Heroes reborn

Entrenamiento

Los niños gritaban emocionados alrededor del campo improvisado de entrenamiento.

—¡Sí, vamos, San, San! —coreaban en coro.

Tomas levantó la mano, preparando la señal.
—A la cuenta de tres... dos... uno... ¡comiencen ya!

—¡AAAHH! —rugió Rober.
—¡AAAHH! —respondió San con la misma intensidad.

Sus puños chocaron y, en el instante del impacto, una fuerte ráfaga de viento se expandió a su alrededor, levantando polvo y hojas secas. Los pequeños espectadores abrieron los ojos con asombro.
—¡Guau, es genial! ¡Increíble! —exclamaron, llenos de emoción.

San no perdió tiempo. Con la mano izquierda lanzó un golpe directo al estómago de Rober, obligándolo a retroceder varios pasos.

—Eso dolió... nada mal —gruñó Rober.
—Ja... y esto apenas comienza —replicó San, alzando la guardia.

Los golpes comenzaron a intercambiarse con rapidez, uno tras otro. Cada choque resonaba con fuerza, hasta que, de pronto, Rober le lanzó una mirada cómplice a Tomas, dándole una señal.

Mientras tanto, en un lugar desconocido...

La oscuridad dominaba aquel sitio, tan densa que apenas dejaba pasar un tenue resplandor lejano. Entre las sombras, una figura observaba en silencio. Los pasos de alguien resonaron en la penumbra. Un goblin apareció, inclinándose respetuosamente

—Mi señor... —dijo con voz rasposa.

—¿Qué quieres? —respondió el comandante, su tono gélido y firme—. ¿Traes algún informe?

—Vengo a informar sobre la misión del mercenario...

El comandante entrecerró los ojos.
—Ya debería haber cumplido con ella. Se ha tardado demasiado.

El goblin dudó un momento antes de hablar.
—No, mi señor. Fue al contrario... resultó herido en el combate y huyó.

—¡¿Qué?! —el comandante golpeó la mesa con furia—. Maldición... ¡es un maldito cobarde!

Comandante: Arréstenlo y tráiganlo ante mí... vivo o muerto.

El goblin asintió, pero agregó con cautela:
—Comandante, quizá debería considerar contratar a los seis mercenarios legendarios...

—No será necesario —lo interrumpió, con voz firme—. Iré yo personalmente

El goblin dio un paso atrás, alarmado.
—Eso es demasiado arriesgado. Si el rey demonio descubre lo que intenta hacer... lo matará.

En las sombras más profundas, apenas perceptible, una silueta se mantenía oculta, escuchando cada palabra sin ser descubierta.

El comandante se volvió hacia su subordinado.
—Si el rey llegara a enterarse... para entonces ese niño ya debe estar muerto.

—Entendido... —asintió el goblin.

—Alista algunos soldados. Partiremos mañana.

—Sí, mi señor. Con su permiso, me retiro.

De vuelta en el campo de entrenamiento...

San jadeaba, con el sudor corriendo por su frente.
—Debo hacerme más fuerte...

Rober lo miró con seriedad.
—¿Más fuerte? Ya lo eres.

—No, no lo soy lo suficiente. El mercenario era mucho más fuerte que yo... y el comandante debe ser cien veces más poderoso que él. Si decidiera atacarnos... yo no podría detenerlo.

Rober entrecerró los ojos y le lanzó un golpe, seguido de una patada que mandó a San al suelo.

—¡Ugh! —gimió San.

—No debes cargar con esa responsabilidad —replicó Rober—. Ese no es tu deber.

San se levantó con dificultad.
—Puede que no lo sea... pero me siento en la obligación de derrotar al ejército imperial demoníaco.

Rober chocó su puño contra el de San, deteniendo el ataque.
—Ese es el deber del ejército imperial divino.

San lo miró fijamente.
—Entonces... me uniré al ejército imperial divino.

Rober y Tomas quedaron sorprendidos.
—¡¿Qué?!

San cerró los ojos, concentrándose.
—¡Fuego, ven a mí!

Sus manos se encendieron en llamas, arrancando gritos de emoción entre los niños que observaban.

—¡Genial! —gritaron—. ¡Rober, no podrás ganarle! ¡San es demasiado fuerte!

Rober negó con la cabeza.
—¿Y cómo piensas llegar a la capital? El camino está lleno de peligros. Sin soldados de escolta, jamás lo lograrías.

—Encontraré la forma... me las arreglaré.
San juntó sus manos y liberó una llamarada.
—¡Ráfaga de fuego!

( Junta sus manos y reúne una cantidad de fuego y luego lo dispara en ráfagas )

Rober reaccionó al instante.
—¡Escudo mágico!

Una barrera luminosa se alzó frente a él, bloqueando las llamas. Con rapidez, desenvainó su espada.

(Bien... este es el momento), pensó Tomas, preparándose.

—¡Ondas de viento! —exclamó Rober, lanzando dos tajos de energía. La primera detuvo el ataque de San, la segunda lo lanzó por los aires. (Tecnica de espada: Ondas de viento , es un ataque a distancia muy efectivo)

—¡Aahhh! —gritó San mientras era arrastrado por el viento.

—¡Tomas, ahora! —ordenó Rober.

—¡Lo sé! —respondió Tomas, saltando hacia la batalla.

( Tomas salta a la batalla y usa su habilidad contra san )
—¡Luz cegadora!

Información: Luz cegadora; Puede cegar y aturdir al objetivo en especial a animales o monstruos nocturnos.

Un destello brillante inundó el lugar, cegando a San.

—¡Maldición, no puedo ver nada! —exclamó, llevándose las manos al rostro.

Rober aprovechó y se lanzó contra él, asestándole un fuerte golpe en el estómago que lo derribó.

—¡Pooonnn! —retumbó el suelo cuando San cayó.

—Ugh... eso dolió —murmuró mientras intentaba ponerse de pie.

Tomas sonrió.

( San se pone en pie )

—Nunca dijimos que sería un combate uno contra uno
San: Tienes razón creo que me confié

San asintió con una leve sonrisa.
—Es cierto... me confié demasiado. Este entrenamiento me enseñó que nunca debo bajar la guardia.

Rober lo miró con seriedad.
—Exacto. No importa si el acompañante de tu enemigo parece débil. Nunca debes subestimarlo... ¿verdad, Tomas?

—¡¿Qué?! ¿A quién llamas débil, eh? —protestó Tomas—. ¡Podría vencerte con los ojos cerrados!



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En el texto hay: aventura

Editado: 01.05.2026

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