¿hero? Vol. #1

Capítulo XII. Final.

Parte I. La Maldad de los Hombres.

—Ja, ja, ja —se reía un hombre—. De verdad creía que había muerto.
—Ja, ja, ja —rió otro—. Ese mocoso jamás hubiera logrado acabar con usted, señor Brian.

Allí estaba Brian, junto a sus hombres más leales y confiables. Aquellos que, por suerte, no estaban en el ataque de Lior.

—Qué bien que pueda acompañarnos, señor Brian —dijo el noble Damián, quien sostenía a Aria entre sus brazos—. Espero que pueda seguir brindándonos su generosa protección, y por supuesto que vamos a recompensarlo por esto.

—Hm, como diga. Después de que me paguen, no me importa.

—A todo esto, ¿cómo sobrevivió?

—Exactamente de la misma manera que usted. El mocoso no se atreve a matar humanos, a menos que esté en verdaderos problemas.

El noble solo se limitó a sobarse la barba y luego dejó a Aria a un lado.

—Cuando atacamos su pueblo, la mayoría de los soldados no fueron asesinados en el acto, solo fueron neutralizados con golpes contundentes. No obstante, cuando el general Arthur los hizo llegar a su límite, el mocoso no tuvo más opción que matarlo.

—Hm, ya veo, ya veo.

—A todo esto, señor Damián —preguntó Brian—, ¿no es esa la hermana del mocoso?

—Ah, sí, sí —dijo Damián, dándole una lamida a su mejilla—. Me la llevé en sus propias narices.

—¡TCH! Este tipo de verdad está loco —pensó Brian.

—En realidad, me hubiera gustado traer conmigo a su compañera, pero ya qué.

—Iré a vigilar un poco —dijo Brian y se fue a los alrededores.

En la mente de Brian aún permanecía ese horrible recuerdo de cuando Lior lo hizo estamparse contra la pared y sentía cómo una enorme presión lo empujaba contra ella.

—No pienso enfrentarme a ese demonio por nadie —pensó.

Gracias a que Brian y los demás estaban bajo tierra, al momento de ser destruida la edificación de encima, no recibieron daño y, cuando llegaron los refuerzos, solo tuvieron que liberarlos de los escombros y sanar algunas heridas. Inmediatamente después, asesinaron a todos los testigos del lugar.

—Bien, ahora que estamos los dos solos… —dijo Damián.

—Oye, Damián —protestó uno de los nobles—. Deja tus tonterías para más tarde y sigamos avanzando.

—¿Cuál es la prisa? No hay forma en que puedan alcanzarnos ahora.

—Eres un estúpido, tenemos que salir de los confines no solo del rey Arthur, sino del de todos los demás reinos.

—Tranquilízate, nosotros tenemos la ventaja, jamás sabrán dónde estamos.

—No se puede hablar contigo.

El noble se cruzó de brazos, resignado.

—Por cierto, ¿en qué rayos pensabas trayendo a esa mocosa con nosotros? Ahora ese maldito mocoso nos buscará por cielo y tierra hasta matarnos.

—¿Matarnos? No tiene las agallas.

—Lo has provocado demasiado, ¿sabes?

Damián solo hizo un gesto despectivo.

—Bien, haz lo que quieras.

Una vez el noble se fue, Damián siguió dándole lamidas a las mejillas de Aria. No obstante, las constantes lamidas del noble hicieron que Aria fuera recuperando poco a poco la conciencia y, cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue a ese hombre gordo de antes moviendo sus dedos de manera exagerada.

—Aaaaaaah —gritó Aria—. Basta, déjame, déjame. Hermanito, ¿dónde estás, hermanito?

—Lo siento mucho, niña. Tu hermanito no podrá salvarte esta vez.

—Basta, no me toques. Andrés, ¿dónde estás?

—¿Hablas del chico que golpeamos hasta casi matarlo y que se quedó llorando y gritando por no poder protegerte? En verdad era alguien patético.

—No, ¿por qué? Tú no deberías estar aquí. ¡Aléjate, cerdo!

—¿Cerdo, eh? Ja, ja, ja. Sí, soy un cerdo. Ja, ja, ja.

Damián comenzó a reír a carcajadas y su mirada solo mostraba lo enfermo que estaba de la cabeza.

—Lior, ¿dónde estás?

Parte II. Último Esfuerzo.

—Alto, Lior. Detente.
—¿Por qué rayos nos detenemos?
—Hemos llegado, los nobles están a unos cuantos metros de este lugar.
—¿Y qué hacemos aquí parados?

Lior y Arthur estaban a una distancia muy corta de los nobles, pero no podían verlos aún debido al entorno. Ya habían salido de los túneles y estaban en la superficie, pero salieron en un terreno lleno de ruinas y vegetación por todos lados, como si antes hubiese existido una enorme ciudad en ese lugar.

—Los nobles están acompañados por un gran número de personas.
—¿Crees que eso me importa?
—No es eso, quiero llevarlos con vida. Si es posible, podríamos hablar antes de tomar cualquier decisión.
—¿Hablar? Si quieres hablar, hazlo, yo voy a rescatar a mi hermana y destruiré a todo el que se interponga en mi camino.
—Bien, solo te pido que los captures con vida.
—Eres muy permisivo, ¿no?
—De nada me serviría tratar de detenerte, ¿verdad?

Lior lo miró con algo de sorpresa y confusión. “Él y Kael son completamente distintos”, pensó.

—Bien, avancemos.

Mientras tanto, los nobles ya estaban preparándose para moverse una vez más.

—¿Y bien? ¿Nos vamos de una vez?

Los nobles ya se habían hastiado y querían irse lo más pronto posible.

—Ya has desperdiciado demasiado tiempo, Damián.

—¿Qué? Pero si ni siquiera he podido tocar a esta cabra loca.

—¿Crees que me interesan tus malditos caprichos? Si no quieres irte, pues bien. Nosotros nos vamos.

—O-Oye, espera un segundo. Está bien. Solo déjame darle un pequeño besito.

El otro noble guardó silencio por un momento.

—Solo uno.

—Ja, ja, ja. Muy bien, prepárate.

—Alto, no te acerques —Aria comenzó a patalear una vez más.




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