¿Qué te parece si te haces mi subordinado?
—¿Subordinado?
Kael asintió. Él había llegado a ese establecimiento clandestino para desmantelarlo, y así lo hizo. Los patrocinadores, los magnates de aquella ciudad, los que robaban a los que no podían defenderse, todos fueron encarcelados y juzgados por sus acciones.
Luthor se convirtió en general luego de unos cuantos años, hasta finalmente convertirse en la mano derecha de Kael. Pero, antes de esto, ocurrió un accidente.