Héroes

Héroes

Los brillantes héroes estaban sentados en rocas observando su trabajo. Aquel lugar era alto, no tanto como una montaña pero les permitía ver mejor y a detalle su trabajo, sin mencionar disfrutar de aquella naturaleza vivida que mostraba la belleza de la madre tierra, los diez estaban tranquilos mientras respiraban, como si fuera la primera vez que pudieran respirar con normalidad. Como si tuvieran la primera bocanada de aire después de estar oculto en la profundidad del océano.

—¿Qué es salvar el mundo? —cuestionó el símbolo de la justicia, la imagen del hombre perfecto que ayuda a todos sin quejarse.

Fue complicado para ellos entenderlo, la bendición de sus habilidades especiales le había dado una ventaja por sobre todos aquellos mortales, que el odio empezó a florecer en la profundidad de los corazones de la gente. No era difícil verlo, porque nunca lo disimularon, siempre vieron en ellos una oportunidad para medirse, decepcionarse y odiarlos. Era fácil aceptar lo diferente, sobre todo cuando podías demonizarlo.

Aunque intentaron muchas cosas, muchos se ocultaron, muchos se destruyeron, muchos cayeron en la tentación de acabar con su sufrimiento. Pero los accidentes pasan, y cuando son inevitables para los mortales simples, le toca intervenir a los mortales con habilidades.

—Es complicado, dicen que cada persona es un mundo —comentó pensativo el símbolo de la verdad, el hombre de moral inquebrantable.

Su intervención no debía suceder, pero aun así muchos los agradecieron, los felicitaron y entonces fue cuando los deshumanizaron. Como podrían odiar a una herramienta útil para el avance de la humanidad, pero debían mantener cierta imagen, algunos premios, la prensa hablando sobre ellos de forma positiva, la duda ya no se sembraba, y todos empezaron a ser tratados como dioses, pero el temor de dios fue algo con lo que no podían lidiar. El miedo que provocaba era lo que impulsaba a la creatividad. El ser humano debe tener un plan de contingencia, aun contra los que simplemente quieren ayudar.

—¿Las personas son el mundo que debemos salvar? —dice el símbolo de la esperanza, su larga melena rubia se agitaba por el ligero viento que cepilla su lugar.

Pero aun en esa confusa y red de mentiras, empezaron a salir los primeros creyentes reales, y también los más profundamente decepcionados. Era algo curioso, porque mientras más creían en algo bueno, más se centraban en desencantarse para lastimarse. Solo el ser humano podía idealizar a sus héroes como dioses, y criticarlos como la peor escoria energúmena que existía solo por no cumplir con las delirantes fantasías de las masas.

—No. Eso es inhumanamente posible —dice una voz más grave, más sería y pastosa, el símbolo de la perseverancia—. Ellos no quieren ser salvados.

La crítica con veneno logra destruir incluso a los más nobles. Porque todo duele aunque solo sean palabras, se dice que no hay peor enemigo que uno mismo, porque solo tu tienes la capacidad de lastimar en lo más profundo a ti mismo. Aun así, para los grandes héroes, sus peores enemigos venían con refuerzos, y sembraron la duda pero del lado equivocado, y como no, de tanto dudar, quien dijo que los humanos con habilidades especiales no pueden dudar. Y la duda empeoró conforme el tiempo transcurría. ¿Por qué deberíamos sacrificarnos?

—Además, ¿qué es la salvación? —dice una otra voz, más aguda y juguetona, el símbolo de libertad.

Entonces intentaron sellar aquellas dudas forjadas en diamante con simple plastilina. Pero las palabras dulces no llegaban a los oídos inteligentes, pero eso no los detuvo, en desesperación volvieron a rogar por ellos, por su intervención. Por sus servicios. Aun así, no importa si ellos se esforzaron o no, siempre se veían como los enemigos del mundo, porque eran solo simples trabajadores. Y la humanidad es muy viva, muy cómoda cuando consigue eliminar algún problema, busca relajarse solo para superar sus límites. Cualquiera que le de la mano, ellos la mutilan. Por eso no dudaron en implementar su plan de contingencia, al final todo lo que no es comprensible debe ser destruido. Pero los héroes no son...

—Evitar las consecuencias del mal —contestó otra voz, más aguda y masculina, el símbolo del valor.

El mal es solo como lo ves. Los héroes lo sabían, y aún así dejaron que los hicieran, la crisis era algo natural en la naturaleza humana, y ellos como humanos con capacidades especiales no implicaba que fueran diferentes, pero al mismo tiempo sus responsabilidades evitaban que se forjara alguna ruptura en su grupo encadenado por una relación tóxica de salvador y víctima. La implicancia de aquellas heridas también los llenó de miedo, y el miedo los lleva a hacer cosas irracionales, mala idea cuando la certeza no está del lado de los atacantes.

—Pero el mal es abstracto, no tiene sentido —confesó otra voz, en un tono casi de reproche y confusión, el símbolo de la luz se hizo presente.

El miedo volvió puro y despacio, derramándose lento como alquitrán contaminando todo a su paso. Pero la recepción ya no era la misma, cuando te fijas en la diferencia, cuando abandonas todo lo que te limita, actuar no es tan difícil. Es doloroso, porque te han obligado a empatizar contra algo que siempre sacará ventaja de ti, pero aun así estás ahí dudando mientras todo a tu alrededor se desmorona en un conjunto de pedidos desesperados, bramidos aterradores y lágrimas de dolor que no permiten más que ver cómo todo había fracasado.

—El mal sólo tiene significado si le damos significado —la voz somnolienta comentó mientras bostezaba, el símbolo de la oscuridad se hizo presente.

Las consecuencias siempre estuvieron presentes, era la hipérbole más clara de la frase, y aun así no podían evitar sentir un poco de compasión. La limpieza fue rápida, fue sin dolor y sin problemas, en silencio. Ellos también tenían derecho a defenderse, ¿o solo por ser diferentes no podían ser vulnerables? Una vulnerabilidad que los atormentaba, porque aún no había roto todas las cadenas, pero estas empezaron a jalar y jalar, arrastrándolos a una vida entregada que nadie desearía, pero ellos estaban obligados. Pero siempre fue una trampa, que ellos aceptaban por última vez, casi como si fuera una despedida.




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