¿hero? Vol. #2

Capítulo VI. Sin Vuelta a Atrás.

Parte I

—Mierda, soy patético —pensaba Andrés mientras se escondía con las manos en la cabeza.

—¡Oye, tú! —un grito fuerte lo hizo girar en esa dirección—. ¡Quítate de ahí!

Andrés no pudo reaccionar cuando un soldado lo empujó y, justo donde estaba antes, un enorme ciempiés pasó destruyéndolo todo. Andrés abrió los ojos con terror cuando vio lo cerca que estuvo de morir.

—¿¡Eres imbécil o qué!? —reclamó el soldado—. ¡Estás en una batalla de vida o muerte y tú te quedas quieto en un lugar! ¿¡Para qué te inscribiste si no vas a pelear!?

Andrés estaba en shock, no procesaba bien lo que sucedía a su alrededor. Muchas veces le tocó enfrentarse en batallas, pero todas fueron contra humanos. Nunca había visto criaturas semejantes y, debido a todos sus años en cautiverio, no sabía bien cómo actuar en estas situaciones. Pero no era el único; muchos soldados estaban sucumbiendo ante el cansancio y otros estaban tan aterrorizados que no podían moverse. Por supuesto, había otros lo suficientemente estúpidos como para querer lucirse delante de las pocas señoritas del campamento, arriesgando sus propias vidas.

—¡Mire esto, señorita Sophia! —gritó un soldado.

El soldado corrió y saltó sobre el ciempiés de antes y se agarró de sus antenas mientras clavaba su espada en la cabeza de la enorme criatura. Como era de esperar, la criatura comenzó a retorcerse violentamente y el soldado se agarraba con todas sus fuerzas de las antenas del ciempiés para no salir volando, pero, en un movimiento inesperado, el ciempiés movió su cabeza bruscamente y el soldado quedó suspendido justo en frente de la boca del ciempiés.

—¿Es que eres imbécil? —una voz detrás de Andrés lo sorprendió—. No entiendo cuál es la necesidad de los hombres de querer sobresalir.

La chica apuntó una varita hacia la criatura y una corriente de poder se sintió en el lugar. Luego, Andrés pudo ver cómo una esfera de energía se formó en la punta de la varita y salió expulsada directo a la cabeza del ciempiés, la cual explotó al impacto, y el soldado cayó sobre el suelo.

—Ja, ja, ja —otros soldados de alrededor comenzaron a burlarse de él—. ¿Esa era tu gran actuación?

—¡Ya cállense! —gritó el soldado.

—Ja, ja, ja —continuaron las risas.

—¿Podrían ya dejar de hacerse los idiotas? —dijo la chica—. Reorganícense y sigamos deshaciéndonos de estas alimañas.

—Sí, señora —dijeron los soldados haciendo un saludo militar.

Los soldados se dispersaron y siguieron acabando con las bestias que aparecían en todos lados.

—¿Estás bien? —preguntó la chica a Andrés.

—T-Tú eres la amiga de Aria —dijo Andrés—. Sophia, ¿cierto?

—Oh, qué bueno que lo recuerdes. Casi no hablas con nosotras, solo con Aria.

—L-Lo siento mucho.

—Qué tipo tan tímido —pensó Sophia.

—¿S-Sophia, l-lo conoces?

Detrás de Sophia apareció otra chica de cabello negro, con un mechón de pelo tapando su ojo derecho, de tez clara y más baja que Sophia, la cual tenía la misma estatura que Lior.

—Oh, Aurora —dijo Sophia—. Él es Andrés, es cuñado de Lior.

Andrés se colocó completamente rojo y movió las manos negando.

—C-C-Claro que no, yo solo soy amigo de Aria.

—¿C-Cuñado del héroe?

—¡T-Te digo que no!

—Ja, ja, ja —rio Sophia—. Solo te estoy tomando del pelo, no te pongas así.

Andrés se tranquilizó y agachó la cabeza un poco, aún muy avergonzado, pero abrió los ojos cuando una criatura saltó detrás de Sophia. Andrés saltó, empujó a Sophia fuera del peligro, pero recibió un corte en su brazo en el proceso.

—¡Eek! —dijo Sophia mientras caía al suelo—. ¿Qué fue e…? Andrés, ¿estás bien?

—¡KICK! —se quejó Andrés mientras sujetaba su herida—. No te preocupes, estoy bien.

Cuando alzaron la mirada, un lagarto humanoide permanecía de pie con la lengua afuera y con un cuchillo en su mano. Sus escamas eran verde oscuras, casi marrones, y su hocico era un poco más corto de lo normal, ya que parecía un pequeño cocodrilo. Pero lo que más los sorprendió es que incluso llevaba ropa y zapatos. Era pequeño, de no más de un metro de altura sobre sus dos patas.

—Ñi, ñi, ñi —una voz delgada y chillona sonó y todos abrieron los ojos sorprendidos—. Saludos, yo soy Froggi y ustedes serán mis presas hoy.

Ninguno en el lugar lo podía creer; era la primera vez que veían a una criatura así y que, además, podía hablar y usar armas.

—Oigan —se quejó Froggi—. Deberían presentarse ustedes ahora, ¿no creen?

Pero no hubo respuesta; los tres chicos seguían ahí, mirándolo sin comprender lo que veían.

—Así que no van a hablar, ¿eh? —dijo Froggi indignado—. Entonces los mataré sin más.

Froggi se lanzó en contra de los chicos y estos se levantaron y se cubrieron ante el ataque, pero...

—¡Señorita Sophia! ¡Señorita Aurora!

La voz de los soldados hizo que Froggi se volteara y recibió una patada en el mentón que lo hizo salir disparado unos metros hacia atrás.

—¿Están bien? —preguntaron los soldados colocándose en frente del trío—. Nosotros nos encargamos de esa cosa, ustedes no se preocupen.

—Ñi, ñi, ñi —rio Froggi—. Nuevos juguetes, ¿eh?

—Ya cállate —dijeron los soldados abalanzándose sobre él.

Froggi solo mostró una enorme sonrisa y luego esquivó los ataques de los soldados con bastante facilidad, cortándolos en zonas críticas.

—¿Eso es todo? —se burlaba Froggi.

—Maldita alimaña —dijo un soldado lanzando un corte horizontal contra Froggi.

—¿Alimaña yo? —dijo Froggi colocándose a su espalda—. Deberías aprender a respetar a los demás.

Froggi clavó su cuchillo en la espalda del soldado y este cayó desplomado al suelo.

—Debilucho —dijo Froggi parándose sobre el soldado.

Pero Froggi se vio obligado a inclinarse hacia atrás cuando una esfera de energía se aproximó hacia él. La esfera continuó su trayectoria e impactó contra unas rocas cercanas, las cuales estallaron en miles de pedazos.




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